La industria textil argentina enfrenta su peor crisis en décadas
Detrás del glamour y las pasarelas de la Semana de la Moda de Buenos Aires, conocida como Bafweek, se esconde una realidad dramática para el sector textil y de confección argentino. Mientras los modelos exhiben las creaciones de diseñadores locales en una de las capitales de la moda más influyentes de Latinoamérica, la industria nacional atraviesa una de sus peores recesiones en décadas.
Políticas de apertura comercial aceleran la crisis
La agenda de apertura de mercado impulsada por el presidente Javier Milei, orientada a desregular el comercio y promover la competencia, ha tenido un impacto devastador en el sector textil nacional. El gobierno redujo los aranceles para ropa y calzado del 35% al 20% el año pasado, además de flexibilizar las normas para compras internacionales de comercio electrónico.
El umbral de exención de aranceles para envíos de mensajería se elevó a US$400 en 2024, facilitando la entrada masiva de productos importados. Aunque estas medidas han contribuido a controlar la inflación y estabilizar precios, han desencadenado una contracción económica profunda para industrias nacionales como la textil.
Importaciones chinas inundan el mercado
La Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) reveló que las importaciones puerta a puerta enviadas directamente desde otros países a hogares de consumidores casi se cuadruplicaron durante el año pasado. China ha sido el principal beneficiario de este cambio, aumentando su participación en importaciones de textiles y prendas de vestir del 55% en 2022 al 70% en 2025.
"Este crecimiento ha sido impulsado en gran medida por plataformas de moda rápida como Shein y Temu", explicó Priscila Makari, directora de la Fundación Pro Tejer. Estas tiendas online han ganado popularidad en Latinoamérica ofreciendo precios bajísimos, promociones constantes y entregas a domicilio.
Consumidores cambian hábitos de compra
Compradores como Sarah Alcaje, de 24 años, representan el cambio generacional en los hábitos de consumo. Frustrados por la escasa diversidad y altos precios en el mercado local, especialmente fuera de las grandes ciudades, cada vez más argentinos recurren a plataformas internacionales.
"Ahora con las plataformas online es mucho más fácil pedir ropa, zapatos y demás cosas. Los precios están bastante bien y la entrega es en muy poco tiempo", comentó Alcaje, quien antes cruzaba la frontera de Mendoza a Chile para encontrar ropa asequible.
Pérdida masiva de empleos y capacidad productiva
Para los fabricantes nacionales, competir en este nuevo escenario resulta extremadamente difícil. El sector textil argentino ha reducido su plantilla en un 16% desde 2023, pasando de 121.000 empleados a 102.000 a finales del año pasado, según datos sectoriales publicados en febrero.
En la planta textil familiar Amesud, ubicada en la zona industrial de San Martín en las afueras de Buenos Aires, la situación es crítica. El director ejecutivo David Kim reveló que la fábrica opera a solo el 30% de su capacidad, a pesar de haber invertido US$10 millones en maquinaria importada durante la última década.
"Esta es la peor crisis de nuestra historia", afirmó Kim desde la fábrica, donde muchas máquinas permanecen apagadas incluso durante días laborables. "No tenemos problema en competir, pero necesitamos que no nos pisen con impuestos y cargas laborales que en otros países no existen".
Reducción drástica de personal y producción
Como consecuencia de la caída en los pedidos, Kim redujo su personal de 420 trabajadores a aproximadamente 240 y disminuyó los días de producción semanales de cinco a cuatro. El temor a no poder cubrir costos operativos se ha convertido en una preocupación constante para los empresarios del sector.
"Tenemos miedo de que en algún momento ni siquiera podamos llegar a cubrir nuestros costos con esa baja producción", expresó Kim. "Tememos que muchas industrias de nuestro rubro desaparezcan. Esperemos que no seamos nosotros".
Diseñadores locales enfrentan panorama sombrío
La diseñadora de vestidos de novia Valentina Schuchner, de 29 años, se siente afortunada de presentar su colección en Bafweek por cuarta vez, pero lamenta el panorama general. "Está un poco raro el entorno anímicamente. Todos están más tristes, más estresados, es más difícil llegar a fin de mes", comentó mientras realizaba preparativos de último minuto para la semana de la moda.
Schuchner observa cómo marcas locales desaparecen a su alrededor: "No se está vendiendo tanto, no hay tanto consumo. La gente no tiene tanto dinero para gastar en ropa o darse lujos".
Equilibrio geopolítico complejo
Este cambio en el comercio textil se produce en un contexto geopolítico delicado. Mientras Washington insta a sus socios regionales a contrarrestar la influencia china, la creciente dependencia del comercio con Pekín crea un acto de equilibrio para aliados de Estados Unidos como el presidente Milei y su homólogo chileno José Kast.
Futuro incierto para la tradición textil argentina
La Fundación Pro Tejer advierte que las políticas de Milei han inclinado aún más el campo de juego contra productores textiles nacionales, en un momento en que el sector ya estaba debilitado por una fuerte caída en el gasto del consumidor.
"Desde las más chicas o emprendedores medianos, hasta grandes diseñadores, todos están atravesando un panorama muy complicado", señaló Makari. "Todo el potencial que tiene Argentina, toda la historia, los diseñadores, los trabajadores altamente capacitados y la tradición familiar... Es muy dramático ver que se pierdan puestos de trabajo o se cierren empresas".
El Ministerio de Comercio del gobierno de Milei se negó a hacer comentarios sobre esta situación, dejando en el aire las perspectivas de recuperación para un sector que históricamente ha sido pilar de la economía y la identidad cultural argentina.



