El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, disipó las dudas sobre la participación de Irán en el Mundial de 2026, confirmando que la selección asiática disputará sus partidos en territorio estadounidense, tal como estaba previsto. El anuncio se realizó durante la apertura del Congreso de la FIFA en Vancouver, donde se reunieron delegados de más de 200 federaciones.
Contexto político y debate sobre la sede
La presencia de Irán en Estados Unidos había generado incertidumbre debido a las crecientes tensiones en Oriente Medio, especialmente tras recientes episodios militares. Algunas voces propusieron trasladar los partidos a otros países anfitriones, pero Infantino fue enfático al reiterar la postura del organismo rector del fútbol, descartando cualquier modificación en la sede de los encuentros del conjunto iraní. Con esto, se busca mantener la estructura original del campeonato, que será organizado de manera conjunta por Estados Unidos, México y Canadá.
Respaldo de Trump y otros desafíos
A la confirmación del dirigente se sumó la aprobación del presidente estadounidense, Donald Trump, quien dio luz verde a la participación de Irán en suelo norteamericano. "Bueno, si Gianni dijo eso, yo estoy OK", declaró Trump a la prensa en el Despacho Oval. "Yo digo déjenlos jugar". Este respaldo reduce uno de los principales focos de tensión de cara al torneo.
Más allá de este tema, el Congreso de la FIFA también estuvo marcado por otros puntos sensibles. Entre ellos, los elevados costos asociados a la organización del Mundial más grande de la historia, así como las críticas por el aumento en los precios de las entradas. Asimismo, persiste el debate sobre la situación de Rusia, cuya suspensión del fútbol internacional continúa vigente desde 2022, tras el conflicto con Ucrania. Este asunto podría ser revisado en los próximos meses.
Garantías para los aficionados
En paralelo, organizaciones internacionales han solicitado garantías para los aficionados que viajarán al torneo, especialmente en lo relacionado con políticas migratorias en Estados Unidos. En este contexto, la FIFA enfrenta el reto de equilibrar la logística, la política y la seguridad en un evento que promete ser histórico tanto por su magnitud como por los desafíos que lo rodean.



