Totó la Momposina, la legendaria cantadora colombiana, falleció el domingo 17 de mayo en Celaya, México, a los 85 años, dejando un legado musical que trasciende generaciones. Su nombre real era Sonia Bazanta Vides, pero el mundo la conoció como la guardiana del Caribe colombiano, una artista que convirtió el tambor en identidad y llevó los ritmos tradicionales a escenarios internacionales.
Una vida dedicada a la música
Totó la Momposina grabó seis álbumes a lo largo de su carrera, cada uno una muestra de la riqueza musical de Colombia. Su repertorio incluía cumbias, porros, bullerengues y mapalés, géneros que interpretaba con una voz potente y llena de sentimiento. Su música era 'candela viva', como solía decir, y reflejaba la memoria viva de los pobladores del Caribe colombiano.
El momento cumbre: el Nobel de Gabriel García Márquez
Uno de los momentos más emblemáticos de su carrera ocurrió en 1982, cuando Gabriel García Márquez recibió el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo. Durante la cena de gala, Totó apareció con una pollera blanca y boleros rojos, bajando las escaleras del Palacio de Conciertos mientras interpretaba 'Soledad', una cumbia que evoca a Aracataca. Este momento, que rompió con la tradición de música de cámara, dejó asombrados a los académicos y literatos presentes, y se convirtió en un símbolo de la cultura colombiana.
En una entrevista de 2016, Totó recordó que antes de la invitación había soñado con el Nobel: 'Los sueños son premoniciones. En mi sueño yo levitaba en un palacio y me veía cantando y bailando con el vestido blanco de boleros rojos'. Para ella, estar allí era un destino cumplido.
Legado y homenajes
Totó la Momposina falleció a causa de un infarto al miocardio, acompañada por su hija Angélica y sus nietos. Sus restos serán trasladados a Bogotá, donde se le rendirá homenaje con los Tambores de Totó, la agrupación que la acompañó en sus grandes éxitos como 'El pescador', 'Rosa' y 'Yo me llamo cumbia'. Según Jorge Aguilar, músico que trabajó con ella, se espera que sus cenizas sean esparcidas en Mompox, lugar que la artista amaba profundamente.
Totó la Momposina no solo fue una cantante excepcional, sino una embajadora de la cultura colombiana. Su legado perdura en cada tambor que suena y en cada voz que entona sus canciones. Colombia despide a una leyenda, pero su música sigue viva.



