La posibilidad de un nuevo fenómeno de El Niño con características más severas vuelve a poner bajo presión al sistema eléctrico colombiano. El crecimiento acelerado de la demanda de energía, los retrasos en nuevos proyectos de generación, la menor disponibilidad de gas y las dificultades financieras de algunos agentes del sector han elevado las alertas sobre la capacidad del país para enfrentar un escenario climático extremo.
En conversación con Portafolio, Mateo Porras, gerente general de Julia RD, explica por qué la respuesta de la demanda empieza a consolidarse como una herramienta estratégica para la confiabilidad energética. El directivo detalla cómo las empresas pueden reducir consumo en momentos críticos, recibir ingresos por esa flexibilidad y convertirse en actores activos dentro del mercado eléctrico. Además, advierte que Colombia todavía enfrenta retos regulatorios y operativos para responder a un eventual “Súper Niño”.
Preparación del sistema eléctrico ante un posible 'Súper Niño'
Colombia enfrenta un contexto energético más retador que el de años anteriores. En 2026, la demanda de energía ha crecido por encima de lo esperado: solo entre marzo y abril aumentó 6% frente al mismo periodo de 2025, un ritmo que duplica las proyecciones iniciales. A esto se suman retrasos relevantes en la entrada de nuevos proyectos de generación, donde la tasa de éxito ha sido menor al 30% en los últimos cinco años, además de una menor disponibilidad de gas y un entorno internacional que ha encarecido los combustibles.
En ese escenario, más que afirmar que el país está preparado, puede decirse que se está preparando. Desde la oferta, los generadores térmicos avanzan en el aseguramiento de combustibles, aunque persisten retos importantes. Uno de ellos es la deuda de Air-e con el sector eléctrico, que dificulta que las plantas térmicas puedan asegurar oportunamente la compra de recursos para la generación.
Por otra parte, el sistema hidráulico enfrenta el desafío de llegar al cierre del año con niveles adecuados de reservas en los embalses, cercanos al 80%, según datos de XM. Sin embargo, para enfrentar un eventual “Súper Niño” no basta con depender exclusivamente de la oferta o de campañas de ahorro energético. Lo que realmente se necesita es una solución más estructural, que permita una participación mucho más activa de la demanda. Esto implica que grandes y medianos consumidores puedan convertirse en un recurso real para la confiabilidad del sistema, reduciendo consumo en momentos críticos y ayudando a gestionar de mejor manera el abastecimiento eléctrico del país.
Sectores económicos que participan en programas de Respuesta de la Demanda
Actualmente, los programas de respuesta de la demanda ya cuentan con la participación de una parte importante del aparato productivo colombiano. Entre los sectores con mayor actividad se encuentran manufactura, comercio, hotelería, alimentos, cemento, hidrocarburos, plástico, textil y retail. Esto demuestra que la respuesta de la demanda dejó de ser una herramienta marginal y se está convirtiendo en un mecanismo cada vez más relevante dentro de la operación del mercado eléctrico. Lo importante es que permite que las empresas pasen de ser consumidores pasivos a jugadores activos, con capacidad de apoyar al sistema en momentos de mayor estrés operativo.
Incentivos para empresas que reducen su consumo energético
La forma más simple de entenderlo es que las empresas reciben una remuneración por reducir consumo. Así como actualmente pagan en su factura por cada kilovatio que consumen, estos programas les permiten recibir un pago por cada kilovatio que dejan de consumir cuando el sistema necesita esa flexibilidad. Esa remuneración varía según las condiciones del mercado y el nivel de urgencia del sistema. En escenarios de mayor estrechez energética, el valor de esa reducción puede aumentar de manera importante. En la práctica, esto permite que las empresas no solo reduzcan su costo energético, sino que además generen nuevos ingresos operacionales. Esos recursos pueden utilizarse para cubrir costos logísticos, compensar ajustes operativos internos o incluso respaldar el uso de autogeneración. Por ejemplo, cuando una compañía enciende su planta de emergencia para disminuir el consumo desde la red eléctrica.
Verificación de reducciones de consumo por parte de Julia RD
En Julia RD contamos con un centro de gestión de medida que permite acceder en tiempo real a la información de consumo de nuestros clientes. Esto nos da la capacidad de monitorear el cumplimiento de las reducciones, calcular beneficios hora a hora y acompañar a cada usuario durante toda la operación. Este punto es fundamental porque la respuesta de la demanda no funciona únicamente con una instrucción general de “consumir menos”. Requiere seguimiento técnico, trazabilidad y acompañamiento permanente para garantizar que la reducción comprometida realmente se ejecute y tenga impacto sobre el sistema eléctrico. Para lograrlo de manera masiva, hemos desarrollado herramientas de analítica, machine learning y redes neuronales que permiten monitorear 300 puntos de consumo en simultáneo, con diferentes condiciones operativas y ubicados en distintas regiones del país.
Diferencias entre El Niño tradicional y un posible 'Súper Niño'
La principal diferencia está en la intensidad del fenómeno y en su impacto sobre la seguridad energética. Mientras un evento de El Niño tradicional se asocia con aumentos de temperatura del océano superiores a 0,5 grados Celsius durante varios trimestres móviles, un “Súper Niño” implica aumentos de cuatro veces ese valor, es decir, por encima de los 2 grados Celsius, lo que supone una alteración climática mucho más severa. Para el sistema eléctrico, esto significa una reducción más fuerte en los aportes hídricos, mayores caídas en los niveles de los embalses y una recuperación más lenta de esas reservas. En un país como Colombia, donde la generación hidráulica representa cerca del 70% de la matriz eléctrica, esa diferencia es crítica. Además, un “Súper Niño” sería especialmente desafiante porque llegaría en un momento en que el sistema ya enfrenta presiones adicionales: una demanda creciendo por encima de lo previsto, retrasos en nueva oferta de generación, menor disponibilidad de gas y dificultades financieras en algunos agentes del mercado. Por eso, no se trataría simplemente de un Niño más fuerte, sino de una prueba mucho más exigente para la resiliencia energética del país.
Barreras regulatorias para la Respuesta de la Demanda en Colombia
Hoy la principal barrera es regulatoria. Colombia está cerca de dar un paso muy importante con la consolidación de un programa permanente de respuesta de la demanda, pero todavía está pendiente la publicación de la regulación definitiva por parte de la CREG. Ese punto es fundamental porque permitiría que los usuarios puedan ofertar reducciones de consumo de manera más estable y predecible dentro del mercado, particularmente en la bolsa de energía. Esto cambiaría estructuralmente el papel de la demanda, que dejaría de verse únicamente como consumo para convertirse también en una herramienta de flexibilidad y confiabilidad. En un contexto de mayor estrés operativo para el sistema, esa regulación no es un detalle menor. Puede marcar un antes y un después en la capacidad del país para responder a contingencias climáticas y energéticas.
Crecimiento esperado de la Respuesta de la Demanda en los próximos cinco años
La participación actual es de aproximadamente el 50% de las fronteras no reguladas del mercado, lo cual demuestra que este mecanismo ha ganado terreno entre empresas e instituciones con consumos relevantes de energía durante los últimos años. Nuestra expectativa es que, en un horizonte de cinco años, entre el 70% y el 80% de los usuarios no regulados participe en algún tipo de programa de respuesta de la demanda, ya sea asociado al mercado de energía o a esquemas vinculados con confiabilidad. Ese crecimiento tiene una base clara: estos programas permiten a las empresas ahorrar en sus costos de energía y, al mismo tiempo, generar ingresos operacionales adicionales. Cuando un mecanismo ofrece eficiencia, flexibilidad y retorno económico, su adopción tiende a acelerarse. Por eso creemos que la respuesta de la demanda está llamada a convertirse en una herramienta cada vez más extendida dentro del sector productivo colombiano.



