De la guerra a la siembra: campesinos de Fuentedeoro, Meta, preparan su primera cosecha histórica
Campesinos de Fuentedeoro, Meta, preparan su primera cosecha tras recibir tierras

De la guerra a la siembra: campesinos de Fuentedeoro, Meta, preparan su primera cosecha histórica

A finales de este año, 19 familias campesinas de la vereda El Triunfo en Fuentedeoro, Meta, esperan recoger los primeros frutos de las tierras que les fueron entregadas por la Agencia Nacional de Tierras (ANT). Este momento marca un hito en un proceso histórico que busca devolver la tierra a quienes la han trabajado con dignidad y esperanza, tras décadas de conflicto armado.

Un sueño hecho realidad tras el conflicto

La ANT entregó 80 hectáreas distribuidas en cinco predios a la Asociación de Campesinos Tierra y Vida (Asocamtivi) en noviembre del año pasado. Estas tierras, que en el pasado estuvieron vinculadas al narcotráfico y a la ocupación indebida, hoy vuelven a producir alimentos gracias al esfuerzo de familias que fueron víctimas del conflicto armado.

"La entrega de estas 80 hectáreas en Fuentedeoro no es un hecho aislado, sino parte de un proceso histórico que busca devolverle la tierra a quienes la han trabajado con dignidad y esperanza", afirmó Luz Mila Vásquez Casas, coordinadora de la UGT del Meta de la ANT. "A corte de hoy, en el Meta ya hemos entregado 39.301 hectáreas a familias campesinas y comunidades que fueron víctimas del conflicto armado".

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Resiliencia y trabajo asociativo

Los campesinos beneficiados han demostrado una extraordinaria resiliencia. Don Arturo Ramírez, de 67 años, superó una trombosis que le paralizó medio cuerpo y recuperó 20 millones de pesos perdidos con rifas y venta de comida, para sembrar dos hectáreas de plátano en su propia tierra por primera vez en su vida.

María Inés Amador Gómez, líder de 56 años de Asocamtivi, recuerda cómo iniciaron el proyecto: "Algunos le decían que no, que ese proyecto de la asociatividad no iba a prosperar y que para trabajar la tierra se necesitaba plata, pero que ella estaba tan convencida que les respondía: 'No hay dinero, pero hay manos'". Comenzaron con una rifa y solo 17.000 pesos como capital.

Autofinanciamiento creativo

Ante la renuencia de los bancos a otorgar préstamos, las familias han desarrollado ingeniosas formas de autofinanciamiento:

  • Organización de rifas y bazares
  • Venta de tamales, arepas y envueltos
  • Preparación de caldos, arroz con leche y avena de yuca
  • Eventos comunitarios para recaudar fondos

Estas actividades les permiten cubrir los costos de abono, cuidado, fertilización y mantenimiento de los cultivos, demostrando que la unión hace la fuerza en el campo colombiano.

Las voces de la esperanza

Dilen Amador, otra campesina beneficiada, expresa su felicidad: "Es lo mejor que le ha podido pasar en su vida porque ya uno está trabajando en lo de uno. Esto es una felicidad que yo describo como perfecta".

Ismael Garzón, quien esperó seis años para recibir su parcela, comparte su emoción: "Cuando de un momento a otro nos llamaron y nos entregaron la tierra, nos dijeron: esta es la finca que les vamos a entregar. Eso me puso muy feliz, muy contento".

Luz Mery Torres, desplazada de El Retorno en Guaviare, sembró 1.150 matas de yuca en una hectárea y espera su primera cosecha para octubre: "Esto es para nosotros, que nunca hemos tenido tierra propia, una gran bendición. Ya no tengo que pensar en pagar arriendo por la tierra".

Perspectivas de cosecha y futuro

Actualmente tienen sembradas 25 hectáreas de yuca y 25 hectáreas de plátano. La yuca se puede cosechar a los 7-9 meses, mientras que el plátano requiere casi un año. Con las 30 hectáreas restantes, planean sembrar cultivos semestrales como arroz o maíz.

Este proyecto se enmarca en un esfuerzo nacional más amplio. Durante el gobierno del presidente Gustavo Petro, se han gestionado más de 763.000 hectáreas para campesinos y comunidades étnicas que resistieron el conflicto armado, contribuyendo no solo al bienestar familiar sino también a la soberanía alimentaria de Colombia.

Las familias de Fuentedeoro representan el pulso campesino que nunca debió perderse en el Meta, demostrando que con tierra, trabajo y unidad, es posible transformar el legado de la guerra en esperanza de siembra y cosecha.

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