Una reflexión profunda sobre la liberación del pasado
La mayoría de las personas vivimos anclados en el pasado, resistiéndonos con fuerza a la posibilidad de habitar un futuro completamente nuevo. Esta es una de las grandes paradojas de la existencia humana que explora Herlency Gutiérrez en su más reciente columna de opinión.
Las sombras que se desvanecen y los puentes no cruzados
Existen sombras que gradualmente desaparecen, aguas que no permanecen estancadas, fotografías que nunca llegan a revelarse, miradas que jamás se encuentran, puentes que nadie se atreve a caminar, estrellas que carecen de nombre, uvas que fermentan en silencio y rocas que se erosionan con el paso del tiempo. ¿Y tú? Permaneces constante, inmutable.
Es necesario hacer una pausa profunda. Hay espacio disponible en la banca del conformismo, pero yo he decidido caminar. Alejarme físicamente de ti no significa separarme emocionalmente; es simplemente una cuestión de distancia temporal y espacial.
Los rituales de la despedida
Acomódate bien, pondré cuidadosamente este abrigo sobre tus piernas para que sientas el calor protector. ¿Debo apagar la luz? Conozco exactamente lo que vas a pronunciar. Reconozco ese gesto particular y comprendo profundamente lo que te perturba del silencio absoluto.
Allá donde me dirijo existe danza vibrante, también hay un acordeón que suena melancólico. Tú no estarás presente físicamente. Ha llegado el momento crucial de partir y la prisa me sonríe irónicamente al contemplarme sin tu compañía. ¿Qué maravillas quedan aún por descubrir en este vasto mundo? Otros seres humanos ya han estado allí antes que yo.
La costumbre y la comprensión
Me había acostumbrado profundamente a tu presencia: de la misma manera que la luna se habitúa a su cita nocturna inevitable, como el colibrí se adapta al jardín florido, similar a cómo el abrazo se ajusta naturalmente a los cuerpos, comparable al brindis que complementa el festejo... exactamente como el té que acompaña la compañía reconfortante.
Finalmente lo he comprendido en toda su dimensión. El viaje personal inicia y el equipaje emocional resulta sorprendentemente liviano, la respiración se mantiene en calma serena, el corazón no se agita con ansiedad, la melancolía se espanta como ave asustadiza... No estás aquí presente y genuinamente quiero que las circunstancias sean exactamente así.
Las despedidas como fenómenos naturales
Existen despedidas que inevitablemente ocurren, de la misma forma natural en que los romances apasionados nacen, como los arroyos cristalinos que corren sin cesar, similar a los caminos tortuosos que finalmente llegan a algún destino, comparable a la hierba verde que crece vigorosa bajo la lluvia fertilizante, como los silencios elocuentes en los días grises y nublados, semejante a las noticias interminables que nunca concluyen, igual que las risas contagiosas en los parques infantiles.
Agradezco profundamente todo lo que hemos compartido juntos. Suelta ahora mi mano con delicadeza, nos hemos acompañado mutuamente durante demasiado tiempo. Permanece ahí donde estás, estarás completamente bien.
Decir adiós a lo que nos daña
Decirle adiós definitivo al pasado pesado, a todo aquello que no nos hace ningún bien, a los pensamientos obsesivos que nunca se callan: esos pensamientos intrusivos y no compasivos; que señalan con dedo acusador, se hospedan sin aviso previo, secuestran nuestra atención y persiguen nuestra paz mental; devoradores de energía, arrasadores de esperanzas.
La enseñanza de Joe Dispenza
En esta reflexión profunda he quedado hilando ideas tras leer la obra transformadora ‘Deja de ser tú’, del reconocido autor Joe Dispenza: “La mayoría abrumadora de las personas vivimos permanentemente en el pasado y nos resistimos con todas nuestras fuerzas a vivir en un futuro nuevo y diferente. ¿Por qué ocurre esto? Porque el cuerpo humano está tan profundamente acostumbrado a memorizar los registros químicos exactos de las experiencias pasadas que se acaba apegando emocionalmente a esas emociones familiares. En un sentido muy real y concreto, nos volvemos completamente adictos a los sentimientos de siempre, a las emociones conocidas.
Los sentimientos y las emociones no son intrínsecamente malos en sí mismos. Son simplemente el producto natural de las experiencias vividas. Pero si estamos constantemente reviviendo los mismos sentimientos de siempre, si nos aferramos a las mismas emociones recurrentes, nunca lograremos vivir ninguna experiencia genuinamente nueva, nunca nos abriremos a realidades diferentes”.
Hay espacio disponible y cómodo en la banca del conformismo, pero yo he tomado la decisión consciente de caminar hacia adelante.



