De bonguero a microempresario: la transformación de Fermín en Soplaviento
De bonguero a microempresario: la transformación de Fermín

Durante más de 40 años, la vida de Fermín Romero Mendoza estuvo ligada al río. Desde adolescente aprendió el oficio de bonguero, quienes se dedicaron durante décadas al transporte por el canal no solo de personas desde San Estanislao de Kostka o Arenal, sino también de alimentos y mercancías. Por el Canal del Dique pasaban pasajeros, cerveza, cemento y productos agrícolas. Todo se movía sobre el agua. Fermín era uno de los más de 70 bongueros que diariamente trabajaban en el puerto improvisado del pueblo. Con ese oficio levantó a sus cinco hijos y sostuvo su hogar durante gran parte de su vida.

El fin de una era: el puente que cambió todo

En el municipio de Soplaviento, muchos antiguos bongueros tuvieron que reinventarse tras la desaparición del oficio hace alrededor de cinco años, cuando se dio la inauguración del puente ‘Catalino Parra’ que conecta la zona. Algunos hoy venden pescado o trabajan en pequeños comercios. Muchos son apoyados por el capital semilla entregado por la Cámara de Comercio de Cartagena.

Soplaviento Avanza: una iniciativa que impulsa el desarrollo

En el caso de Fermín, él eligió seguir ligado a la tierra y a la economía popular, encontrando así una nueva oportunidad gracias al programa Soplaviento Avanza, una iniciativa que apuesta al desarrollo regional impulsada por la Cámara de Comercio de Cartagena junto con la Gobernación de Bolívar. Ya no atraviesa el río transportando pasajeros bajo el sol ardiente que azota el mediodía a los pueblos ribereños. Ahora recorre parcelas buscando productos agrícolas y haciendo cuentas para sostener su emprendimiento.

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La iniciativa benefició a 104 microempresarios del municipio. Como resultado, se impartieron más de 1.600 horas de formación, con acompañamiento en mercadeo, ventas, sostenibilidad, inocuidad alimentaria, desarrollo productivo y campañas comerciales. Fermín fue uno de ellos. Además del proceso de formación, el programa incluyó apoyo económico directo. Cada unidad productiva recibió un plan de inversión cercana a los cinco millones de pesos, destinados a fortalecer capital de trabajo, compra de insumos y mejora de sus capacidades productivas.

El nacimiento de 'Ferrome'

Con este capital, Fermín comenzó a dedicarse a la compra y venta de productos agrícolas. Su negocio se llama “Ferrome”, un negocio familiar cuyo nombre proviene de sus propios apellidos y que le da el sustento a Fermín y a su familia. Este negocio funciona a través de preventas. Primero busca compradores y luego adquiere la mercancía directamente con productores de maíz, yuca y plátano en parcelas cercanas. “No se puede traer por traer”, explica. “Primero hago la preventa para saber cuánto puedo mover”.

El programa también le permitió aprender sobre administración de su negocio, inversión y manejo de recursos, conocimientos que nunca había recibido formalmente. “Nos enseñaron cómo manejar el negocio”, cuenta. “Muchas personas vendían, pero no tenían claro cuánto ganaban en el día a día”, comentó.

La vida actual de Fermín Romero en Soplaviento

Hoy, a sus 60 años, Fermín continúa trabajando diariamente para sostener a su familia. Vive con su esposa y un hijo menor de edad, mientras sus otros hijos ya construyeron sus propios caminos. Su principal sueño ahora es conseguir un motocarro para transportar mercancía por cuenta propia y ampliar el alcance de su negocio. “Con transporte propio podría ir a buscar productos a otros municipios y trabajar mejor”, concluyó. Aunque el río ya no marca el ritmo de sus días como antes, Fermín sigue encontrando en el trabajo una forma de salir adelante. Entre sacos de yuca, maíz y plátano, hoy construye una nueva etapa lejos de las bongas, pero todavía conectado con la historia de un pueblo que aprendió a transformarse tras la llegada del puente.

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