Colombia recibió US$13.098 millones en remesas durante 2025, un 10,6% más que los US$11.848 millones de 2024, según un análisis de Asobancaria. Este flujo representa cerca del 3% del PIB y supera los ingresos del café y la inversión extranjera directa, consolidando al país como el tercer mayor receptor de remesas en América Latina, solo detrás de México y Guatemala.
Remesas como motor de vivienda
El informe de Asobancaria destaca que los recursos enviados por colombianos en el exterior se están convirtiendo en una fuente potencial de ahorro, inversión y adquisición de vivienda. Sin embargo, el país aún no ha aprovechado plenamente esta oportunidad. La migración colombiana ha sido clave: entre 2022 y 2023 cerca de un millón de colombianos salió del país, mientras que la contratación transfronteriza de trabajadores colombianos aumentó 49% en 2025, según Deel.
Estados Unidos concentra el 53,4% de las remesas que llegan a Colombia, seguido por España, y ganan importancia Canadá, Reino Unido y Chile. Cerca de 4 de cada 10 colombianos ocupados en EE. UU. trabajan en actividades profesionales y administrativas, lo que supone mayores ingresos y capacidad de ahorro para adquirir vivienda en Colombia.
El modelo mexicano como referencia
México es el principal referente regional en el uso de remesas para vivienda. Allí, la banca desarrolló productos hipotecarios dirigidos a migrantes, como el programa Tu Opción México de BBVA, que valida ingresos desde el extranjero, realiza trámites digitales y administra el crédito desde otro país. Uno de los hallazgos clave es que los créditos otorgados a migrantes presentan menores niveles de morosidad, demostrando que la distancia geográfica no implica mayor riesgo cuando existen adecuados mecanismos de evaluación.
Un estudio de International Migration Review encontró que solo el 19,9% de los migrantes consultados tenía vivienda en su país de residencia, mientras que el 30,4% ya poseía un inmueble en su nación de origen. Además, el 49,6% manifestó su intención de comprarla. La principal barrera no es la falta de interés, sino las dificultades para validar ingresos obtenidos en el exterior, la distancia geográfica y las restricciones regulatorias que limitan el acceso al crédito hipotecario.
Oportunidad en medio de la desaceleración
El informe de Asobancaria considera que esta experiencia cobra especial importancia en Colombia, donde el mercado de vivienda atraviesa una desaceleración por la reducción de subsidios, la caída en las ventas de Vivienda de Interés Social (VIS) y las dificultades de acceso para numerosos hogares. Pese al contexto, el interés por adquirir vivienda es elevado: estudios de Camacol indican que el 83,8% de los jóvenes aspira a tener casa propia, y cerca del 70% de quienes no planean comprarla atribuye esa decisión a limitaciones económicas y financieras.
La demanda internacional por vivienda colombiana viene creciendo con rapidez. En abril de 2025, el 8,8% de las ventas correspondió a compradores internacionales: 6,4% colombianos residentes en el exterior y 2,4% extranjeros. Nueve meses antes, la participación de colombianos en el exterior era de 4,7%, lo que representa un crecimiento cercano al 36%. En la vivienda No VIS, el 15,6% de las ventas proviene de compradores internacionales. Quindío lidera la participación de colombianos residentes en el exterior con 22%, seguido por Bolívar (16%), Magdalena (14%), Risaralda (12%) y Antioquia (11%). Estados Unidos concentra el 57,9% de estos compradores, mientras España representa el 18,7%.
Iniciativas existentes y camino a seguir
Según Viventa, el 34% de quienes envían remesas lo hacen para comprar o mejorar vivienda; de ellos, el 62% adquiere inmuebles como inversión y el 78% prefiere vivienda nueva. Colombia no parte desde cero: desde comienzos de este siglo surgieron iniciativas como Colombia Nos Une, y el programa Mi Casa con Remesas permitió abrir más de 98.000 cuentas para colombianos residentes en el exterior y desembolsar más de 9.000 créditos hipotecarios, además de múltiples ferias internacionales para promover proyectos inmobiliarios nacionales.
El análisis de Asobancaria concluye que el reto consiste en transformar esos flujos en patrimonio inmobiliario para los hogares colombianos, siguiendo el ejemplo de México y superando las barreras regulatorias y de validación de ingresos.



