El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural expidieron una resolución que define y adopta la Metodología para la determinación de las actividades agropecuarias de bajo impacto en páramos (MBIP). La decisión busca fortalecer la protección de estos ecosistemas, reconocer prácticas productivas sostenibles y orientar procesos de reconversión y sustitución productiva con participación comunitaria.
¿Qué es la metodología MBIP y para qué servirá en los páramos?
La MBIP será el instrumento técnico para identificar en campo las prácticas ambientales y productivas de quienes desarrollan actividades agropecuarias en páramos. Sus resultados servirán como línea base para priorizar planes, programas y proyectos de reconversión y sustitución productiva, así como para orientar incentivos, fortalecer usos sostenibles del campesinado y apoyar programas de desarrollo agropecuario sostenible en estos territorios.
La resolución, prevista en la Ley 1930 de 2018, representa un paso en la gestión ambiental y en el reconocimiento de los derechos del campesinado. Su objetivo es garantizar que las prácticas productivas en páramos se desarrollen bajo criterios de sostenibilidad, justicia social y protección de los servicios ecosistémicos que abastecen de agua a millones de colombianos.
Equilibrio entre conservación y comunidades tradicionales
La medida también busca equilibrar dos prioridades: la conservación de la biodiversidad y el reconocimiento de las comunidades que habitan tradicionalmente estos ecosistemas. Por eso, el Gobierno plantea que la metodología tendrá un enfoque diferencial para habitantes tradicionales y organizaciones campesinas, con el fin de ajustar su aplicación a las realidades del territorio.
La resolución establece que la metodología se aplicará a todas las personas naturales y jurídicas que desarrollen actividades agropecuarias en páramos delimitados o en proceso de delimitación participativa. Sin embargo, las producciones destinadas exclusivamente al autoconsumo familiar no serán objeto de evaluación, según el documento divulgado por los ministerios.
Reconversión productiva y participación comunitaria
La ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Irene Vélez Torres, afirmó que la decisión cumple un compromiso del Gobierno de proteger los páramos, promover prácticas sostenibles y garantizar agua y vida para las comunidades. “La metodología que hoy adoptamos es un avance político y estratégico que demuestra que la gestión ambiental es también justicia social y garantía de futuro”, señaló.
Desde el sector agropecuario, la ministra de Agricultura y Desarrollo Rural, Martha Viviana Carvajalino, destacó que el instrumento reconoce el papel del campesinado en la producción de alimentos y en la defensa de la biodiversidad. Según la funcionaria, la MBIP permitirá que las actividades agropecuarias en páramos se desarrollen con buenas prácticas, fortaleciendo la soberanía alimentaria y la transición hacia un modelo agroecológico.
Ese enfoque convierte a la metodología en una herramienta para ordenar la intervención pública en zonas de alta sensibilidad ambiental. Al funcionar como base técnica, permitirá identificar qué prácticas pueden considerarse de bajo impacto y cuáles deben ser objeto de procesos de reconversión o sustitución productiva, siempre con participación comunitaria.
Revisión cada tres años y enfoque territorial
El documento técnico que acompaña la metodología será revisado cada tres años y podrá ser actualizado de manera conjunta por los ministerios de Ambiente y Agricultura. La revisión periódica busca mantener su pertinencia y adaptación a las condiciones de los territorios.
Con esta decisión, el Gobierno plantea una ruta para que la protección de los páramos no se limite a la regulación ambiental, sino que incorpore la vida productiva de las comunidades campesinas. La apuesta es que la conservación avance junto con la soberanía alimentaria, la defensa de la biodiversidad y el fortalecimiento de derechos en los territorios.
La adopción de la MBIP señala que proteger estos ecosistemas exige reglas claras, información técnica y reconocimiento de quienes los habitan. En adelante, la aplicación de la metodología será clave para definir cómo se armonizan la producción agropecuaria sostenible, la reconversión productiva y la preservación de fuentes de agua estratégicas para el país.



