Lector cuestiona ética periodística en columna de El Espectador sobre Trump y Netanyahu
En una carta dirigida al diario El Espectador, el lector Rafael A. Parra manifestó su profunda preocupación y rechazo formal frente al contenido y tono de la columna de opinión titulada “El idiota y el genocida: Trump, Netanyahu y la guerra que Washington terminó librando”. Aunque se declara defensor de la libertad de prensa y del derecho a la opinión crítica, Parra considera que este texto cruza fronteras éticas que ponen en riesgo la función social del periodismo.
Cuatro razones principales de la crítica
El lector expuso cuatro argumentos fundamentales para sustentar su posición:
- Uso de lenguaje deshumanizante: El autor utiliza sistemáticamente epítetos como “idiota”, “psicópata genocida”, “ogro torpe” y “criminal sanguinario”. Según Parra, este tipo de adjetivación no contribuye al debate de ideas, sino que deshumaniza a las figuras públicas mencionadas. El periodismo de opinión debería elevar el juicio crítico, no reducirse al insulto personal que degrada la dignidad humana, principio que debería ser transversal a cualquier publicación de El Espectador.
- Riesgo de incitación a la hostilidad: Al calificar a mandatarios extranjeros como “monstruos” o “criminales” en un contexto de alta sensibilidad geopolítica, el artículo deja de ser un análisis para convertirse en un relato que puede ser interpretado como una justificación para la violencia. Parra advierte que en un mundo hiperconectado, presentar a líderes como “amenazas apocalípticas” puede alimentar discursos de odio en audiencias radicalizadas, movilizando sentimientos que trascienden la crítica política hacia la hostilidad física o el fanatismo.
- Falta de rigor en el juicio de valor: Aunque la columna se ampara en la subjetividad del autor, tildar de “genocidio” o “terrorismo” acciones que aún están bajo escrutinio de organismos internacionales, sin el debido matiz jurídico, desinforma al lector bajo el manto de la opinión. Esto erosiona la credibilidad del periódico como un espacio de información veraz y equilibrada.
- Responsabilidad social en el contexto colombiano: Colombia es un país que ha sufrido décadas de violencia alimentada por la polarización y el lenguaje incendiario. Permitir que desde las páginas de un diario de referencia se valide el insulto y la estigmatización extrema como forma de análisis político contradice la necesidad de construir una cultura de paz y respeto por la diferencia.
Referencia histórica y petición formal
Parra recordó el caso de Guillermo Cano, director de El Espectador asesinado en 1986, cuya sede sufrió un atentado con bomba porque sus escritos tenían el poder de movilizar al país contra el crimen. “Ustedes vivieron en carne propia cómo el lenguaje puede marcar a una persona como ‘objetivo’”, señaló, añadiendo que ver que hoy permiten insultos como ‘psicópata’ o ‘idiota’ para referirse a líderes mundiales es alarmante.
El lector solicitó respetuosamente que su queja sea evaluada por la Defensoría del lector y que se analice si el artículo cumple con el Manual de Estilo y el Código de Ética de El Espectador. Asimismo, agradecería una respuesta pública o una nota aclaratoria sobre los límites del lenguaje en las columnas de opinión del diario.
Respuesta del medio
El Espectador publicó la carta en su integridad para animar el debate y la reflexión entre sus colaboradores. Sin embargo, en respuesta a la pregunta puntual, el medio indicó que el texto no incumple con los límites mínimos que se exigen a las contribuciones de opinión, que para ser absolutamente libres requieren el menor límite posible.
La respuesta editorial señaló que “el insulto hace parte de la libertad de expresión, y los colaboradores de opinión son libres de usarlos”, aclarando que otra cosa sería la incitación directa al uso de la violencia o discursos de odio específicos. Esto no significa que promuevan o sean de su gusto ese tipo de lenguajes, pero forma parte de la libertad que históricamente han tenido los colaboradores de opinión en el periódico.
El medio invitó a los lectores a enviar sus cartas a lector@elespectador.com, manteniendo abierto el espacio para el diálogo y la reflexión sobre los límites del lenguaje periodístico en el contexto de la libertad de expresión.



