VIS en pesos gana terreno: compradores buscan certeza ante alza histórica del salario mínimo
Comprar una Vivienda de Interés Social (VIS) implica más que ahorrar para la cuota inicial y obtener un crédito hipotecario. Para miles de hogares colombianos, este proceso conlleva una incertidumbre adicional: que el precio final de la vivienda supere las proyecciones iniciales cuando está atado al salario mínimo, el cual experimentó un aumento del 23% para el año 2026. Esta situación ha generado temores sobre la viabilidad del cierre financiero entre familias que ya habían iniciado sus trámites.
Cambio en la comercialización: de salarios mínimos a pesos
Según un comunicado del Ministerio de Vivienda emitido el viernes 13 de marzo, la oferta de proyectos VIS en pesos colombianos ha superado a la que aún se comercializa en salarios mínimos. Datos recopilados de la firma Galería Inmobiliaria indican que la proporción de proyectos VIS ofertados en pesos aumentó del 25% en septiembre de 2025 al 57% en marzo de 2026. Este cambio refleja los esfuerzos del gobierno por transformar la manera en que se vende este tipo de vivienda, en respuesta a las críticas sobre la práctica de indexar los precios a las variaciones anuales del salario mínimo.
El sector inmobiliario espera la emisión de un decreto, actualmente en proyecto, que busca estandarizar la oferta de VIS en pesos con precios fijos hasta la escrituración. La iniciativa, según el ministerio, tiene como objetivo proporcionar mayor certeza a los compradores y evitar fluctuaciones en el valor final durante el proceso de adquisición.
Impacto en los hogares y respaldo gubernamental
El Ministerio de Vivienda ha defendido que este nuevo esquema protege mejor a las familias, especialmente en contextos de fuertes alzas del salario mínimo, como la registrada en 2026. Atar los precios de las viviendas VIS a los salarios mínimos legales vigentes puede generar incrementos ajenos a los costos de construcción, lo que a su vez provoca desistimientos entre familias que ven cómo el precio de su futura vivienda sube anualmente.
En condiciones normales, constructoras y compradores suelen realizar proyecciones basadas en aumentos previsibles del salario mínimo. Sin embargo, el incremento del 23% para 2026 rompió estos supuestos, encareciendo de manera abrupta las viviendas cuyo precio seguía vinculado a esta referencia. Esto ha llevado a casos donde hogares que habían separado una VIS, avanzado en el ahorro de la cuota inicial y estructurado su crédito con ciertas expectativas, enfrentan ahora aumentos anuales inesperados.
Preocupaciones del sector constructor
La apuesta del gobierno no ha sido bien recibida por todos los actores del sector. Desde Camacol y otras voces de la industria se ha advertido que fijar precios en pesos hasta la escrituración podría trasladar mayores riesgos a los constructores. En el segmento VIS, los costos laborales, de materiales y de ejecución pueden variar significativamente a lo largo de la vida de un proyecto, lo que complica la estabilidad de precios fijos.
No obstante, algunos expertos del sector argumentan que el impacto del aumento del salario mínimo no necesariamente se traslada en su totalidad al comprador, ya que las constructoras también tienen incentivos para asegurar el cierre financiero de sus clientes. El debate continúa mientras se busca un equilibrio entre la protección de los hogares y la viabilidad económica de los proyectos de construcción.



