El Teatro Myriam: La historia del cine extramuros que convocaba a todo un barrio en Cartagena
Teatro Myriam: El cine de barrio que marcó a Cartagena

El Teatro Myriam: Un ícono cinematográfico en el corazón del barrio El Bosque

El Teatro Myriam se erigía como un punto de encuentro fundamental en el barrio El Bosque de Cartagena, formando parte del histórico Circuito VELDA (Vélez Daníes) que operó activamente entre los años 1938 y 1976. Este circuito cinematográfico marcó toda una época en la vida cultural de la ciudad.

Capacidad y convocatoria masiva

Según registros periodísticos de El Universal del 4 de septiembre de 1956, el Myriam contaba con un aforo para 2.090 personas. Sin embargo, datos del DANE en 1965 indicaban que el mismo teatro podía albergar hasta 3.800 espectadores. Estas cifras reflejan las dimensiones de la convocatoria que generaba cada noche, atrayendo a residentes de calles, callejones, accesorias, lomas, vecindades y solares de todo el barrio que se volcaban sobre la pantalla.

Memorias de sus primeros años

Orlando Novoa, peluquero de la mítica Barbería Jaramillo ubicada en la calle Estanco del Tabaco, compartió junto con Orlando Ortega sus recuerdos sobre las primeras proyecciones: "Te voy a contar una cosa, no me acuerdo con qué película inauguraron el Teatro Myriam, pero me acuerdo de una de las primeras que presentaron, se llamaba 'Fresas Salvajes'. No la entendí mucho y hasta le pregunté a un amigo médico, porque tú sabes que los médicos de antes eran unos sabios y el amigo también me dijo que no la entendió".

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Esta programación generó críticas significativas, particularmente del crítico de cine Alberto Sierra Velázquez, quien expresó su descontento por dos razones principales: primero, porque consideraba que se trataba de una programación de relleno; y segundo, porque proyectaron mutilada la gran película del director sueco Ingmar Bergman.

Clasificación y precios en la industria cinematográfica

Para 1968, los cines de Cartagena estaban organizados en cuatro categorías claramente diferenciadas:

  • Primera categoría: Teatros como el Cartagena cobraban hasta 8 pesos por boleta, y el Teatro Colón hasta 5 pesos.
  • Segunda categoría: El Teatro Miramar ofrecía entradas a 3 pesos con 50 centavos.
  • Tercera categoría: Cines como El Padilla y El Rialto establecían su precio en 3 pesos.
  • Cuarta categoría: Los cines 'extramuros', entre los que se encontraba el Myriam, ofrecían la entrada a solamente 2 pesos (según Diario de la Costa, 7 de agosto de 1968).

Desafíos de convivencia y seguridad

Muchos de aquellos cines contaban con inspectores dedicados a observar el comportamiento del público. En el caso del Myriam, esta responsabilidad recaía sobre el señor Agustín Calvo Pasos, quien enfrentaba desafíos considerables según las quejas publicadas en prensa.

Un reporte de El Universal del 3 de junio de 1971 detallaba: "Cada día es mayor la grita que elevan los cineastas que residen en las afueras de la ciudad, por los graves hechos que a diario se registran en los mal llamados teatros, que son más bien sitios de reunión de toda clase de elementos antisociales, sin que las autoridades de policía le presten atención. En los últimos días hemos recibido quejas de personas que asisten frecuentemente a los teatros Colonial, Atenas y Myriam, quienes manifiestan que se hace casi imposible asistir a esos salones a distraerse, ya que quienes mandan la 'parada' son las cuadrillas de vagos, de marihuaneros y antisociales que acuden todas las noches a ponerse 'de ruana' esos lugares. A todo esto la Policía brilla por su ausencia".

Experiencias personales que perduran en la memoria

En 1974, un testigo recuerda vívidamente cuando lo llevaron al Myriam a ver 'El regreso del Dragón', la película donde Bruce Lee y Chuck Norris se enfrentan en una tremenda pelea dentro del Coliseo de Roma. La descripción que ofrece es elocuente: "La bulla era una onda expansiva que agitó la bahía. Apabullante. Pobre señor Agustín", haciendo referencia al inspector que debía mantener el orden en medio de semejante efervescencia.

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El Teatro Myriam representa así no solo un espacio de entretenimiento, sino un testimonio vivo de la vida social y cultural de un barrio cartagenero durante décadas, con sus luces y sombras, sus éxitos de convocatoria y sus desafíos de convivencia, quedando grabado en la memoria colectiva de quienes vivieron esa época dorada del cine de barrio.