Adjuntas, Puerto Rico: La comunidad construye autonomía energética como respuesta a la crisis eléctrica
Adjuntas: comunidad construye autonomía energética ante crisis eléctrica

Adjuntas, Puerto Rico: La comunidad construye autonomía energética como respuesta a la crisis eléctrica

En las calles de San Juan, la música de plena resuena con letras que narran la pérdida de la luz, convirtiéndose en un himno tras el huracán María, cuando gran parte de Puerto Rico permaneció meses sin electricidad. Esta canción, aún presente en festividades como las de San Sebastián, no es solo música festiva, sino un recordatorio doloroso de que la crisis eléctrica en la isla no es un episodio del pasado. Mientras persisten los apagones, la precariedad del servicio y la pobreza energética, en las montañas de Adjuntas emerge una respuesta comunitaria que no espera soluciones desde arriba.

Un camino comunitario hacia la independencia energética

En Adjuntas, la comunidad decidió ensayar otro camino, no como proyecto piloto o experimento tecnocrático, sino como una apuesta política, social, científica y cultural de largo aliento. Alexis Massol, fundador de Casa Pueblo junto a su esposa Tinti Deya Díaz, explica: "Nosotros decidimos usar la inteligencia comunitaria para construir autonomía energética". Casa Pueblo, con más de treinta años de historia, comenzó resistiendo la minería y luego impulsó la producción de café para lograr autonomía económica, tejiendo gradualmente una propuesta de independencia energética frente a un modelo basado en combustibles fósiles, descrito como costoso, contaminante e injusto.

Aquí, la energía no se concibe como mercancía o infraestructura, sino como condición para el cuidado, la reproducción de la vida y el bienestar colectivo. Por eso, la transición en Adjuntas no se reduce a instalar paneles solares; implica organización, educación, cultura, ciencia apropiada y una ética comunitaria del cuidado. Alexis Massol insiste en la tríada inseparable de ciencia, cultura y comunidad, que sostiene la idea de un pueblo solar y permite imaginar una transición que no depende de grandes corporaciones ni reproduce desigualdades.

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Decidir no esperar: una respuesta a la crisis eléctrica

Frente a una crisis eléctrica no resuelta y apagones cotidianos, la comunidad de Adjuntas tomó una decisión fundamental: no esperar más. Puerto Rico arrastra una infraestructura energética deteriorada por décadas de abandono, privatización y captura corporativa. Arturo Massol, director de Casa Pueblo, resume: "Vivimos un apagón permanente", aludiendo a interrupciones eléctricas y una gestión que reproduce dependencia. Las respuestas institucionales, como cables submarinos o plantas termoeléctricas, son insuficientes y traicionan la posibilidad de un futuro sustentable.

La historia de Adjuntas muestra otro camino posible. En 1999, Casa Pueblo instaló sus primeros cinco paneles fotovoltaicos, un gesto político que señalaba una ruta. Tras el huracán María, esta decisión permitió sostener Radio Casa Pueblo, el Cine Solar y espacios comunitarios durante el colapso eléctrico. Hoy, alcanzan autonomía energética, entendida no como autosuficiencia aislada, sino como condición para el buen vivir, permitiendo cuidar la vida y permanecer en el territorio incluso en crisis.

Del buen vivir al buen convivir: microredes comunitarias

Si la autonomía energética fue el primer paso, el siguiente fue compartirla. En Adjuntas, surgió la pregunta: ¿qué sentido tiene tener energía si el vecino sigue a oscuras? Así comenzó el tránsito del buen vivir al buen convivir, con microredes que no son solo soluciones técnicas, sino una forma de entender la energía como bien común. Varias casas, comercios y espacios comunitarios se conectan a instalaciones solares, compartiendo generación, almacenamiento y responsabilidades.

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Actualmente, funcionan cinco microredes comunitarias, incluyendo Acesa, la Asociación Comunitaria de Energía Solar, que integra vecinos y comerciantes. Aquí, la transición implicó enfrentar dilemas como convencer a competidores de compartir recursos y aprender que la energía no es infinita. "No tenemos una pluma abierta", dice un integrante, destacando un proceso pedagógico sobre consumo y compartir. Se cobra por el servicio desde una lógica de sostenibilidad comunitaria, no de maximización de ganancias, redefiniendo la transición energética como reorganización de relaciones sociales.

Un laboratorio comunitario: ciencia para sostener la vida

Casa Pueblo inauguró el primer laboratorio comunitario para la transición energética, un espacio arraigado en la comunidad que articula formación técnica, investigación aplicada e intercambio de saberes. Aquí, la ciencia no impone soluciones externas, sino que reconoce la inteligencia colectiva de las comunidades como portadoras de saberes para construir su futuro energético. Los temas trabajados incluyen energía y salud, arte, ciencia e innovación, mostrando una visión amplia de la transición como proceso cultural, pedagógico y político.

Este laboratorio, posible gracias al esfuerzo de Casa Pueblo y donantes, permite experimentar y aprender sin responder a la lógica de rentabilidad inmediata. Teje relaciones con universidades, pero con prioridades definidas por la comunidad, convirtiendo el conocimiento en un bien común. En Adjuntas, la transición energética no solo produce electricidad, sino saber, autonomía y confianza colectiva.

Diálogo con América Latina: aprendizajes compartidos

La experiencia de Adjuntas dialoga con luchas similares en América Latina, como en Colombia, donde energías comunitarias surgen en contextos de conflicto armado y abandono estatal, convirtiéndose en herramientas de permanencia territorial y autoprotección. Los conflictos energéticos en Colombia están ligados al agua, recordando que no hay transición posible si se fragmentan los ciclos de la vida, una visión que resuena con Adjuntas, donde la energía no se piensa aislada del territorio.

Otro aprendizaje es reconocer a las comunidades como sujetos políticos, no solo operadores técnicos, disputando decisiones sobre su futuro. El intercambio también advierte sobre riesgos de una "transición verde" sin justicia, donde la financiarización y captura corporativa pueden vaciar alternativas comunitarias. Finalmente, se reflexiona sobre el rol ambivalente del Estado, que puede ser aliado u obstáculo, requiriendo cambios regulatorios y una relación cuidadosa con comunidades.

Muchas voces, una misma corriente

Mientras la plena sigue sonando en Puerto Rico, como archivo y denuncia, Adjuntas se inscribe en una tradición que habla con cultura y organización, afirmando que otro futuro es posible si se construye desde abajo. En América Latina, desde la Patagonia hasta Alaska, diversas comunidades cuidan la vida con sabiduría ancestral, ofreciendo aprendizajes compartidos frente a crisis climática y energética. La tarea urgente es escuchar estas voces, recordando que la energía, como el agua y la vida, no es mercancía, sino vínculo.