Guerra en Ucrania: cómo transformó la economía y política exterior de Colombia y América Latina
Impacto de guerra Ucrania en Colombia y Latinoamérica

El conflicto distante que sacudió la economía latinoamericana

Cuando las tropas rusas iniciaron la invasión de Ucrania en febrero de 2022, pocos imaginaron que un conflicto a más de 10.000 kilómetros de distancia alteraría profundamente la realidad económica y política de América Latina. Cuatro años después, las consecuencias se han materializado en forma de inflación galopante, crisis agrícola y una reconfiguración forzada de las alianzas diplomáticas regionales.

El impacto inflacionario: de los cereales a la mesa familiar

El efecto más inmediato y visible fue el aumento generalizado de precios en toda la región. Rusia y Ucrania, como actores centrales en los mercados globales de cereales y energía, vieron sus exportaciones severamente afectadas por bloqueos y sanciones internacionales. Esto provocó incrementos dramáticos: el aceite de girasol subió 67,3 por ciento, el trigo 39,6 por ciento y el maíz 25,9 por ciento en los meses posteriores a la invasión.

Según datos del Banco Mundial, la inflación regional que rondaba el 2,6 por ciento a fines de 2020 se disparó hasta cerca del 9,5 por ciento a mediados de 2022. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo confirmó que el aumento de precios de alimentos golpeó con especial fuerza a los sectores más vulnerables, frenando la recuperación postpandemia y generando tensiones sociales en múltiples países.

La crisis agrícola: fertilizantes y producción local

Un aspecto particularmente crítico fue la dependencia regional de fertilizantes rusos. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe reveló que la región importaba aproximadamente el 78 por ciento de estos insumos desde Rusia. El encarecimiento y escasez resultante elevó significativamente los costos de producción de cultivos esenciales:

  • Arroz y papas
  • Caña de azúcar
  • Maíz amarillo
  • Café

Jairo Agudelo, profesor de relaciones internacionales de la Universidad del Norte, explica que "el shock inflacionario no fue coyuntural sino estructural, agravado posteriormente por la guerra de aranceles de Trump que, aunque parezca ajena, está conectada con el conflicto ucraniano".

Divergencia regional: exportadores versus importadores

La onda expansiva de la guerra no afectó uniformemente a América Latina. Mientras países exportadores de energía como Venezuela, Colombia y Ecuador registraron mejoras en sus términos de intercambio gracias al alza del petróleo y gas (entre 9 y 29 por ciento según el BID), las economías importadoras de energía y alimentos -especialmente en Centroamérica y el Caribe- enfrentaron deterioros comerciales y presiones inflacionarias más agudas.

Kathia Michalczewsky, consultora del Banco Interamericano de Desarrollo, documentó en su investigación de 2024 cómo las exportaciones de bananas, flores, carnes y lácteos hacia Rusia cayeron en países como Paraguay, Chile, Ecuador y Uruguay, mientras que las sanciones financieras complicaron pagos y operaciones logísticas en toda la región.

La diplomacia latinoamericana: entre la neutralidad y el alineamiento

La guerra tensionó significativamente la política exterior regional, obligando a los gobiernos a posicionarse frente a una confrontación entre grandes potencias en un contexto de creciente fragmentación internacional. Las respuestas nacionales se dividieron en tres líneas principales:

  1. Condena sin sanciones: países como Chile respaldaron la soberanía ucraniana en foros multilaterales pero mantuvieron relaciones con Moscú
  2. Neutralidad pragmática: México y Brasil priorizaron el diálogo y evitaron alinearse con Occidente, protegiendo intereses económicos en fertilizantes y energía
  3. Ambigüedad calculada: varios gobiernos matizaron sus posiciones según vínculos políticos e ideológicos

Vladimir Rouvinski, director del Laboratorio de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Icesi, interpreta esta conducta como "una estrategia defensiva ante el regreso de la lógica de bloques y la competencia entre grandes potencias". Sin embargo, advierte que la región aspira a mayor autonomía estratégica pero carece de la cohesión política y mecanismos de coordinación necesarios para ejercerla colectivamente.

Reconfiguración del orden global y oportunidades regionales

Agudelo sitúa estas consecuencias en una crisis más profunda: "El orden internacional de la posguerra fría ya no existe. Las grietas acumuladas resultaron en un colapso de este orden mundial". El retorno al unilateralismo y la política de la fuerza ha obligado a América Latina a repensar su inserción internacional.

Ambos analistas coinciden en que, a cuatro años del conflicto, la región debería fortalecer vínculos con la Unión Europea y capitalizar la presencia china como elemento alternativo a la dependencia tradicional de Estados Unidos o Rusia. La consolidación de alianzas entre bloques, particularmente entre la UE y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, emerge como necesidad estratégica en este nuevo escenario global fragmentado.