Trump desprecia el español en cumbre latinoamericana: 'No aprenderé su maldita lengua'
Trump rechaza aprender español en cumbre con líderes latinoamericanos (23.03.2026)

Trump desprecia el español en cumbre latinoamericana: 'No aprenderé su maldita lengua'

En las lenguas reside el espíritu de los pueblos. A través de ellas, las comunidades dignifican su existencia en el mundo, expresando sus penas, derrotas, alegrías, esperanzas y misterios más profundos. Aprender una lengua es un acto de humanización, comenzando por la materna y extendiéndose a cualquier otra. Hablar un idioma implica construir, representar e inventar todo un universo particular, con miles de conexiones entre las distintas formas de nombrar e idear la realidad.

Un insulto diplomático sin precedentes

Durante una reciente cumbre de presidentes latinoamericanos convocada en Florida para abordar el narcoterrorismo, el expresidente estadounidense Donald Trump pronunció palabras que han generado indignación internacional. De manera artera y caprichosa, les espetó a todos sus invitados: "no aprenderé su maldita lengua", refiriéndose al español. Lo más preocupante fue que, según testigos, ninguno de los mandatarios presentes se levantó para protestar o manifestar su desacuerdo, especialmente aquellos cuya lengua nativa es el español, que constituían la mayoría.

Nadie está obligado a aprender otra lengua si no quiere o no puede. Sin embargo, despreciar públicamente un idioma equivale a despreciar a sus hablantes. Trump justificó su postura argumentando que para eso estaba Marco Rubio, el secretario de Estado que habla español como primera lengua, pero que él personalmente no lo haría. Esta declaración no fue presentada como un chiste de mal gusto que pudiera matizar la afirmación, sino como una posición muy seria.

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El contexto demográfico que Trump ignora

Es crucial recordar que más de 68 millones de hispanos viven actualmente en Estados Unidos, lo que representa aproximadamente el 20% de la población total. La comunidad latina es la minoría más grande y de más rápido crecimiento en el país norteamericano, donde uno de cada cinco ciudadanos se identifica como hispano y habla español como lengua materna. Esta realidad demográfica lleva a colegir que el expresidente Trump gobierna principalmente para la mayoría blanca angloparlante.

Para Trump parece existir únicamente el inglés, su propia persona y su visión particular de Estados Unidos. Este desprecio explícito por cualquier lengua distinta a la suya (incluido el alemán de sus antepasados) podría explicar en parte por qué concibe la guerra como un videojuego donde mueren muñequitos en lugar de seres humanos de carne y hueso.

La riqueza lingüística versus la cerrazón

Mientras muchas personas, incluso aquellas sin talento particular para los idiomas, disfrutan escuchando otras lenguas e intentan aprenderlas para ampliar sus horizontes culturales e intelectuales, Trump mantiene una postura de cerrazón absoluta. Sería conveniente recordarle que, después de la Biblia, el libro antiguo más traducido a las lenguas del mundo fue escrito precisamente en ese español que se niega a aprender, publicado hace más de 400 años cuando la palabra "Trump" era apenas un solitario tambor o una pequeña trompeta.

Las lenguas se nutren mutuamente, al igual que los seres humanos nos nutrimos de otros seres humanos. Cuando aprendemos idiomas distintos al nuestro, ensanchamos nuestro horizonte para nombrar y existir en el mundo. Despreciar una lengua es despreciar a su pueblo, y declarar con altivez y alevosía que no se aprenderá "esa maldita lengua" resulta inaceptable, especialmente cuando proviene de una figura con responsabilidades diplomáticas internacionales.

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