El legado árabe en Girón: ¿Deben los gironeses pedir disculpas por su herencia andaluza?
Legado árabe en Girón: ¿Disculpas por herencia andaluza?

El legado árabe en Girón: ¿Deben los gironeses pedir disculpas por su herencia andaluza?

Mientras los últimos dos presidentes de México insisten en el despropósito de exigir al rey Felipe VI que pida disculpas por la conquista de las Indias, un gesto tan absurdo como si el monarca español se disculpara con Italia por la conquista romana de Hispania, es oportuno recordar a los habitantes de Girón lo que ganaron con la llegada de los comerciantes andaluces a su ciudad.

Los pioneros andaluces en Girón

Entre los más destacados comerciantes que arribaron a Girón se encuentran figuras como José de Torres, Manuel Mutis Bosio, Pedro Navarro Moreno e Ignacio de la Barrera. Aunque nunca lo expresaron abiertamente, estos hombres traían consigo las palabras árabes que los campesinos y artesanos musulmanes del siglo décimo habían introducido en el habla de Al-Andalus. Fue a partir de entonces que los gironeses, sin siquiera percatarse, comenzaron a incorporar arabismos en sus conversaciones diarias.

Arabismos en la vida cotidiana gironesa

En el ámbito agrícola, al pesar sus cosechas de cacao y maíz, los gironeses adoptaron términos como almudes, fanegas, celemines, arrobas y quintales. En la gestión del agua para riego de zanahorias o para consumo doméstico, surgieron palabras como aljibes, acequias, albercas y jamilas.

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En los hogares, aparecieron objetos y sustancias con nombres árabes: jofainas, jarras, tazas, badanas, alcanfor, azufre, alquitrán, alcohol, elíxires, redomas y alambiques. Los albañiles, por su parte, nombraban elementos arquitectónicos como azoteas, aldabas, alfeizar, tabique y zaguanes.

Influencia en diversos ámbitos

En las habitaciones, se popularizaron términos como ajuares, alfombras, chaquetas, alhajas y alfileres. En la plaza de mercado, se mencionaban almacenes, tarifas, aduanas, aranceles de precios, almonedas de bienes y albaceas de difuntos. Incluso, el trabajo diario se denominó con la palabra árabe tarea, y a los vagos se les empezó a llamar haraganes o gandules.

Al recorrer las calles, se hablaba de barrios, alcantarillas o del arrabal, y al dirigir la mirada hacia la alcaldía, se nombraba a los alguaciles o a los alcaldes. En las cocinas, se preparaban conservas, arropes y jarabes, mermeladas de frutas con azúcares, o simplemente arroz con aceite.

En las alcobas, se usaban aguas de alhucema y almohadas de plumas, mientras que en las alquerías colgaban jáquimas, albardas, alforjas, el capacho o el azafate, ese cestillo donde se presentaban cosas a elegir, que las aerolíneas modernas transformaron en azafata.

Reflexión final

Ante esta rica herencia lingüística y cultural, surge una pregunta inevitable: ¿van los gironeses a pedir una disculpa por este legado andaluz que ha enriquecido su identidad y vida cotidiana? La historia muestra que, lejos de ser una carga, esta influencia ha sido un pilar fundamental en el desarrollo de la comunidad.

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