Normas incumplidas en El Campín: las reglas que el operador debió seguir antes del deterioro de la grama
El uso de estadios de fútbol para conciertos y espectáculos de gran formato en Colombia no es un territorio sin regulación. La Ley 1493 de 2011 y los protocolos técnicos de las autoridades locales establecen límites precisos para proteger la infraestructura deportiva y garantizar que el fútbol mantenga su prioridad. Sin embargo, la aplicación de estas normas ha generado intensos debates en escenarios como el estadio El Campín de Bogotá, donde el crecimiento de eventos de artes escénicas ha tensionado la relación entre el negocio del entretenimiento y la preservación del campo de juego.
El marco legal y su aplicación práctica
La Ley 1493 faculta a alcaldías y entidades territoriales para regular los espectáculos públicos en escenarios deportivos, imponiendo requisitos de seguridad, planes de contingencia y medidas de protección del espacio. En la práctica, esto implica:
- Restricciones sobre los tiempos de montaje y desmontaje de estructuras
- Limitaciones en la programación de eventos consecutivos
- Responsabilidad directa de los promotores frente a cualquier daño causado
- Evaluaciones técnicas previas y posteriores a cada evento
El principio rector es claro: los espectáculos no pueden afectar el uso deportivo ni el estado de la infraestructura. Este mandato busca equilibrar los intereses económicos con la preservación de los escenarios deportivos.
Protocolos específicos para El Campín
En el caso particular de El Campín, el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD) definió un protocolo específico para el manejo de la grama durante eventos de artes escénicas. Entre sus disposiciones más importantes se encuentran:
- Limitación estricta a la instalación de estructuras dentro del área de juego
- Exigencia de que el escenario principal se ubique fuera del campo o en zonas sin contacto directo con la grama natural
- Prohibición del tránsito de vehículos y equipos pesados sobre el terreno
- Requisito de estudios de carga, diseños técnicos y planes de ocupación detallados
- Obligación de realizar evaluaciones posteriores para determinar posibles afectaciones
- Asignación a los promotores de la responsabilidad económica y técnica de la recuperación del campo
Estas medidas buscan proteger la integridad del césped, especialmente sensible a las alteraciones causadas por estructuras pesadas y tránsito intensivo.
Flexibilización tras la privatización
Según fuentes técnicas consultadas, tras la asignación de la operación del estadio a un privado, varias de estas limitaciones habrían sido flexibilizadas o ignoradas en la práctica. Se reportan situaciones como:
- Montajes con escenarios ubicados directamente en el centro del campo
- Configuraciones de 360 grados que cubren extensas áreas del terreno de juego
- Reducción significativa de los tiempos de mantenimiento y recuperación de la grama
- Aprobación de eventos con frecuencia mayor a la recomendada técnicamente
Esta ruptura con las recomendaciones técnicas originales ocurre pese a que las condiciones del terreno no han cambiado, generando un deterioro progresivo que afecta directamente el desarrollo del fútbol profesional en el escenario.
El dilema entre deporte y espectáculo
Mientras los conciertos representan una fuente importante de ingresos y visibilidad para la ciudad, el marco normativo insiste en que el estadio es, ante todo, un escenario deportivo. La tensión entre estos dos usos se ha hecho evidente en los últimos meses, con partidos suspendidos o jugados en condiciones subóptimas debido al estado del campo.
El caso de El Campín ilustra un desafío mayor para las ciudades colombianas: cómo balancear el aprovechamiento económico de la infraestructura deportiva con su preservación para el fin principal para el que fue construida. La discusión continúa abierta, con aficionados, autoridades y promotores buscando un punto de equilibrio que satisfaga todos los intereses involucrados.