Asia se moviliza ante amenaza de colapso energético por conflicto con Irán
Los gobiernos de toda Asia están implementando planes de emergencia y preparándose para los peores escenarios energéticos posibles, mientras la guerra con Irán se prolonga y amenaza con causar una interrupción grave y prolongada del suministro energético global. Esta situación crítica se desarrolla incluso mientras Estados Unidos intenta negociar un plan para poner fin al conflicto en Oriente Medio.
Países asiáticos en estado de alerta máxima
Corea del Sur ha activado oficialmente el modo de crisis, estableciendo un grupo de trabajo económico de emergencia para prepararse urgentemente ante posibles escenarios adversos. Mientras tanto, Filipinas ha declarado el estado de emergencia nacional, citando un "peligro inminente de un suministro energético críticamente bajo" que podría paralizar al país.
Japón está revisando exhaustivamente toda su cadena de suministro de productos derivados del petróleo ante la creciente probabilidad de escasez y efectos en cadena en toda su economía. En India, el primer ministro Narendra Modi ha advertido que esta guerra podría generar desafíos sin precedentes para la nación, comparando la situación actual con la preparación requerida durante la pandemia de coronavirus hace cinco años.
El estrecho de Ormuz: punto crítico de la crisis
En menos de un mes desde el inicio del conflicto en Oriente Medio, las naciones asiáticas han adoptado una postura de emergencia que subraya la importancia vital del estrecho de Ormuz para el flujo energético mundial. Aproximadamente una cuarta parte del comercio mundial de petróleo por vía marítima, junto con grandes volúmenes de otras materias primas, transitan por este estrecho de 160 kilómetros de longitud, con gran parte de estos recursos destinados a Asia.
Irán, situado al norte del estrecho, ha cerrado prácticamente al tráfico marítimo esta vía crucial, permitiendo solo el paso de buques autorizados. "En estos momentos, el cierre del estrecho de Ormuz es, en cierto modo, una crisis asiática", declaró recientemente el ministro de Asuntos Exteriores de Singapur, Vivian Balakrishnan. "La vulnerabilidad es conocida, pero nunca se había puesto a prueba de forma tan extrema como lo está haciendo hoy".
Impacto inmediato en economías asiáticas
La escasez energética ya se siente con fuerza en toda Asia:
- Se han reducido las jornadas laborales en varios sectores
- Se ha apagado el alumbrado público en numerosas ciudades
- Se ha forzado el cierre temporal de gasolineras
- En Pakistán, se ha pedido a los aficionados al críquet que se queden en casa y vean los partidos por televisión para ahorrar combustible
- Según fuentes cercanas al asunto, Pakistán también planea imponer cuotas de combustible para vehículos
En algunas zonas de Bangladesh, los automovilistas esperan durante horas para repostar, con colas que se extienden hasta un kilómetro. Las autoridades han paralizado la producción en la mayoría de las plantas de fertilizantes y buscan urgentemente préstamos multilaterales por valor de US$2.000 millones para garantizar energía suficiente que satisfaga la creciente demanda estival.
Resurgimiento del proteccionismo y cambios geopolíticos
La urgencia por asegurar el suministro de petróleo y otras materias primas clave ha provocado un resurgimiento del proteccionismo en la región:
- China ha restringido las exportaciones de fertilizantes
- Indonesia anunció la imposición de un impuesto a la exportación de carbón y níquel
- Vietnam prioriza las refinerías nacionales para la producción de crudo
Estas medidas pueden resultar contraproducentes, según estudios del Banco Mundial sobre crisis alimentarias anteriores que demostraron que gran parte del aumento de precios mundiales se debió precisamente a barreras comerciales similares.
La crisis energética está incluso alterando los cálculos geopolíticos tradicionales, con Filipinas mostrando disposición a colaborar con China en la exploración de petróleo y gas en una zona en disputa del Mar de China Meridional, algo impensable en circunstancias normales.
Cambios en los patrones de suministro y costos
Algunos países están recurriendo a proveedores que antes habían rechazado. Las refinerías indias han comprado aproximadamente 60 millones de barriles de petróleo ruso para entrega el próximo mes, después de haber reducido drásticamente sus compras a principios de este año debido a presiones estadounidenses.
El escaso petróleo que los países logren obtener tendrá un costo mucho mayor del esperado. Mientras Nueva Delhi compró petróleo con descuento tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, los cargamentos recientes se adquirieron con primas de entre US$5 y US$15 por barril con respecto al precio del Brent.
Indonesia, que había asumido un precio de referencia del petróleo crudo de US$70 por barril para este año, anunció que buscaría ahorrar hasta US$7.000 millones para compensar su creciente gasto en subsidios a los combustibles. Tailandia eliminó su límite de precio para el diésel, tras gastar US$32 millones diarios para mantener los costos artificialmente bajos.
Preparación para lo peor: lecciones de la pandemia
El primer ministro indio Modi afirmó que su país necesita prepararse para la situación actual de la misma manera que lo hizo durante la pandemia de coronavirus. Esta crisis anterior podría servir de modelo en caso de una grave escasez energética.
"Se suspendió el pago de la deuda, se flexibilizaron las normas fiscales y se imprimió dinero; esto proporciona un plan de acción para un escenario así", afirmó Barclays Plc en un informe reciente. Aunque una escasez grave no es su escenario base, advirtieron que el impacto en la actividad económica sería "abrumador" si se materializara.
Según la gravedad de la situación, los gobiernos de los países emergentes de Asia podrían adoptar medidas similares a las de la pandemia e incluso imponer restricciones a la actividad económica comparables a las de un confinamiento total. "Por ejemplo, se podría pedir a la gente que se quede en casa y cerrar sectores enteros de la economía", escribieron los economistas de Barclays.
Peter Mumford, director para el Sudeste Asiático de la consultora de riesgos Eurasia Group, resume la situación: "La región está enormemente expuesta a conflictos prolongados y a la crisis mundial de los precios de la energía. Crece la preocupación por los efectos económicos de segundo y tercer orden, como la cancelación de vuelos, la inactividad de los buques pesqueros y el impacto en el turismo".



