El martes en la noche, cuando encendí el celular, me encontré con la pantalla llena de mensajes de WhatsApp, algo que no me sucedía desde que vivo en el exterior. Me pregunté qué estaba pasando. Lo hermoso del asunto es que esa sensación de inquietud se transformó en alegría al leer cada mensaje de algunas de mis amistades más cercanas, felicitándome por el título conquistado por el Arsenal, un equipo al que sigo desde muy joven y que justo ese día volvió a ganar la liga inglesa (Premier League) después de 22 años. Pensé que quizá eso es lo más bello del fútbol: crea vínculos, genera empatía y logró que muchas personas queridas, de las que hacía tiempo no sabía, se acordaran de este 'sufridor' de un equipo con fama de nunca ganar.
¿Por qué apoyar al Arsenal?
Muchos me han preguntado por qué apoyar a un equipo como el Arsenal, si en Colombia es más común seguir al Barcelona, al Real Madrid o a algún 'club moda' de los últimos años. Aunque, como en el amor, uno no necesita explicar por qué quiere a quien quiere, hoy intentaré dar las razones de mi fiebre por los 'gunners', un gusto que comparto con mi padre y con mi gran amigo y colega Camilo Lourido. La principal es que es un equipo que sigo desde niño, y que aprendí a disfrutar en 2004, uno de sus momentos más gloriosos, cuando contaba con jugadores de lujo como Thierry Henry, Robert Pires, Patrick Vieira, entre otros.
La temporada invicta de 2004
Esa escuadra, dirigida por Arsène Wenger (un entrenador al que el fútbol le debe mucho), conquistó ese año la Premier League sin perder un solo partido, jugando un fútbol ofensivo tan perfecto y precioso que rememorarlo me emociona. Recuerdo que, a mis 12 años, me hacía el enfermo para no ir los sábados al colegio a habilitar matemáticas y así quedarme viendo por Fox Sports ese laboratorio de la fantasía: un equipo que no soltaba el balón, que hacía pases entre líneas impensados y que no metía goles, sino golazos.
Identificación con los valores del club
Aunque luego el Arsenal sufrió la llegada de las vacas flacas, empecé a sentirme identificado a nivel personal con muchos de los valores del club, sobre todo el de amar su filosofía de juego a pesar de los resultados, porque en la vida se puede ganar o perder, pero jamás olvidar de dónde se viene. Recuerdo muchas veces al Arsenal perdiendo partidos increíbles después de haber jugado muy bien, y asociaba eso con mis propias luchas de la adolescencia y parte de la adultez, donde se aprende más de lo que se gana. En más de una ocasión, tras una derrota, me cuestionaba si seguir viendo los partidos. Pensaba que ya tenía suficiente con el Deportivo Cali, mi otro gran amor, pero las frustraciones nunca pueden ser una excusa para abandonar lo que te representa. Así, después de años de sinsabores y de tres subtítulos consecutivos (increíble, pero cierto), este martes pude darle un abrazo al niño que desde 2004 soñaba con el bendito fútbol, y agradecí de corazón a todas esas personas que me siguen y me seguirán recordando por todo aquello que me hace sentir tan feliz.



