Se ha instalado la frasecita de que "es más fácil hacer un gol que jugar bien". Otro disparate. El gol es la razón de ser del fútbol, y quienes lo minusvaloran cometen un error. En esta columna, Gabriel Meluk analiza la obsesión por el sobreanálisis y reivindica la importancia de marcar goles, con ejemplos de Luis Díaz y la Selección Colombia Sub-17.
La dictadura del gol: un falso dilema
Hay una nueva bacteria que descubrieron los que miran el fútbol desde un supuesto microscopio: creer que el gol es un accidente y no el propósito. Hace unos meses oí, incrédulo, una frase de un comentarista argentino en una transmisión de una liga extranjera: “Es una lástima que el fútbol esté sometido a la dictadura del gol”. Lo dijo así, sin sonrojo, con voz de catedrático en conferencia. ¡Tremenda tontería! Porque el gol –perdón por la obviedad que diré a continuación– es la razón de ser del fútbol.
La epidemia del sobreanálisis ha hecho metástasis. Ahora resulta que el fútbol es una abstracción que explica un ‘fútbol cuántico’ en el que, en un multiverso paralelo, puede justificarse sin goles. Pero, siento decirles que el fútbol es brutalmente más simple. Todo lo demás es literatura: que la posesión es un mérito en sí mismo, que la estética compensa la falta de efectividad, que “solo faltó definir”… ¡Válgame Dios! Repetir que “solo nos faltó definir” no es una justificación ni un elogio: ¡es confesar que se jugó mal, porque no se puede jugar bien al fútbol sin hacer goles!
A Luis Díaz apenas lo salvó el gol
La caricatura alcanza su punto más alto cuando se devalúa lo imposible: por ejemplo, que a Luis Díaz, el mejor futbolista que hoy tiene este país, “apenas lo salvó el gol” frente al Real Madrid. ¿Cómo así que apenas? ¿Es en serio? Anotar en el Bernabéu y en Múnich con el Bayern no es un detalle menor: ¡el gol es lo máximo! Y específicamente un delantero vive de hacerlos. Todo lo demás –arrastres, apoyos, regresos, amplitud, etcétera– es accesorio. Díaz estuvo sensacional frente al eliminado Real Madrid.
En esta columna se escribió que Díaz, al salir del Liverpool, tenía que ser más certero, meter más goles y fallar menos opciones, lo que le provocó críticas y justificaciones de su salida de ese equipo según un sector de la prensa inglesa. Se instaló la frasecita de que “es más fácil hacer un gol que jugar bien”. Otro disparate. ¿No recuerdan que Colombia vio el Mundial del 2022 por televisión por sus seis partidos seguidos sin anotar? Un gol, uno solito de esos que supuestamente caen por gravedad, como los mangos, la habría llevado a Catar. Pero no: abundaron los mapas de calor, las líneas de pase, la posesión, las estructuras, las presiones... ¡Faltó lo único que no podía faltar!
La clase de eficacia de la Selección Sub-17
Vean: los ‘pelados’ de la Selección Sub-17 dieron una clase de eficacia... Perdón, de buen juego, como dijo en coro el país del fútbol. A Argentina la aplastó en la final 4-0 con cuatro tiros al arco y el 39 por ciento de posesión. A Brasil, en la semifinal, la trituró 3-0 con cuatro tiros directos y solo el 41 por ciento de tenencia de balón. Posesión modesta, contundencia demoledora. El fútbol es fútbol porque se gana y se pierde con goles. Esto no es nado sincronizado, en el que unos jueces muy doctos dan una puntuación por ejecución, impresión artística, dificultad, armonía, coreografía...
Por eso conviene volver a lo esencial, aunque suene a ingenuidad en la moda del sobreanálisis. Como lo dijo, con la ironía de los que sí saben, Thierry Henry: “A veces en el fútbol hay que marcar goles...”. El gol es el imperio y la verdad del fútbol. Díaz y los muchachos de la Sub-17 han dado baños de realidad y simpleza. Es que el agua, pues, moja...



