Argentina 1978: Un campeón justo en tiempos oscuros
Argentina finalmente albergó la Copa del Mundo en 1978, tras más de un siglo de pasión futbolística que se manifestaba en los 60 estadios de Buenos Aires y su área metropolitana. La FIFA, en su 35º congreso en Londres de 1966, tomó una decisión sin precedentes al designar tres sedes consecutivas: Alemania 1974, Argentina 1978 y España 1982. El país sudamericano recibió el torneo casi por descarte, ya que ningún otro de la región había solicitado organizarlo y Estados Unidos aún no mostraba interés por el fútbol.
Contexto político turbulento
La designación llegó en un momento complejo: apenas ocho días antes, un golpe militar había derrocado al presidente constitucional Arturo Illia. Cuando finalmente se disputó el torneo doce años después, Argentina vivía bajo una dictadura militar, similar a los contextos políticos que mancharon Italia 1934 y los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. A pesar de este oscuro telón de fondo, el Mundial se desarrolló en paz y con excelente organización, comparable a la mostrada por Alemania en 1974.
La infraestructura fue notable: se construyeron tres estadios nuevos en Córdoba, Mendoza y Mar del Plata, mientras que el Monumental de River Plate, el de Vélez Sársfield y el de Rosario Central fueron completamente remodelados. Este sería el último torneo con solo 16 equipos, pero la popularidad del fútbol crecía exponencialmente: de las 56 asociaciones inscritas para Chile 1962 se pasó a 104 para las eliminatorias de Argentina 1978, estableciendo un récord histórico.
El difícil camino hacia la final
Contrario a lo habitual donde el anfitrión recibe un sorteo favorable, Argentina enfrentó desde el inicio un "grupo de la muerte" con Francia (que sería revelación en 1982), Italia (futuro campeón en 1982) y una competitiva Hungría. Incluso perdió ante Italia en la fase inicial. En segunda ronda, los desafíos continuaron con Brasil y Polonia, esta última con jugadores como Lato, Boniek y Deyna.
El momento más polémico llegó en el partido contra Perú, donde Argentina necesitaba ganar por al menos cuatro goles para superar a Brasil en diferencia de goles y alcanzar la final. El 6-0 final generó sospechas de arreglo entre gobiernos militares, aunque testigos presenciales describen un ambiente infernal en el estadio que pudo afectar al equipo peruano. Mario Kempes recordaría posteriormente que Argentina ya había vencido cómodamente a Perú meses antes del Mundial, con resultados de 2-1 y 3-1.
La final contra Holanda
La final enfrentó a Argentina con una Holanda que, aunque sin Johan Cruyff, mantenía el estilo ofensivo heredado de Rinus Michels. Se esperaba un festival futbolístico entre el juego propuesto por Menotti (comparado con el posterior estilo de Guardiola) y el fútbol holandés, pero en cambio se desarrolló una batalla descarnada donde predominó la fuerza física.
El árbitro italiano Sergio Gonella mostró notable tolerancia, expulsando a nadie y mostrando solo 5 tarjetas amarillas. Argentina se impuso finalmente 3-1, destacando especialmente el arquero Ubaldo Fillol (considerado por muchos entre los mejores de la historia) y el goleador Mario Kempes.
Un campeón merecido
Argentina fue un campeón justo que ganó con lo justo. No deslumbró técnicamente y fue inferior a Italia y Brasil en sus enfrentamientos directos, pero se coronó gracias a la fe inquebrantable de sus jugadores, el coraje colectivo y momentos destacados de figuras como Luque, Passarella y el mencionado Kempes.
La polémica sobre el partido contra Perú persiste 48 años después, aunque investigaciones periodísticas nunca han encontrado pruebas concretas de arreglo. Menotti tomó la controvertida decisión de dejar fuera del equipo a Diego Maradona y Ricardo Bochini, los dos mejores jugadores argentinos del momento, cuya inclusión podría haber dado más brillo futbolístico al equipo y silenciado cualquier sospecha.
El hincha argentino brindó un apoyo apabullante nunca visto en Copas del Mundo, con miles de banderas, millones de papelitos y cánticos ensordecedores que crearon una atmósfera única. El Mundial de 1978 quedó marcado por su contexto político, sus polémicas y, finalmente, por el merecido título de un equipo que supo sobreponerse a todas las adversidades para conquistar su primera estrella en casa.
