Adiós a un gigante de las letras neerlandesas con profunda conexión colombiana
El mundo literario internacional está de luto tras el fallecimiento del escritor neerlandés Cees Nooteboom, quien murió el pasado 11 de febrero en Menorca, España, a la edad de 92 años. Nacido en La Haya en 1933, Nooteboom fue durante décadas un permanente candidato al Premio Nobel de Literatura, reconocimiento que aunque nunca obtuvo, no empañó su inmenso prestigio internacional.
Un vínculo especial con Colombia
Nooteboom mantuvo una relación particularmente cercana con Colombia, país que visitó en numerosas ocasiones. Su presencia fue destacada en el Hay Festival de Cartagena en las ediciones de 2014 y 2015, donde compartió su visión literaria con el público colombiano. Además, impartió conferencias en la Casa de Poesía Silva y tuvo un papel protagónico en la Feria Internacional del Libro de Bogotá de 2016, año en que Holanda (oficialmente Reino de los Países Bajos) fue el país invitado de honor.
Último testigo literario de la Segunda Guerra Mundial
Nooteboom perteneció a la generación de escritores europeos que experimentaron directamente los horrores de la Segunda Guerra Mundial, hecho que marcó profundamente su cosmovisión y su obra literaria. Una tragedia personal marcó su vida cuando su padre murió el 3 de marzo de 1945 durante un bombardeo inglés equivocado en el barrio Bezuidenhout de La Haya.
Tras esta pérdida, su madre católica se trasladó primero a Tilburg y luego a Eindhoven, donde el joven Cees recibió una educación clásica completa en un liceo de padres agustinianos. El propio autor reconoció en múltiples ocasiones la importancia de esta formación: "Sin griego ni latín no podría imaginarme mi vida, hubiese sido otra persona".
Entre los grandes de la literatura neerlandesa
Aunque en los Países Bajos su prestigio no alcanzaba el nivel de los llamados "tres grandes del siglo XX" -Gerard van het Reve, Harry Mulisch y W. F. Hermans-, Nooteboom destacó por su proyección internacional. Mientras que Reve era conocido principalmente por su novela Las tardes (1947) y su postura controversial, y Mulisch por obras como El asalto (1982) y El descubrimiento del cielo (1992), Nooteboom encontró su nicho como el escritor neerlandés contemporáneo más leído en el mundo hispanohablante.
Un hispanista apasionado
Desde joven, Nooteboom desarrolló una profunda conexión con la cultura española e hispanoamericana. Su dominio del castellano era total y fluido, y llegó a declarar que España era su segunda patria. Comenzó a viajar a Menorca desde la década de 1960, estableciendo allí uno de sus lugares de residencia favoritos.
Su éxito se extendió también a Alemania, donde alcanzó reconocimiento tras recibir el respaldo de Marcel Reich-Ranicki en 1993, considerado el juez supremo de la literatura germana de posguerra.
Reconocimientos y legado literario
A lo largo de su carrera, Nooteboom acumuló numerosos premios y distinciones, entre los que destacan:
- Premio Constantijn Huygens (1992)
- Premio Austriaco de Literatura Europea (2003)
- Premio P. C. Hooft (2004)
- Premio de las Letras Neerlandesas (2009)
Su extensa bibliografía incluye obras fundamentales como:
- Felipe y los otros (1955)
- Los muertos buscan casa (1956)
- Rituales (1980)
- La historia siguiente (1991)
- El desvío a Santiago (1992)
En El día de todas las almas (1998), una de sus obras más reflexivas, Nooteboom dejó una profunda meditación sobre la condición humana: "Vosotros sois mortales, pero el hecho de que ese único cerebro mínimo pueda reflexionar sobre la eternidad o sobre el pasado, y que, precisamente por eso, con el espacio limitado y el tiempo limitado que se os ha dado podáis conquistar una inmensidad de espacio y tiempo, resulta un enigma".
Con su partida, el mundo literario pierde a una voz única que supo tender puentes entre culturas y que dejó una huella imborrable tanto en Europa como en América Latina, especialmente en Colombia donde fue recibido con calidez y admiración en múltiples ocasiones.