Kleber Mendonça Filho denuncia la dictadura brasileña en 'El Agente Secreto'
Kleber Mendonça Filho denuncia dictadura en 'El Agente Secreto'

El cine político brasileño vive un momento de esplendor con Kleber Mendonça Filho

Tras el reconocimiento mundial de Walter Salles con Aún estoy aquí en 2025, ahora es el turno de Kleber Mendonça Filho, otro cineasta brasileño con una trayectoria consolidada que propone una visión disruptiva del cine político latinoamericano en relación con el mercado internacional.

Una propuesta cinematográfica que rompe con el canon tradicional

A diferencia del cine de denuncia tradicional de nuestra región, muchas veces anclado en la biografía lineal o el drama judicial estrictamente histórico como en Argentina, 1985, Mendonça Filho apuesta por una mezcla de texturas narrativas. Su cine no busca la verdad en un solo gran relato heroico, sino en una constelación de historias mínimas, ecos del pasado y mitos urbanos que, al cruzarse, logran documentar lo más difícil de capturar.

"Entendí muy joven que lo mejor del cine no es la pureza, sino la impureza. Mezclarlo todo", declaró el director a la revista Rolling Stone. "Un recuerdo puede venir de una película de De Palma o de un comercial de televisión de 1979. Las ideas promiscuas me parecen más interesantes. El cine puede ser muchas cosas a la vez".

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'El Agente Secreto': un misterio detectivesco en el Brasil dictatorial

La película presenta un gran retrato del Brasil de finales de los años 70, pero con tantos subtextos y referencias a la cultura dentro de la dictadura brasileña que invita a profundizar en la historia del país. El Agente Secreto es, ante todo, un misterio detectivesco del que vamos recibiendo cápsulas de información sobre la identidad y misión del protagonista, un rompecabezas que se arma capítulo a capítulo.

Lo único estrictamente apegado a la historia real en la película es lo que parece más absurdo: la anécdota de la "pata peluda". En 1975, mientras la dictadura arreciaba en Brasil, en Recife surgió una leyenda urbana sobre una pierna solitaria que aparecía en las noches para agredir a la gente.

El director, que vivió el mito como un niño de nueve años, rescata la explicación que circulaba en la época: la pierna era una forma segura de denunciar los ataques de la dictadura contra minorías, homosexuales y jóvenes. No se podía escribir sobre la represión estatal, por lo que culpaban a esta leyenda urbana de los golpes que recibía la gente en la oscuridad.

La lógica distorsionada del Brasil dictatorial

La película captura desde el inicio esa lógica distorsionada: en una escena hay un cadáver en la calle, pero la policía ignora el cuerpo y se concentra en investigar a un viajero sospechoso. Bajo la dictadura brasileña, el sistema dejó de investigar crímenes comunes para perseguir "crímenes de pensamiento".

El Acto Institucional Número Cinco (AI-5), instalado por la dictadura militar tras el golpe de Estado de 1964, suspendió la mayoría de los derechos civiles y permitió la institucionalización de la detención arbitraria, la tortura y las ejecuciones extrajudiciales. El Estado no buscaba criminales, sino "subversivos".

Se estima que más de 50.000 personas fueron víctimas de la dictadura sólo en su primer año, según la Comisión de la Verdad.

La vida clandestina en los 'aparelhos'

En medio de la persecución, miles de personas se refugiaron en aparelhos: apartamentos de clase media, casas con jardín descuidado o habitaciones en edificios del centro que fingían una normalidad absoluta para no despertar sospechas.

  • Una regla de oro era nunca dejar las luces encendidas hasta tarde ni abrir las cortinas por completo
  • Vivir en un aparelho exigía una disciplina conventual: no asomarse por las ventanas, no recibir visitas, mantener el volumen bajo
  • Los militantes debían someterse a cambios físicos radicales y usar identidades falsas
  • La red se completaba con los "legales", ciudadanos con empleos reales que servían de cobertura

El legado de la dictadura en el Brasil contemporáneo

Mendonça Filho no solo retrata lo más difícil de la dictadura, sino también su legado. En una escena, una madre empleada doméstica se enfrenta a su empleadora buscando justicia por su hija, historia tomada de un caso real ocurrido en 2020.

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"Fue mientras escribía el guión que me di cuenta de que el conservadurismo brasileño del siglo XXI era una versión optimista y nostálgica de la dictadura cívico-militar del siglo XX", escribió el director. "La dictadura no sólo retrasó el desarrollo de la sociedad brasileña al menos 30 años, sino que también dejó a millones de brasileños confundidos sobre lo que significa vivir en un país moral y democrático".

El Agente Secreto nos recuerda que la dictadura no fue un paréntesis, sino un molde que deformó la moral democrática del país. Brasil sigue intentando reconocer su propio rostro en el espejo, un país que durante décadas intentó aplicar una política de "pasar página" sin haberla leído primero.