“Por fin algo que nos une: la Selección Colombia. Hoy que ustedes leen esto, espero que sigamos en la competencia”, escribió Gonzalo Mallarino en su columna. El escritor y poeta colombiano destaca que el equipo nacional de fútbol representa un símbolo de unidad en medio de una sociedad polarizada.
Un amor sin condiciones
Mallarino señala que el amor por la Selección no está basado en visiones políticas ni en intereses personales. “Es un amor puro, hondo hasta lo inefable, que no espera una retribución ni un beneficio personal”, afirma. Este sentimiento, según el autor, no requiere cancelar, odiar o marginar a otros para ser consumado. Su legitimidad radica en que no pertenece a una facción, grupo, zona geográfica o segmento poblacional, sino que es de todos y todas.
La transformación femenina del fútbol
El columnista recuerda que no siempre la Selección fue “de todos”. Antes, con alguna excepción, era un territorio exclusivamente masculino. “¡Y eso cambió de repente! No fue sino hasta que las mujeres acogieron en su regazo al equipo nacional de fútbol que este se volvió un símbolo de la colombianidad”, escribe.
Mallarino sitúa este cambio a partir del Mundial de Brasil 2014. “Ahí empezamos a ver a las mujeres en la calle, en el supermercado, en la oficina, en la casa, en el parque, por los andenes, por las veredas y los campos, llevando la camiseta de la Selección”, describe. Para él, ese fue el momento en que cambió un rasgo esencial del comportamiento colectivo en Colombia.
Un símbolo de fraternidad
El autor celebra que el fútbol ya no sea solo de los hombres y que el amor por Colombia no se exprese únicamente con gritos y arengas machistas. “Ahora el fútbol es también la fiereza femenina y, a un tiempo, los besos, la ternura, los pechos perfumados de las mujeres”, concluye Mallarino, quien es autor de varios libros de poesía y ocho novelas, entre ellas la Trilogía Bogotá y la Trilogía de las Mujeres.



