Bryce Echenique: el escritor que desafió al boom literario y defendió su dignidad
Bryce Echenique: el escritor que desafió al boom literario

La resistencia literaria de Alfredo Bryce Echenique

Cuando las acusaciones de plagio periodístico cayeron sobre él hace dos décadas, y las hordas de denunciantes destrozaron su nombre, su obra y su dignidad, Alfredo Bryce Echenique recurrió a las palabras de Jorge Luis Borges: "Mi relato será fiel a la realidad o, en todo caso, a mi recuerdo personal de la realidad, lo cual es lo mismo". Fue multado y condenado, enviado a las sombras del ostracismo mientras sus novelas eran ensuciadas por el escándalo, pero el escritor peruano jamás presentó excusas.

Un personaje de sus propias historias

Bryce Echenique se convirtió en un personaje de sus propias narraciones: iluso y melancólico, sentimental y racional a partes iguales, aferrado a las luces tenues de amores que nunca llegaron a materializarse completamente y de odios que tampoco lograron consolidarse. Nacido en la Lima aristocrática de los años 30, allí aprendió a defender sus principios y su dignidad con firmeza inquebrantable.

En la década de 1960 tomó la decisión definitiva de convertirse en escritor. Viajó a París para estudiar literatura en la prestigiosa Sorbona, donde forjó una amistad fundamental con Julio Ramón Ribeyro. Juntos llegaron a la convicción compartida de que para escribir no se necesitaba tanta pompa, tanto jabón, tanto ejemplo ni tanta solemnidad. En aquellos años parisinos, observó desde diferentes distancias a figuras literarias como Julio Cortázar, Jean-Paul Sartre, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.

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El encuentro transformador con Cortázar

El momento crucial llegó cuando persiguió a Cortázar hasta un teatro donde Vargas Llosa y Sartre iban a debatir sobre la guerra de Vietnam. "Cuando dijo que él no había tenido la bondad ni la generosidad de irse con las guerrillas de su país, Cortázar empezó a aplaudir muy sonrientemente pero con una sola mano Zen o algo así que, lo juro, lo vi clarísimo", relató Bryce en sus memorias.

Desde aquella noche, y durante muchas noches posteriores, el escritor peruano no hizo más que leer y releer textos, cuentos y novelas de Cortázar. "Fue la gran influencia de mi vida literaria", confesó. "Me reveló lo que yo llevaba dentro, me enseñó a liberarme, a usar la intuición y a ver el lado cómicamente grave de la realidad. Me hizo ver que ese exceso de gravedad de los maestros del boom, bajo cuyo resplandor vivía yo, podía ser también una carencia, para mí".

La crítica al boom latinoamericano

En su obra "Permiso para sentir", Bryce Echenique dedicó varias páginas a algunos autores del boom literario, aquellos por quienes de alguna manera se dedicó a escribir, a quienes elevó al firmamento durante años y posteriormente criticó e incluso llegó a cuestionar severamente.

"El estallido del llamado boom iba a despertar los más enceguecidos apetitos de gloria, de fama, de dinero, de estatus social. En fin, de todo tipo de arribismos", escribió con mirada crítica. Como cantaba Luis Eduardo Aute, Bryce se declaraba "enemigo de la guerra y su reverso, la medalla", hasta el punto de recordar frecuentemente que en el colegio jugaba al fútbol un tiempo para un equipo, y otro tiempo para el rival, porque sentía a los contrincantes tan cercanos, tan amigos y cómplices, que era "de lo más natural y humano querer echarles una manito".

La formación periodística y su legado

De su paso por importantes medios como "La Prensa", "El Tiempo", El Espectador -donde fue editor de Cultura y de El Magazín- y las revistas "Cromos" y "Calle 22", aprendió a observar con agudeza y comprender profundamente lo que significan las letras para una sociedad. Esta experiencia periodística le permitió inventar una forma distinta y personal de difundir la literatura, creando un puente único entre el mundo literario y el periodístico que marcó su estilo narrativo característico.

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