De la obesidad infantil al escenario internacional: la inspiradora historia de un bailarín colombiano
Actualmente, Lukas Rueda forma parte del prestigioso Tulsa Ballet en Estados Unidos, pero su camino hacia la danza profesional comenzó de manera inesperada. "Comencé a bailar porque sufría de obesidad", revela el joven artista. Sus padres intentaron inscribirlo en múltiples actividades como karate, patinaje y escalada, pero nada capturó su interés hasta que un grupo de danza folclórica visitó su colegio.
Los primeros pasos en la danza
"Le dije a mi mamá que me había encantado y que si podía hablar con la profesora para inscribirme", recuerda Rueda. Tras comenzar clases de danza folclórica, su madre le sugirió probar ballet, argumentando que es la base técnica fundamental para cualquier estilo de danza, desde jazz y contemporáneo hasta hip hop. Así inició su formación en la Casa de la Cultura de Chía, donde descubrió su verdadera vocación.
Superando barreras sociales y físicas
Uno de los principales retos que enfrentó fue la percepción social del ballet masculino en Latinoamérica. "Existe la idea errónea de que es una actividad femenina, cuando en realidad un bailarín masculino tiene una fuerza increíble", explica. Aunque recibió comentarios despectivos en el colegio, mantuvo su enfoque en la meta que se había trazado.
Paralelamente, debió enfrentar el desafío físico de la obesidad en una disciplina que privilegia cuerpos delgados pero fuertes. "Tuve que hacer mucho ejercicio y trabajar el triple para poder bajar de peso mientras continuaba con mis estudios de ballet", confiesa sobre esos difíciles inicios.
La exigencia extrema del ballet profesional
Rueda describe la profesión como una de las actividades más demandantes que existen. Los bailarines entrenan entre seis y ocho horas diarias, seis días a la semana, con frecuentes funciones incluso los domingos. "Cuando entras al escenario tienes una sola oportunidad para hacer las cosas bien", destaca sobre la presión de las presentaciones en vivo.
Además del rigor físico, el bailarín enfatiza la importancia de la fortaleza mental: "Estar rodeado de tantos bailarines talentosos exige una mente fuerte. Una mente débil podría pensar que no está hecha para esto".
Triunfo en el Prix de Lausanne pese a lesiones
Recientemente, Rueda representó a Colombia en el Prix de Lausanne, considerado las "olimpiadas del ballet". De aproximadamente 500 aspirantes, solo 81 fueron seleccionados, haciendo de su participación un logro significativo. La preparación fue particularmente desafiante debido a una condición médica: nació con meniscos discoides, que lo predisponen a lesiones de rodilla.
"Terminé rompiéndome el menisco", revela sobre una lesión que casi le impide competir. "Hice muchísima terapia antes de venir, fortalecí mucho la rodilla y pude competir de la mejor manera posible". Tras el evento, planea someterse a una cirugía en Colombia para luego retomar su carrera con nuevas oportunidades.
La pasión como motor artístico
Para Rueda, la pasión supera a la técnica en importancia artística. "Creo firmemente que el público elige a un bailarín que pueda mostrar su artisticidad y su amor por la danza, más allá de quien solo ejecuta mejor los pasos", reflexiona. "El público quiere ver a un artista integral en el escenario, alguien que exprese emociones".
La danza representa todo en su vida: "No me imagino una vida sin el ballet y no sé qué estaría haciendo en este momento si no fuera por la danza". Incluso anticipa que, si algún día dejara de bailar profesionalmente, "la danza nunca se va del cuerpo. Siempre permanece en la sangre".
Consejos para las nuevas generaciones
Para los jóvenes que aspiran a seguir sus pasos, Rueda ofrece un consejo realista: "Que primero sepan muy bien a qué se están comprometiendo, porque van a tener que dejar de hacer muchas cosas y son muchos sacrificios". Sin embargo, asegura que el esfuerzo vale la pena: "Al final es algo de lo que no te vas a arrepentir".
Mirando hacia el futuro
Sus aspiraciones incluyen unirse a una compañía de renombre mundial, presentarse en los mejores escenarios internacionales y viajar extensamente. "Siento que esto es solo el inicio", afirma con determinación. Pero más allá del éxito profesional, busca conectar emocionalmente con el público: "Uno de mis mayores sueños es llegar al corazón de muchas personas".
Rueda valora profundamente el apoyo recibido de Colombia y trabaja diariamente "para que el público pueda disfrutar de mi arte". Su historia demuestra que, con pasión, disciplina y resiliencia, es posible superar incluso los obstáculos más formidables para alcanzar los escenarios más prestigiosos del ballet mundial.