Un Mundial bajo la sombra de la incertidumbre y el conflicto
El ambiente previo al Mundial de la FIFA 2026 está marcado por una tensión sin precedentes que amenaza con opacar el mayor espectáculo futbolístico del planeta. Programado para iniciar el 11 de junio en el Estadio Azteca de Ciudad de México, el torneo que por primera vez organizan tres países –Estados Unidos, Canadá y México– enfrenta desafíos que van más allá del terreno de juego.
Conflictos bélicos y seguridad en duda
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha puesto en serio riesgo la participación del equipo iraní, que debería debutar el 15 de junio contra Nueva Zelanda en Los Ángeles. Mientras bombas caen sobre territorio iraní y respuestas explosivas sacuden Tel Aviv, las autoridades futbolísticas de Teherán han expresado dudas concretas sobre su asistencia al torneo.
En México, la situación no es menos preocupante. La caída de "El Mencho", líder del Cartel Jalisco Nueva Generación, ha desatado una ola de violencia que pone en jaque los partidos de repechaje programados del 23 al 31 de marzo en Monterrey y Guadalajara. A pesar de las declaraciones tranquilizadoras de la presidenta Claudia Sheinbaum y del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, la seguridad de jugadores y aficionados sigue siendo una incógnita.
La FIFA entre Trump y las críticas
La relación entre Gianni Infantino y Donald Trump ha generado fuertes críticas hacia el máximo organismo del fútbol mundial. El presidente estadounidense no ha ahorrado elogios hacia el dirigente suizo, celebrando sus 10 años al frente de la FIFA con declaraciones que han sido interpretadas como una alianza política preocupante.
Esta cercanía ha llevado a la ONG FairSquare a presentar una denuncia ante el Comité de Ética de la FIFA, acusando a Infantino de violar los estatutos de neutralidad política de la organización. La situación se ha agravado con la incorporación del presidente de la FIFA a la "Junta de la Paz" convocada por Trump, una especie de ONU paralela que opera bajo la arbitrariedad del mandatario estadounidense.
Millones en juego y derechos humanos en riesgo
Los intereses económicos son colosales. Se estima que la FIFA ingresará aproximadamente 11.000 millones de dólares por la organización del torneo, mientras que Estados Unidos –que albergará 78 de los 104 partidos– espera recibir unos 30.000 millones en turismo, restauración y seguridad.
Sin embargo, estas cifras contrastan con las graves preocupaciones sobre derechos humanos. Las políticas migratorias de la administración Trump, que entre enero y octubre de 2025 detuvo a 92.392 personas en ciudades sede del Mundial según Human Rights Watch, generan riesgos reales para los millones de turistas que viajarán al evento.
Katherine de la Puente, coordinadora de HRW para deporte y derechos humanos, alerta sobre posibles detenciones violentas y deportaciones, así como sobre amenazas a la libertad de prensa y expresión durante el torneo.
Un precedente histórico preocupante
La situación actual recuerda momentos oscuros de la historia de los Mundiales. Desde el torneo de Argentina 1978 bajo dictadura militar, pasando por la Italia de Mussolini en 1934, la Rusia de Putin en 2018 y el futuro Mundial en Arabia Saudita de 2034, la FIFA ha mantenido una política de separación entre deporte y política que hoy se cuestiona más que nunca.
Como señala el periodista argentino Ezequiel Fernández Moores, "la relación carnal de Infantino con Trump se debe a que el Mundial se juega básicamente en Estados Unidos". Esta dinámica ha llevado a que el máximo organismo del fútbol mundial premie al presidente estadounidense con el inédito Premio FIFA de la Paz, después de que el Comité Nobel noruego le negara su galardón.
Protestas y símbolos de resistencia
Mientras las autoridades intentan mantener la normalidad, surgen voces de protesta. En México, familiares de los más de 137.000 desaparecidos por la violencia del narcotráfico planean rodear el Estadio Azteca con fotos de sus seres queridos durante la inauguración, buscando presión internacional sobre un problema históricamente minimizado.
La pregunta que flota en el ambiente es si este será el primer Mundial en medio siglo que enfrente un boicot masivo o incluso su suspensión. Con menos de 100 días para el inicio, la incertidumbre política, la violencia y las tensiones internacionales han creado un escenario donde, por primera vez en 90 años, el futuro del torneo más importante del fútbol mundial pende de un hilo.
