Uruguay mantiene credibilidad macro pero no logra acelerar inversión
Uruguay mantiene credibilidad macro pero no acelera inversión

Uruguay continúa gozando de una sólida reputación macroeconómica, con un riesgo país en mínimos históricos y acceso fluido a los mercados internacionales, a pesar de la incertidumbre global por conflictos geopolíticos y tensiones comerciales. Sin embargo, esta fortaleza no se ha traducido en un dinamismo inversor que acelere el crecimiento potencial de la economía, según el informe Situación Uruguay 2026 presentado por BBVA Research.

Fortaleza estructural y vulnerabilidad reducida

Las recientes tensiones en Medio Oriente evidenciaron la resiliencia de Uruguay. Mientras el conflicto elevó los precios del petróleo y generó temores de desabastecimiento energético, el país enfrentó la crisis con una vulnerabilidad mucho menor que en el pasado, gracias a la transformación de su matriz eléctrica hacia energías renovables. Esto, sumado a la baja percepción de riesgo, refuerza la confianza de los mercados.

El desafío de la inversión

La inversión representa actualmente alrededor del 16% del PIB, un nivel bajo en comparación internacional e inferior al promedio de América Latina. La economista Adriana Haring señaló que los picos de inversión en Uruguay suelen estar asociados a megaproyectos puntuales, como las plantas de celulosa o el Ferrocarril Central, pero una vez finalizados, la inversión retrocede. El país no logra consolidar un flujo permanente de nuevas inversiones privadas de magnitud.

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Factores que limitan la inversión

Detrás de este estancamiento se encuentran varios factores estructurales. En primer lugar, la baja productividad, que refleja dificultades para incorporar nuevas tecnologías y mejorar la eficiencia. Además, persisten brechas de capital humano en áreas técnicas específicas. En segundo lugar, la escala reducida del mercado interno limita la rentabilidad de muchas inversiones, haciendo necesaria la exportación para alcanzar volúmenes viables. Sin embargo, las reglas del Mercosur y la distancia a los centros de consumo global encarecen la logística y reducen la competitividad.

El denominado “costo país” también juega un rol: salarios relativamente altos en dólares, costos elevados en servicios, logística e infraestructura, y procesos regulatorios complejos. Aunque Uruguay destaca por su fortaleza institucional y seguridad jurídica, estos atributos coexisten con costos operativos que afectan la rentabilidad de los proyectos. La combinación de estos factores limita tanto la llegada de capital externo como las decisiones de inversión de las empresas locales.

Crecimiento moderado y perspectivas

En el corto plazo, la economía muestra señales de mejora. El PIB creció 0,8% frente al trimestre anterior en términos desestacionalizados y 0,9% interanual en el primer trimestre, superando las expectativas de BBVA Research. No obstante, la entidad mantiene proyecciones moderadas: 1,3% para 2026 y 1,8% para 2027, impulsados principalmente por el consumo privado (gracias a la recuperación de los salarios reales) y las exportaciones de commodities. La inversión, en cambio, continuaría débil, siendo el principal cuello de botella para acelerar el crecimiento.

El economista Juan Manuel Manías resumió: “Uruguay está bien parado, hizo ya muchas de sus tareas en orden macroeconómico. El desafío es usar esta plataforma para elevar la inversión y aumentar la productividad y la competitividad, pero que no sea cambiaria, que es un poco hacia dónde va el diagnóstico y la reforma que está proponiendo el gobierno”.

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