Han transcurrido cinco meses desde aquella predicción que se cumplió sin demora: Millonarios finalmente despidió a Hernán Torres, un técnico que nunca debió llegar al club. Sin embargo, la directiva no solucionó las profundas carencias de la plantilla. A Fabián Bustos le vendieron la idea de un equipo robusto que ni siquiera contaba con los tres defensas centrales que su esquema predilecto requería. Ni hablar del resto de posiciones. Bustos aguantó y ahora es quien responde.
Un Ferrari con motor de Twingo
Vendieron un Ferrari con motor de Twingo y se estrellaron en la misma curva de noviembre de 2025. Todos los rivales acérrimos, con la misma doble competencia, hicieron lo que se espera en un torneo de menor exigencia como la Liga Betplay, mientras que el azul, por segunda vez consecutiva, no lo logró. No se trata de dramatizar, pero tampoco de presumir de bomberos que ni siquiera apagan una vela en un cumpleaños. La afición será fiel, pero no estúpida.
El trastorno dismórfico del azul
Excepto Junior y América, a quienes les armaron equipos muy competitivos y les hicieron ver lo afortunados que son, a los demás nadie les vendió el traje ni la carroza de Cenicienta. A Deportivo Pasto nadie le dijo que un desechado como Estupiñán sería goleador; lo fueron descubriendo. A Inter Bogotá o al Tolima no les advirtieron que los descartes de Parra y Tatay Torres les darían prestigio; estaban haciendo un favor. A Once Caldas o Santa Fe nadie les aseguró que los veteranos les salvarían el pellejo y ahí están, incorruptibles. Todos se van acomodando… menos Millonarios.
Al ‘Embajador’ le encanta sentirse el más rico, el más apuesto, el mejor vestido, pero cuando Jaguares, Boyacá Chicó, Fortaleza o Alianza los despojan de la ropa, el problema siempre está afuera: el calor, el hijo de Pimentel, el árbitro, el cosmos. Nadie les habla del elefante en la habitación: la nómina sin variantes, los ciclos cumplidos, veteranos con gran corazón pero oídos sordos a las señales del cuerpo, jugadores inflados por sus empresarios (como De Amores), chicos que nunca rompieron el cascarón (como Beckham Castro), eternas promesas sin cumplir (como Vega).
Se miran al espejo y ven a Díaz, Kane y Olise, pero al darse la vuelta solo les queda Contreras, la única buena noticia del 2026, el responsable del dinero que salvó la proyección de la temporada con la Copa Sudamericana. Ese mismo al que dejaron solo en una clínica y que ahora, sabiéndose indispensable, juega su propio partido. Es el trastorno dismórfico en su máxima expresión: el espejo refleja lo que hay, no lo que se anhela.
¿Método del fracaso parte III?
Lo peligroso es que, si no se corrige de fondo y se dicen verdades sobre las capacidades reales de los jugadores, y no se les destruye su zona de confort, habrá una tercera temporada del exitoso método de fracaso azul. Si finalmente acercaron a un experto como director deportivo, Ariel Michaloutsos, que ha ido corrigiendo la nefasta herencia, es para darle total autonomía para firmar o cancelar contratos onerosos e ineficientes. Si creen que es capaz de hacer un buen diagnóstico, no le saboteen las soluciones. Si confían en su visión, no entorpezcan su camino. Y si no, traigan a otro que les convenza, que ponga o quite a un Bustos que, salvo un par de espasmos contra Nacional, no ha sido para perder la cabeza. Háganlo sin pretender que saben más por viejos que por diablos; de eso último se han cansado de dar pruebas.
Millonarios entró en conflicto cuando se perdió entre la autoconfianza y la sobrevaloración. En el camino rompió el corazón de la mejor afición de Colombia. Spoiler: así es como América y Medellín hicieron pedazos su principal activo, por si les sirve de referencia. Ser buen o mal dirigente no es una condena, se vale jubilarse. Lo que no se vale es regodearse ni ufanarse de las miserias mientras se presencia el desplome de 16 estrellas de historia. Paren ya.



