El Partido Liberal en Santander: Un solo representante tras décadas de gloria y decadencia
Partido Liberal en Santander: Un solo representante tras decadencia

La solitaria victoria liberal en Santander que refleja décadas de decadencia

La mañana del lunes, mientras revisaba el mar de noticias y análisis sobre los resultados de las elecciones legislativas, mi atención se detuvo en el triste desenlace del Partido Liberal en Santander. Un solo representante electo para toda la región. Y pensé, con cierta ironía periodística: ¿el ahora único representante electo del glorioso partido del 'trapo rojo' sabrá al menos quién fundó este movimiento histórico?

Un pasado glorioso frente a un presente desolador

Mario José Carvajal Jaimes, ahora representante electo por Santander a la Cámara, se ha convertido, quizás sin quererlo, en el eslabón perdido de un movimiento político tradicional cuyo pasado está lleno de nombres ilustres. Figuras como Gabriel Turbay Abunader, Alejandro Galvis Galvis, Alfonso Gómez Gómez, Luis Carlos Galán Sarmiento y Horacio Serpa Uribe, entre otros, marcaron época en la política nacional y regional.

Si estos líderes históricos se levantaran hoy de sus tumbas, seguramente se devolverían al ver la debacle en que se sumió un partido otrora cargado de gloria y prestigio. La imagen es poderosa: un solo candidato de esta colectividad por todo el departamento de Santander logra llegar al Congreso, cuando antes el liberalismo dominaba la escena política regional.

Las causas de la caída: componendas, clientelismo y corrupción

Que tan solo un candidato de esta colectividad por este departamento llegue al Congreso no es simplemente una noticia electoral más. Es la triste consecuencia de un partido que se extravió, mucho tiempo atrás, en las componendas, el cálculo político mezquino, el clientelismo desmedido, la trapisonda permanente, la corrupción sistémica y la trampa como método.

Esta degradación progresiva hizo que el partido se volviera atractivo para personajes que, caminando al borde del precipicio ético, se vestían de rojo como si ello automáticamente los convirtiera en poseedores de un ideario que terminó, como el famoso trapo liberal, completamente despedazado y sin credibilidad ante la ciudadanía.

Un fenómeno nacional con particularidades regionales

No es un asunto exclusivo de Santander, para consuelo de tontos. El bipartidismo colombiano, que se repartió el poder por más de un siglo, recibió su sentencia de muerte con la Constitución de 1991. Esta carta magna facilitó la participación política mediante la creación de movimientos significativos de ciudadanos, lo que a la postre produjo la implosión de las organizaciones tradicionales.

En tres décadas, los partidos tradicionales se fragmentaron en grupúsculos que llegaron a sumar, hasta el año anterior, casi cuarenta partidos políticos registrados. Una atomización que refleja tanto la apertura democrática como la crisis de representación de las viejas estructuras.

La conversación ausente en Santander: renovación y conexión generacional

En el caso regional santandereano hay una conversación notablemente ausente: la falta de renovación real de liderazgos y de un discurso político que conecte con las nuevas generaciones de votantes. Por eso surgió -y luego decayó- el experimento exótico de la Liga de Gobernantes Anticorrupción, movimiento impulsado por el septuagenario Rodolfo Hernández.

Este movimiento logró capitalizar buena parte del voto inconforme con la política local tradicional, demostrando que existe un espacio para alternativas cuando los partidos establecidos pierden contacto con la realidad ciudadana. Sin embargo, ni una sílaba han dicho sobre este entierro de tercera clase quienes se arroparon bajo la bandera del Partido Liberal en sus momentos de mayor decadencia.

En política, como bien señalan los analistas más perspicaces, lo importante no es solo cómo se llega al poder, sino también cómo se sale de él. El Partido Liberal en Santander parece haber olvidado esta lección básica, transitando de la gloria a la irrelevancia en pocas décadas, dejando como único testimonio de su otrora poderío un solitario representante en el Congreso que carga con el peso de un legado que pocos envidiarían.