Un rompecabezas político por armar
Construir un relato amplio y profundo sobre los resultados de las elecciones en Colombia resulta una tarea compleja, reservada principalmente para los especialistas. En consecuencia, las percepciones de los ciudadanos que simplemente tratamos de informarnos y estamos interesados en el futuro del país, se asemejan a piezas de un rompecabezas que aún no termina de ensamblarse. Por esta razón, presentamos algunas observaciones como meros apuntes para un análisis que requiere tiempo y digestión, y que probablemente los hechos irán modificando con el transcurso de los días.
Pérdidas lamentables y victorias cuestionadas
Comencemos por lo más evidente: es lamentable que un país no valore a personas íntegras y aguerridas como Angélica Lozano, Jorge Robledo y Juan Carlos Losada, quienes han demostrado compromiso con la nación. En cambio, se observa un voto masivo por políticos cuestionados y con maquinarias aceitadas, como Wadith Manzur o Karen Manrique. Sin embargo, también hay motivos para celebrar, como la derrota de politiqueros como Richard Aguilar o Miguel Polo Polo, la estrepitosa caída de Lina Garrido, y el fin del cuarto de hora de los Comunes, junto con la disociadora Íngrid Betancourt y tantos otros por el estilo.
El giro estratégico hacia el centro político
Por otra parte, lo que estamos presenciando ahora es que muchos candidatos buscan correrse hacia el centro, o al menos aparentar que lo hacen, pensando que esta es la estrategia que les garantizará el triunfo en las próximas contiendas. Esto ocurre a pesar del desprecio que han mostrado tanto la derecha como la izquierda por el centro-centro, representado por Sergio Fajardo, un hombre honesto y con experiencia, que ha escogido como fórmula a la extraordinaria Edna Bonilla. Asimismo, se evidencia un escaso apoyo a la centroizquierda de Claudia López, a quien este país no le reconoce completamente su capacidad y su berraquera.
Abelardo de la Espriella, por ejemplo, ha elegido como fórmula presidencial a José Manuel Restrepo, un exministro competente e intachable, pero que, inexplicablemente, arriesgando su prestigio, ha condescendido a hacerle el juego al tigre, que lo utiliza para lavar su imagen guerrerista. Da grima verlo posar haciendo el saludo militar al lado del diletante De la Espriella, el Bukele criollo.
La ultraderecha y las apariencias engañosas
¿Cómo será de rabiosa la ultraderecha de De la Espriella, que logró que Paloma Valencia —con la que de pronto podría aliarse— parezca ahora dizque de centro? En política, nada suele ser lo que parece. Ella también intenta proyectarse como moderada echando mano de Juan Daniel Oviedo —un tipo respetable, pero un enigma a la hora de gobernar—, quien logró astutamente venderse como el más progresista de la consulta, a pesar de su trayectoria de confeso uribista. Tal vez por su aire desenfadado, por asumir de frente su diversidad sexual, y por reconocerle alguito a Petro.
Radicalismo y alianzas inesperadas
El único que no aspira a tener que ver con el centro es Armando Cepeda —otro enigma— que, en un gesto simbólico, ha escogido a Aída Quilcué, una mujer valiente, a la que ojalá traten mejor de lo que trataron a Francia. Él, un radical de porte severo, envía así el mensaje de que, al estilo Petro, a quien secunda en todas sus ideas, gobernará básicamente con —y seguramente para— sus aliados. Nada de abrirse a lo distinto.
Preguntas pendientes y votos tácticos
Hablando de lo que es pero no es: muchos de los votos por Roy Barreras fueron tácticos, de aquellos que querían fracturar la izquierda. ¿A dónde irán a parar esos votos? ¿Y los de Claudia, que anunció que le ganaría al uribismo? ¿Y cómo se explica que el impresentable Quintero —que las encuestas decían que triplicaba a Roy— se haya desinflado así? ¡Y las preguntas que faltan por responder en este complejo escenario político colombiano!
