Miles de vendedores ambulantes de comida en Colombia están accediendo a capacitación, acompañamiento técnico y oportunidades de financiación a través de una iniciativa impulsada por Colgas que busca fortalecer los micronegocios que operan en el espacio público. La estrategia, denominada ‘Programa Parceros’, parte de una premisa sencilla: detrás de cada cliente de la compañía existe un emprendedor que sostiene a una familia y que necesita herramientas para crecer, mejorar sus condiciones de trabajo y acceder a oportunidades que tradicionalmente han estado fuera de su alcance.
La iniciativa nació como una expresión del propósito corporativo de Colgas de potenciar el espíritu emprendedor. Según la compañía, el programa fue construido tras un proceso de investigación que incluyó el análisis de más de 30 documentos especializados sobre emprendimiento, más de 400 entrevistas realizadas a emprendedores y mesas de trabajo con entidades del ecosistema empresarial colombiano.
Realidad de los vendedores informales en Colombia
El resultado fue la identificación de la realidad de miles de trabajadores informales del país. En Colombia, más del 56% de la población ocupada trabaja en condiciones de informalidad y una parte importante de estas personas encuentra en la venta ambulante de alimentos su principal fuente de ingresos. Sin embargo, la actividad suele desarrollarse en medio de limitaciones relacionadas con la seguridad operativa, el acceso a financiación y la formación técnica.
Para Colgas, el crecimiento de estos pequeños negocios tiene un impacto directo sobre el ecosistema económico de los territorios donde operan. Por esa razón, el programa fue diseñado como una intervención integral que va más allá del suministro de energía y busca acompañar a los emprendedores en distintos frentes de desarrollo.
Impacto del ‘Programa Parceros’ a nivel nacional
Actualmente, cerca de 12.000 parceros hacen parte del ecosistema del ‘Programa Parceros’ a nivel nacional. Durante 2025, la empresa reportó haber impactado a 5.991 emprendedores mediante sus programas integrales de propósito, dentro de los cuales los vendedores de comida al paso representan uno de los segmentos prioritarios.
Uno de los componentes centrales del programa es la capacitación en el uso seguro del gas licuado de petróleo (GLP). Los emprendedores reciben formación sobre conexión segura de cilindros, detección de fugas mediante prueba jabonosa, mantenimiento de equipos y protocolos de seguridad para operar en espacios públicos.
La compañía explicó que los principales riesgos que busca prevenir son las fugas de gas provocadas por conexiones deficientes o el uso de cilindros no certificados, así como a la exposición permanente a humos derivados de la combustión de carbón y leña, una situación que puede generar enfermedades respiratorias crónicas.
La capacitación también busca reducir los riesgos de accidentes derivados de la manipulación inadecuada de equipos en lugares con alta circulación de personas. Además, los participantes reciben elementos de protección personal y los equipos instalados cuentan con certificaciones normativas y mecanismos de verificación técnica.
Descarbonización de puestos de venta
La apuesta de Colgas también incluye procesos de descarbonización de los puestos de venta. De acuerdo con los resultados reportados por la empresa, 17 parceros han sido beneficiados con la entrega de carritos de comida equipados con tecnología GLP, lo que ha permitido reducir en un 50% las emisiones frente al uso de carbón o leña.
La compañía estima, además, que los emprendedores que realizaron esta transición han registrado un crecimiento económico cercano al 20%, acompañado por una mayor diversificación de los productos que ofrecen a sus clientes.
Capacitación con el Sena y herramientas para fortalecer los negocios
La formación es otro de los pilares del programa. Para ello, Colgas estableció una articulación con el Sena que permite a los vendedores ambulantes acceder de manera gratuita a cursos certificados de manipulación de alimentos. La iniciativa busca fortalecer aspectos relacionados con la higiene, conservación y preparación de los productos que comercializan. Durante 2025, un total de 261 parceros obtuvieron esta certificación.
Según la compañía, el proceso ha generado beneficios que van desde una mejora en las condiciones de salubridad hasta mayores posibilidades de formalización. En muchas ciudades, este tipo de certificaciones constituye un requisito para acceder a permisos de operación en el espacio público, lo que convierte la capacitación en una herramienta clave para quienes buscan consolidar sus negocios.
La formación también contribuye a aumentar la confianza de los consumidores y brinda conocimientos que facilitan la innovación en la oferta gastronómica de los emprendedores. A este componente se suma la Universidad Corporativa para Emprendedores, una plataforma de formación que ofrece contenidos relacionados con finanzas personales, administración de negocios y marketing digital. De acuerdo con los resultados reportados, 2.478 personas han recibido capacitación a través de esta herramienta.
El perfil de los participantes refleja la diversidad de este segmento económico. Se trata principalmente de personas entre los 25 y 45 años, con presencia importante de mujeres cabeza de hogar y población migrante. En su mayoría cuentan con educación primaria o secundaria y desarrollan actividades de autoempleo vinculadas al comercio minorista y los servicios de alimentación.
La presencia del programa se extiende a ciudades como Bogotá, Medellín, Cartagena, Neiva, Ibagué, Bucaramanga, Manizales, Cali y Rivera, entre otras. Uno de los datos que más llama la atención es que el 80% de los emprendedores asegura que este negocio constituye su única fuente de ingresos. La principal motivación para emprender es la superación personal, seguida por la necesidad de subsistencia económica y el deseo de generar un ejemplo positivo para sus familias.
El comportamiento como cliente abre la puerta al crédito formal
Uno de los aspectos más innovadores del ‘Programa Parceros’ es el modelo desarrollado junto con Mibanco para facilitar el acceso a financiación formal. La alianza busca atender una de las principales barreras que enfrentan los pequeños emprendedores: la dificultad para acceder a crédito debido a la ausencia de historial financiero o soportes tradicionales exigidos por la banca.
En este caso, el comportamiento comercial de los emprendedores se convierte en una herramienta de evaluación. La frecuencia de compra de gas, la permanencia dentro del programa, la participación en procesos de capacitación y la disciplina operativa son variables que ayudan a construir un perfil de riesgo complementario al sistema financiero convencional.
De esta manera, la información acumulada durante años de relación comercial sirve como una especie de aval que permite valorar la capacidad real de pago de los negocios. Gracias a este esquema, cerca de 12.000 microempresarios del ‘Programa Parceros’ podrán acceder a créditos destinados a capital de trabajo, compra de equipos, remodelación de negocios y procesos de formalización. Los montos van desde $500.000 hasta $35 millones, con plazos que oscilan entre seis y 36 meses. La iniciativa también contempla educación financiera y acompañamiento permanente para los beneficiarios.
Para Colgas, el objetivo es que estos emprendedores dejen de ser invisibles para el sistema financiero y puedan construir un historial crediticio que les permita acceder a nuevas oportunidades de crecimiento. La apuesta es seguir ampliando el alcance del programa y fortalecer un ecosistema en el que la capacitación, la inclusión financiera y la modernización de los negocios se conviertan en herramientas para impulsar el desarrollo económico desde los territorios.



