El fenómeno de El Niño costero, combinado con lluvias intensas previstas hasta agosto de 2026, ha puesto en alerta al sector agropecuario peruano. Según el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), aproximadamente 7,4 millones de hectáreas agrícolas se encuentran en niveles de riesgo alto o muy alto de ser afectadas por huaicos e inundaciones. Esta cifra representa cerca del 65% de las 11,2 millones de hectáreas de cultivos en todo el país, equivalentes a dos de cada tres hectáreas cultivables.
Impacto en la economía agropecuaria
El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) ajustó a la baja su proyección de crecimiento para el sector agropecuario en 2026, pasando de 2,5% a 0,3%. La decisión responde a la contracción de la agricultura en abril (0,30% según el INEI) y a los efectos adversos de las anomalías cálidas sobre el rendimiento de cultivos y el peso de las aves. Sthefany Tisnado, especialista en servicios agrometeorológicos del Senamhi, señaló que un El Niño costero fuerte podría elevar las temperaturas del aire hasta tres grados por encima de lo normal, agravando el impacto sobre los cultivos.
Regiones más vulnerables
Cenepred identificó que 3,2 millones de hectáreas están en riesgo muy alto. Por huaicos, las regiones más afectadas serían San Martín (684.730 ha), Cajamarca (437.165 ha), Amazonas (353.139 ha), Junín (308.645 ha), Piura (243.815 ha) y Huánuco (240.907 ha). En cuanto a inundaciones, las 446.581 hectáreas en riesgo muy alto incluyen Ucayali (113.456 ha), San Martín (96.731 ha), Loreto (74.909 ha), Pasco (32.728 ha), Huánuco (30.683 ha) y Huancavelica (30.683 ha).
Riesgo adicional por temperaturas extremas
Tisnado advirtió que, además de los desastres naturales, las altas temperaturas del aire afectarán negativamente el inicio de la campaña agrícola 2026-2027, que normalmente comienza entre agosto y septiembre. Las condiciones cálidas alterarán la inducción floral y la floración de cultivos frutales en la costa central y norte. Ulises Osorio, experto en agroclimatología, mencionó que el mango ya está dejando de florear en campos sin manejo técnico, y que cultivos como olivo y arándanos también podrían verse perjudicados. No obstante, el BCRP estima que el impacto en arándanos será menor que en 2023 debido al recambio varietal y mejoras agronómicas.
Cultivos más afectados
En la vertiente norte, los sembríos de arroz y maíz amarillo duro son los más vulnerables a inundaciones, que además dañan infraestructura de riego como canales y bocatomas. Las altas temperaturas pueden reducir el llenado de granos y los rendimientos. Frutos de exportación como mango y limón sufrirían estrés térmico y falta de horas de frío, alterando su fenología y producción. En la sierra y el altiplano, se prevén retrasos en las siembras de papa y quinua por falta de humedad, acortamiento del periodo vegetativo y reducción del tamaño y calidad de los frutos.
Estrés hídrico y heladas en zonas andinas
Osorio advirtió que en la zona sur del país se podría retrasar la llegada de lluvias hasta noviembre o diciembre, causando estrés hídrico. Además, los vientos anómalos en la tropósfera podrían incrementar la ocurrencia de friajes y heladas en la zona andina centro y sur, retrasando el deshielo de glaciares y reduciendo la disponibilidad hídrica para la agricultura.
Impacto en la pesca
El sector pesquero también se verá afectado. El Ministerio de la Producción suspendió la temporada de pesca en gran parte de la zona norte-centro. Pamela Bernabé, economista de Macroconsult, indicó que la primera temporada de pesca está prácticamente perdida, y proyectó una caída de más del 20% en el sector, frente al 10% estimado anteriormente.



