Amistosos de Colombia: el laboratorio perfecto antes del Mundial 2026
Los últimos ensayos antes de una gran presentación rara vez son perfectos. De hecho, esa es precisamente la idea: que no lo sean. Representan la oportunidad final para que surjan los problemas, los detalles que requieren ajustes, las fallas y todas las inconsistencias que puedan existir.
Este jueves contra Croacia y el próximo domingo contra Francia, lo ideal sería precisamente eso: que emerja todo lo que está mal ahora, cuando todavía quedan casi dos meses para resolverlo. La triste realidad, sin embargo, es que probablemente esto no ocurra como se esperaría.
Dos enfoques contrastantes: Argentina vs. Colombia
Existen diferentes maneras de abordar los partidos amistosos previos a una competencia importante. Argentina, por ejemplo, prefiere enfrentarse a selecciones como Estonia, Indonesia y Angola, lo que le ha garantizado un pleno de victorias en sus últimos 15 amistosos, con 49 goles a favor y solo 2 en contra.
El título mundial y dos finales en los últimos tres mundiales avalan esta estrategia. Este enfoque era también habitual en la Selección Colombia durante la era de José Pékerman, con rivales como Guatemala y Haití antes de las competencias importantes. Los resultados, hay que reconocerlo, no fueron malos.
Pero el nuevo "plan Colombia" bajo el mando de Néstor Lorenzo es distinto. En esta era, los cruces han sido con potencias como Alemania y España, y ahora con Croacia y Francia, selecciones europeas de primer nivel en lugar de convidados de piedra.
El balance no es negativo, no solo por el invicto mantenido o por lo que siguió después -nada menos que la final de la Copa América 2024 tras 23 años de espera-, sino porque esto cimentó las bases del equipo que regresa a una Copa del Mundo tras la amarga ausencia en Catar 2022.
El valor de enfrentar a las potencias
Si fuera por gustos personales, todos elegiríamos enfrentar a Kylian Mbappé antes que a la gran figura de Burundi o Kuwait. Pero lo que realmente habría que valorar es diferente: ¿para qué quiero enfrentar a una figura de tal calibre? ¿Qué riesgo estoy dispuesto a correr? ¿Qué parte de mi plan quiero poner al límite del fracaso?
Diría que, si me dan a elegir cuándo quiero un posible fracaso, lo elijo ahora, en un amistoso donde no hay puntos, ni ranking, ni nada en juego, y no en los dieciseisavos o octavos de final de un Mundial. La histeria de los opinadores en caso de una goleada no me quitaría el sueño. La preferiría antes que despedirme prematuramente de una competencia sin saber qué habría sido de mi idea si la hubiera llevado al laboratorio antes.
¡No habrá más ensayos, Colombia!
Si no mediaran los nervios ni la presión, un ensayo ideal implicaría cambiar todo el circuito defensivo de un partido a otro: Montero por Vargas; Dávinson Sánchez y Jhon Lucumí como centrales (por si algo le pasa a alguno de los titulares); Santiago Arias y Deiver Machado para ver si son tan confiables como se espera; un universo sin Jefferson Lerma como titular, con Kevin Castaño y Jhon Puerta, por ejemplo, por si una tarjeta roja, una lesión o cualquier imprevisto ocurre.
Se trata de recrear el peor de los escenarios posibles ahora, con dos meses de margen para reaccionar, para que no ocurra lo que sucedió en Rusia 2018, cuando el eje del plan llegó lesionado y pasó un torneo entero esperando un milagro de recuperación que nunca llegó.
Lo que sí funciona y no necesita cambios
De ahí en adelante, no hace falta reparar lo que no está dañado: el ataque, con los Luchos (Díaz) en toda su dimensión, es para dormir tranquilos desde hoy y hasta el 17 de junio; a James Rodríguez no hay que verlo correteando a Vitinha ni a Luka Modrić para saber que está bien (esa, en todo caso, no va a ser su función en el Mundial); a Arias sabemos que incluso si lo ponen en el arco cumplirá, y tal vez solo haga falta rotar a Jhon Gómez, Kevin Carbonero y Jaminton Campaz para ver en qué y en dónde pueden dar una mano.
Si el circuito ofensivo está aceitado, habría que observar a los mediocampistas y defensores para verificar que entienden cómo respaldar a los "magos" del ataque.
El regalo que no debería rechazarse
El momento de probar es hoy, y hacerlo contra un semifinalista y un finalista del Mundial 2022 es un regalo que no debería rechazarse. Otra cosa, infortunadamente, será lo que veamos en el campo. En la era de las redes sociales, nadie querrá inmolarse. El miedo, casi siempre, condena al avezado.
Estos amistosos representan más que simples partidos de preparación: son la última frontera antes del compromiso mundialista, la oportunidad final para afinar detalles, corregir errores y consolidar un equipo que aspira a hacer historia en el Mundial 2026.



