La Altillanura colombiana: Un llamado urgente al desarrollo estratégico
Tras un recorrido exhaustivo por la Altillanura, donde visité proyectos agroindustriales y dialogué con empresarios, técnicos y trabajadores, he confirmado una realidad ineludible: el próximo presidente de Colombia, sin importar su afiliación política, debe priorizar con absoluta seriedad el desarrollo agrícola e industrial de esta región estratégica. La producción de alimentos, la generación de empleo, la creación de riqueza y la seguridad alimentaria no son temas ideológicos ni meros debates burocráticos; son responsabilidades constitucionales que trascienden cualquier división partidista. La Altillanura no requiere discursos vacíos, sino decisiones concretas y un liderazgo firme para transformar su vasto potencial en una realidad productiva que beneficie a toda la nación.
Propuesta 1: Infraestructura como pilar fundamental
El primer requisito indispensable es la infraestructura. El próximo gobierno debe comprometerse con un paquete de inversión multianual para completar los 728 kilómetros del terraplén estructural que conecta el eje Puerto Gaitán–Puerto Carreño, la columna vertebral de la movilidad productiva en la región. Actualmente, faltan por finalizar tramos críticos, incluyendo Puente Arimena (69 km), El Viento (62 km), Inspección San Teodoro (132 km), Inspección Santa Cecilia (150 km), Cruce Ruta 4015 (218 km), Caño Juripe y Puerto Carreño (97 km). Este corredor no es una obra más; es una condición habilitante esencial para reducir costos logísticos, atraer inversiones a gran escala, consolidar cadenas agroindustriales y garantizar una salida eficiente de la producción hacia mercados nacionales e internacionales. Sin esta vía estructural, cualquier intento de expandir la frontera agrícola—con cultivos como soya, maíz, caña, palma y ganadería en más de dos millones de hectáreas—seguirá siendo retórica sin posibilidad real de implementación.
Propuesta 2: Seguridad jurídica para la inversión
El segundo compromiso ineludible del próximo presidente es garantizar seguridad jurídica para la propiedad y la inversión. Ningún proyecto agroindustrial de largo plazo puede despegar sin reglas claras y estables. Por ello, se requiere una reglamentación especial que excluya a la Orinoquia y la Altillanura de las restricciones de área impuestas por la Unidad Agrícola Familiar (UAF), un marco que, aunque bien intencionado, resulta incompatible con la escala productiva que exige esta región. La solución propuesta es un modelo híbrido: concesiones o arrendamientos a 30 años de predios baldíos o de falsa tradición, con obligaciones verificables de inversión, inclusión productiva y alianzas estratégicas con pequeños productores locales.
Propuesta 3: Incentivos para industrialización e innovación
El tercer compromiso es un paquete integral de incentivos para la industrialización, la innovación y el financiamiento. La región necesita instituciones sólidas y ciencia aplicada. Instalar un Centro de Investigación y Transferencia Tecnológica en convenio con EMBRAPA de Brasil representaría un salto estructural significativo. Además, es crucial impulsar con la industria cementera plantas de cal dolomita—clave para corregir la acidez del suelo—con capacidad para atender dos millones de toneladas anuales. En materia financiera, el Estado debe ofrecer garantías parciales a fondos internacionales y banca multilateral para reducir tasas de interés y crear un Fondo Parafiscal Agroindustrial, cuyos recursos se destinen exclusivamente a infraestructura, vivienda rural y tecnologías, evitando la burocracia gremial.
Liderazgo presidencial: El factor decisivo
Un punto final y crucial: este programa necesita un doliente en la Casa de Nariño. Sin un liderazgo presidencial comprometido y activo, la Altillanura seguirá siendo postergada en su desarrollo. Con un liderazgo firme y visionario, esta región tiene el potencial de convertirse en el mayor proyecto de desarrollo territorial del siglo XXI en Colombia, impulsando la economía nacional y asegurando un futuro próspero para las generaciones venideras.
