Altillanura busca ser polo agroindustrial con inversión y seguridad jurídica
Altillanura busca ser polo agroindustrial con inversión

La Altillanura volvió al centro del debate económico durante el foro ‘La Altillanura y el nuevo mapa agrícola de Colombia’, donde representantes del sector productivo y empresarial coincidieron en que el país debe pasar de hablar del potencial de la región a construir las condiciones que la conviertan en un nuevo polo agroindustrial. La presidenta del Consejo Privado de Competitividad, Ana Fernanda Maiguascha, afirmó: “Ya no quiero seguir hablando del potencial de la Altillanura. A ver si algún día hablamos de la producción de la Altillanura”.

El reto de la inversión y la seguridad jurídica

Maiguascha recordó que Colombia cuenta con 40 millones de hectáreas con potencial agrícola, pero la Altillanura produce muy por debajo de su capacidad. Señaló que el principal obstáculo no es la tierra, sino la falta de condiciones para atraer inversión. “Necesitamos inversión y uno no invierte donde no tiene garantizados por lo menos la propiedad de sus retornos. En consecuencia, si yo no tengo seguridad jurídica sobre un factor de producción esencial, como es en este caso la tierra, no vamos a lograr avanzar”, explicó.

Construir un ecosistema competitivo

Los participantes coincidieron en que el desarrollo de la Altillanura exige más que ampliar áreas cultivadas: requiere un ecosistema con infraestructura, investigación, tecnología, logística, financiamiento, acceso a mercados y talento especializado. Maiguascha instó a superar el paradigma de la producción de pequeña escala y llevar al campo a la producción moderna. “La productividad la podemos conseguir con inversión, con tecnología y con sofisticación”, afirmó.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

En cuanto a infraestructura, propuso soluciones adaptadas como terraplenes, drenajes y conexiones fluviales, señalando que “a veces vivimos con un estándar de lo perfecto que nos ha impedido construir lo bueno”.

Experiencia internacional y agricultura regenerativa

Manuel Bravo, CEO de la División Agrícola de Bayer para Norte de Latinoamérica, explicó que transformar una frontera agrícola toma décadas. “Estamos hablando de probablemente 20 o 30 años que se han estado desarrollando Los Cerrados y Mato Grosso, en Brasil. La Orinoquía en Colombia tiene la tierra, pero lo que necesitamos desarrollar son esas condiciones que habiliten la posibilidad de convertir la tierra en producción real”, dijo.

Bravo destacó que la agricultura moderna puede revertir el cambio climático mediante prácticas sostenibles, secuestro de carbono y eficiencia en el uso del agua. Bayer considera la Altillanura una oportunidad clave y analiza inversiones en investigación de híbridos para maíz y soya.

El costo de adecuar los suelos y la tecnología

Gonzalo Moreno Gómez, presidente de Fenavi, afirmó que el mayor reto es adecuar los suelos para hacerlos productivos, proceso que demanda inversiones significativas. “La brecha no es la tierra, sino el costo que implica encalar la tierra para volverla productiva”, aseguró. Advirtió que Colombia está rezagada en tecnología de semillas genéticamente modificadas, citando el error de Ecuador, que prohibió el maíz transgénico y elevó sus costos de producción.

Moreno reveló que el sector avícola consume cerca de 7,2 millones de toneladas de maíz al año, mientras la producción nacional es de aproximadamente 1,5 millones de toneladas, lo que evidencia un amplio espacio para ampliar la producción local.

Visión de largo plazo y valor compartido

Mario Andrés Restrepo, presidente de Agropecuaria Aliar y Productos La Fazenda, sostuvo que el desarrollo de la Altillanura requiere una política de Estado con visión sostenida. “Cuando se hace una evaluación de negocio a corto plazo es más fácil comprar la soya e importarla. Pero detrás hay una visión profunda del desarrollo de un territorio que le está aportando a ser país”, señaló.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar

Restrepo explicó que el ciclo productivo de la compañía, desde la siembra de soya hasta la comercialización de carne, dura aproximadamente 19 meses, por lo que el acceso al crédito y la estabilidad institucional son fundamentales. Destacó la importancia de un modelo de valor compartido que incluya comunidades indígenas y fortalezca el empleo local. “Tenemos que enamorar al país de la Orinoquía. Tenemos que convencer inversionistas para poder tener acceso al crédito que vaya acompasado a los retos que tenemos en el sector productivo”, concluyó.