Millonarios: crisis, autoengaño y la vergüenza de haber sido el grande que ya no es
Millonarios: crisis, autoengaño y la vergüenza de haber sido

Millonarios es un tango. Un tango triste, gris, como casi todos. Este equipo hoy canta 'Cuesta abajo', y su hinchada —que ya no grita, sino llora— repite: 'Si arrastré por este mundo / la vergüenza de haber sido / y el dolor de ya no ser. / Bajo el ala del sombrero / cuántas veces empozada / una lágrima asomada / ya no pude contener...'.

Un bandoneón crudo que retrata al que fue, hace muchos años, el equipo más grande de este país, y que hoy es un equipo que en su 'reconstrucción' reciente encadena un fracaso mayúsculo y repetido: ¡eliminado dos veces seguidas en la muy discreta Liga local!

Puesto 12 con 26 puntos en la Liga pasada. Ahora, décimo lugar, otra vez con 26. Las dos peores Ligas por posición en 5 años y medio. Y las dos peores campañas en 7 años y medio. Para un grande, para uno de los de más hinchada, no alcanzar ni el octavo lugar de manera consecutiva no es un accidente: es un derrumbe imposible de justificar.

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Crisis de fondo en Millonarios

El problema de fondo es una distorsión. Una lectura inflada y por supuesto errada de la calidad de la nómina. Creyeron que tenían más de lo que son. Y el fútbol le cobró por duplicado. Ahí está el pecado mayor de Gustavo Serpa y de Enrique Camacho, sus máximos directivos: se confundieron.

Pensaron que con Ureña, Mateo García y Contreras —el único que se salva y que, para colmo, ya abrió la puerta de salida—, con el regreso emocional de Falcao, con la recuperación de Mackalister y Leo Castro, alcanzaba para ser campeón. Y se estrellaron de cara contra el planeta dos veces seguidas. ¡Al perro no lo operan dos veces...! Mucho menos con De Amores, un portero sin manos que ayer regaló la posible clasificación con un gol de torneo intercolegial.

Necesidad de un nuevo equipo

Millonarios necesita, con urgencia y sin eufemismos, otro equipo: un arquero confiable, al menos un central de categoría —que no llegó en Elizalde—, laterales de ambos perfiles, un volante de marca que acompañe a Ureña, un armador —sí, un armador, urgente— y un extremo izquierdo. ¿Cuántos conté? ¡Otro equipo!

Millonarios necesita mejores jugadores. No promesas ni parches ni nostalgias. Porque el equipo, además, jugó mal y lento todo el semestre. Con Hernán Torres al inicio y con Fabián Bustos en el grueso del torneo, hacer un gol fue más difícil que mandar el Artemis a la Luna. Y la defensa, tras la lesión de Mosquera, se volvió una coladera sin remedio.

Luego está la otra distorsión: la de la tribuna entregada y confiada que llena el estadio inducida por una prensa facilista y distorsionada también, que saca técnicos o tira zapatos. La distorsión directiva y general es inducida, porque con nóminas parecidas otros han sido campeones como Santa Fe, Bucaramanga, Junior, Pereira, el propio Millonarios de junio de 2023. Y que equipos como Pasto, Tolima, Once Caldas o Inter clasifican sin tanta histeria.

Los puntos que le faltaron

A Millonarios le faltaron dos puntos. Dos. Que se le fueron en los tres partidos iniciales con Torres o en la larga lista de tropiezos evitables de Bustos en las derrotas contra Chicó, Jaguares e Inter o los empates contra Fortaleza y Alianza. Pero no es solo una suma aritmética: es una cadena de decisiones mal tomadas. La eliminación tiene firma: Bustos en la cancha y Ariel Michaloutsos, el director deportivo, en la estructura.

Quizás Universitario de Perú le haga un favor llevándose a Bustos, que también tiene al equipo medio muerto en la Sudamericana. Hoy Millonarios es una repetición. Un tango doloroso que suena igual hace un año. Un azul hecho llanto por la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.

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