El bordado como lenguaje de la memoria en la literatura colombiana
La capacidad de recordar establece una relación lógica entre pasado, presente y futuro. Cuando esta conexión se fractura, emerge una nueva percepción del tiempo y del entorno. Los hechos, fechas y personas comienzan a flotar en un orden diferente, alterando las versiones del antes y del ahora. Desde la fisiología, esto se explica como deterioro cognitivo, pero también existe la necesidad consciente de olvidar, lo que Juliana Muñoz Toro, autora de Los hilos perdidos, denomina "desmemoriar como propósito": "Elegir que no cuento, creando versiones de mis historias".
Los tres pilares narrativos de una obra multidimensional
En entrevista con EL TIEMPO, Muñoz Toro revela que su novela se construye sobre tres bases fundamentales. Primero, el bordado como metáfora vital, una forma de comprender las historias personales y comunicarse. "Tenía muchas ideas alrededor del bordado y llegué a pensar que el libro podría ser un ensayo sobre el tema", confiesa la escritora, quien evitó repetir la fórmula de su obra anterior, Retrato en el jardín.
El segundo eje es lo femenino, especialmente los lazos familiares desde una perspectiva personal. "Fue mi mamá quien me enseñó a coser y bordar. Ese espacio de aprendizaje generó conversaciones sobre su historia, el pasado, mi abuela, el linaje y lugares que yo no habité", explica Muñoz Toro. Sin embargo, sentía que la obra no podía quedarse en una relación idílica: necesitaba un elemento que dialogara con todo lo anterior, y encontró en la memoria y la pérdida de memoria ese componente esencial.
Los sueños como hilos narrativos y la ausencia como presencia
Los sueños en la novela tienen una particularidad: son sueños reales de la autora. "Coincidían en que tenían que ver con lo textil, con la creación a partir de hilos", comenta Muñoz Toro. Algunos de estos sueños le servían para desarrollar la historia, permitiéndole "jalar un hilo de lo onírico" y profundizar aspectos narrativos de manera poética o simbólica.
La desaparición de un ser querido en la trama se convierte en otro trabajo de memoria. La autora aborda esta ausencia sin caer en el olvido ni en la idealización: "Hay un duelo, una tristeza por quien no está, pero también la rabia del abandono de quien recibe la carga de una hermana ausente". Aquí emerge el bordado como herramienta para visualizar y materializar procesos internos, permitiendo a la protagonista perdonar mediante un ritual que transforma el dolor en algo bello.
Memoria, cuidado y transmisión femenina de historias
Muñoz Toro reflexiona sobre cómo la memoria, como característica fisiológica, nos conecta con la funcionalidad social. En el caso de la madre en la novela, "más allá de no estar lúcida, empieza a comportarse como una niña pequeña, lo que genera un trato infantil hacia ella". Esto plantea preguntas cruciales sobre cómo cuidar sin adoptar roles autoritarios, respetando la dignidad de quien tiene experiencia y edad.
La obra es profundamente femenina en su enfoque del cuidado y la herencia de memorias. "Son las mujeres las que suelen ser guardianas de la memoria y las historias familiares", afirma la escritora. Estas se transmiten mediante lenguajes no escritos: la cocina, el bordado, el tejido. La transmisión oral permite que las historias se enriquezcan, convirtiéndose en "memoria inventada" donde cada narrador agrega elementos propios.
Muñoz Toro cita a Irene Vallejo en El infinito en un junco, quien imagina a mujeres en labores de hilo contándose historias en el pasado. "Por eso, cuando hablamos, usamos tantas metáforas textiles: 'el nudo de la historia', 'la trama', 'tejer una historia', 'seguir el hilo', 'perder el hilo'", explica la autora colombiana.
Los hilos como símbolos de conexión y transformación
En Los hilos perdidos, los hilos simbolizan lazos de unión con otros, puntos en común e historias compartidas que permiten construir vida en comunidad. "Son fragmentos de vida y tiempo", señala Muñoz Toro, refiriéndose a la portada del libro donde hilos que se desprenden unen a tres aves que representan a las mujeres de la historia.
"En la vida, el tiempo se nos esfuma y empezamos a perder esos lazos", continúa la escritora. "A veces nos aferramos a hilos que se rompen, pero por fortuna se pueden hilar más. La palabra 'hilo' es fuerte porque el hilo se rompe, se corta, pero también vuelve y se hila, se cose, se remienda. Es de ida y vuelta, muere y nace".
La simbiosis entre escritura y bordado
¿Es posible separar su escritura del bordado? "Tiene que ser posible porque no puedo ser tan repetitiva", responde Muñoz Toro, aunque reconoce que el textil probablemente seguirá presente en su obra. "El hilo es una técnica ilustrativa que me interesa explorar, como en la portada o en posibles libros infantiles que podría ilustrar con hilo".
La autora describe su proceso creativo como circular: "Cuando escribo, primero pienso en una imagen, como una película. Luego, lo plasmado en texto puede transformarse en algo distinto a través del bordado, dándome información diferente a la fuente original del libro". Esta práctica se ha vuelto casi adictiva para ella, pues cada creación sorprende con lo que quiere mostrar.
El bordado como encuentro transformador
Más allá de ser una forma de narrar, el bordado ha traído múltiples regalos a la vida de Juliana Muñoz Toro. Primero, una forma diferente de relacionarse con su madre, creando un lenguaje compartido a través de las agujas y los hilos. Segundo, como madre ella misma, encuentra en la creación de bordados y muñequitos a mano una manera de mostrar cariño a su hijo, quien valora estos objetos hechos a su medida con colores y animales favoritos.
"También trajo el hecho de poder combinar mi trabajo como escritora y descubrir nuevas maneras de contar", añade la autora. "Me trajo una forma de estar en el tiempo porque ya no hay muchos momentos de aburrimiento. Ese hacer con las manos me hace sentir que cada segundo tiene un propósito espiritual, del alma. No estoy haciendo dinero, estoy haciendo muñecos, y eso me hace profundamente feliz".
En Los hilos perdidos, Juliana Muñoz Toro teje con maestría literaria las complejidades de la memoria, el cuidado y la transmisión intergeneracional, demostrando que los hilos, tanto reales como metafóricos, continúan uniendo historias, personas y tiempos en un tejido narrativo que celebra la resiliencia humana.
