La política comercial global atraviesa un giro silencioso pero cada vez más determinante para las exportaciones. Aunque los aranceles aumentaron con fuerza en 2025, el mayor obstáculo para comerciar ya no está en los impuestos fronterizos, sino en regulaciones técnicas, requisitos sanitarios, certificaciones y procedimientos administrativos que definen quién puede vender, qué puede vender y a qué mercados puede ingresar.
Así lo advierte el Informe sobre el Comercio Global de la ONU de Comercio y Desarrollo (UNCTAD), que identifica a las medidas no arancelarias (MNA) como el principal costo comercial para la mayoría de los países. Las MNA generan más costos comerciales que los aranceles en el 88% de las economías analizadas.
El cambio silencioso en el comercio mundial
El cambio resulta especialmente relevante porque ocurre en medio de un retorno del intervencionismo comercial. Los aranceles volvieron a subir luego de años de relativa estabilidad, y lo hicieron con especial intensidad para economías que dependen del comercio exterior. Sin embargo, el informe advierte que el impacto más profundo sobre las exportaciones no está ocurriendo por esa vía.
Según el documento, las exigencias regulatorias ya representan mayores costos de exportación que los gravámenes tradicionales para el 88% de las economías analizadas. El dato refleja una transformación de fondo: comerciar depende menos de pagar impuestos y más de cumplir estándares.
Aranceles en aumento pero con menor peso relativo
Los aranceles crecieron drásticamente durante 2025. Según el reporte, aumentaron un 10% para los países desarrollados, un 16% para los países en desarrollo y un 18% para los países menos adelantados. Aun así, esas alzas no explican por sí solas las nuevas restricciones comerciales.
El verdadero peso recae sobre las MNA, un conjunto de reglas que incluye regulaciones técnicas, requisitos sanitarios y de seguridad, así como procedimientos de certificación y trámites administrativos. Aunque suelen justificarse por razones legítimas de salud pública, calidad o protección ambiental, su cumplimiento implica costos crecientes de información, pruebas y adecuaciones.
La consecuencia práctica es que exportar ya no depende únicamente de tener demanda o precios competitivos. En numerosos sectores, el acceso a un mercado exige demostrar estándares específicos, cumplir protocolos regulatorios y superar procesos de validación que pueden variar de un país a otro.
Brecha creciente entre economías
El informe identifica una brecha cada vez más profunda entre economías con capacidades institucionales robustas y aquellas que todavía enfrentan limitaciones técnicas. Para los países en desarrollo y los menos adelantados, el escenario combina el aumento de aranceles con requisitos regulatorios cada vez más complejos.
La UNCTAD advierte que los países en desarrollo enfrentan una doble carga, donde el encarecimiento del comercio coincide con mayores exigencias normativas. En regiones como América Latina y Asia Meridional, los aranceles sobre exportaciones casi se duplicaron durante 2025.
Por su parte, los países menos adelantados pierden alrededor del 10% de sus exportaciones hacia mercados del G20 porque no logran cumplir los requisitos asociados a las medidas no arancelarias. En muchos casos, el problema no es la ausencia de productos competitivos, sino la imposibilidad de certificar procesos o responder a estándares técnicos exigidos.
Impacto desproporcionado en pequeños exportadores
El golpe resulta todavía más fuerte para exportadores pequeños. La limitada capacidad financiera y técnica suele dificultar el acceso a certificaciones, auditorías y procesos regulatorios complejos. Cuando no existen instalaciones locales para pruebas o validaciones, muchas empresas deben enviar sus productos al extranjero, aumentando costos y tiempos de respuesta.
La complejidad regulatoria también se convierte en un problema de acceso a información. Más allá de las normas en sí mismas, uno de los mayores obstáculos es entender cuáles aplican, cómo cambian y qué requisitos específicos exigen para cada producto o destino comercial.
La falta de transparencia actúa como una barrera comercial oculta, según el informe. La ausencia de información clara añade incertidumbre, genera demoras y encarece el proceso exportador, especialmente para compañías de menor tamaño que carecen de equipos especializados para interpretar requisitos regulatorios internacionales.
El impacto económico de esa falta de claridad no es menor. Según el documento, mejorar la transparencia podría reducir los costos comerciales relacionados con las medidas no arancelarias en torno a un 19%. Cuando las regulaciones no se notifican adecuadamente, el costo puede llegar a ser equivalente a un arancel del 28%.
La armonización como solución
La situación está modificando incluso el enfoque de los acuerdos comerciales. Durante décadas, las negociaciones internacionales estuvieron dominadas por recortes arancelarios. Ahora, el centro de la conversación gira hacia la armonización de normas, el reconocimiento mutuo de estándares y la simplificación de procedimientos regulatorios.
El documento sostiene que las MNA son una parte central de los acuerdos comerciales recientes, y señala que la convergencia regulatoria se ha convertido en una herramienta para reducir costos sin sacrificar objetivos de política pública.
La coordinación entre países podría representar un alivio tangible. El informe calcula que armonizar reglas o reconocer estándares compartidos puede reducir los costos relacionados con las MNA entre un 15% y un 30%. En África, incluso niveles limitados de cooperación podrían disminuir esos costos entre un 30% y un 40% en sectores agrícolas y manufactureros.
Regulaciones necesarias pero mejorables
La discusión, sin embargo, no pasa por eliminar regulaciones. El documento insiste en que estas medidas cumplen funciones esenciales para proteger la salud, garantizar seguridad y preservar el medio ambiente. El desafío consiste en reducir duplicidades, mejorar el acceso a información y facilitar el cumplimiento regulatorio.
La prioridad es reducir los costos innecesarios manteniendo estas protecciones, concluye el informe. Sin avances en transparencia, cooperación regulatoria y apoyo técnico, las medidas no arancelarias podrían terminar erosionando los beneficios de la liberalización comercial y profundizando las brechas entre países.
El resultado es un comercio internacional que se vuelve más restrictivo incluso en escenarios de bajos aranceles. El nuevo muro ya no está necesariamente en las aduanas. Se encuentra, cada vez más, en el cumplimiento de normas que determinan quién logra entrar al mercado global y quién queda afuera.



