Violentos disturbios empañan el clásico escocés en la Scottish Cup
El fútbol escocés vivió una de sus jornadas más vergonzosas este fin de semana cuando cientos de aficionados del Celtic y Rangers invadieron el campo de juego tras el partido de cuartos de final de la Scottish Cup, desatando una auténtica batalla campal que requirió la intervención masiva de la policía y fuerzas de seguridad.
La chispa que encendió el polvorín
Los incidentes comenzaron minutos después de que el Celtic eliminara al Rangers en la tanda de penales (4-2) tras un empate 0-0 en el tiempo reglamentario. Decenas de seguidores visitantes saltaron al césped del estadio Ibrox para celebrar la clasificación a semifinales, momento que fue aprovechado por barras bravas del equipo local para iniciar los enfrentamientos.
La situación escaló peligrosamente cuando un grupo de encapuchados del Rangers se acercó a los jugadores del Celtic que aún celebraban en el campo, con claras intenciones de amedrentarlos. La rápida respuesta policial estableció barreras de seguridad justo cuando ambas facciones estaban a escasos metros de distancia.
Intervención policial y detenciones
Las fuerzas de seguridad tomaron control inmediato del terreno de juego para evitar que los enfrentamientos se generalizaran. Durante varios minutos, se registraron:
- Lanzamiento de bengalas entre ambas aficiones
- Enfrentamientos físicos entre seguidores
- Detenciones de aficionados con el rostro cubierto
- Insultos dirigidos a jugadores que abandonaban el campo
Los jugadores del Celtic, incluido el mexicano Julián Araujo, fueron blanco de insultos por parte de seguidores rivales mientras se dirigían a los vestuarios. Araujo respondió mostrando el escudo de su club y sacando la lengua a los provocadores.
Contexto histórico del conflicto
Este partido marcó un hito significativo, siendo el primero desde 2018 en que se permitió una asistencia de 7.500 aficionados visitantes en Ibrox. Aquel año, el Rangers había reducido drásticamente las entradas para seguidores del Celtic de 7.500 a apenas 800, medida que fue replicada por su eterno rival en su propio estadio.
Esta política, implementada principalmente para maximizar beneficios económicos al vender más entradas locales a mayor precio, ha contribuido a mantener la tensión histórica entre ambas instituciones, considerada una de las rivalidades más intensas del fútbol mundial.
El lamentable episodio ha ensombrecido lo que había sido un encuentro futbolístico de alta calidad, dejando en evidencia los profundos problemas de seguridad que aún persisten en el clásico escocés y generando serias preguntas sobre la gestión de eventos de alta tensión en el fútbol británico.



