En medio de la creciente preocupación por el abastecimiento energético en Colombia ante un eventual fenómeno de El Niño, el Gas Licuado de Petróleo (GLP) se perfila como un actor relevante, pero con limitaciones evidentes. Alejandro Martínez, presidente de Gasnova, advierte que el país no está preparado para utilizar este combustible como respaldo en la generación eléctrica, y subraya la necesidad urgente de señales regulatorias que permitan expandir la capacidad del sector en los próximos años.
Entrevista con Alejandro Martínez
En diálogo con Portafolio, Martínez analiza el creciente papel del GLP, critica la falta de claridad sobre las importaciones desde Venezuela, y expone los retos que enfrenta el sector, así como las decisiones que considera necesarias para garantizar el abastecimiento energético y una transición ordenada.
Momento actual del GLP en Colombia
El sector del GLP atraviesa una nueva etapa, al tener que cubrir parte del déficit generado por los problemas de abastecimiento de gas natural. Desde 2017, las distribuidoras se prepararon para una disminución de la oferta nacional tras el anuncio de Ecopetrol sobre la declinación de campos como Cupiagua y Cusiana. Esto impulsó inversiones en infraestructura portuaria para importar producto y reemplazar la oferta local decreciente.
Sin embargo, la caída en la oferta de gas natural ha obligado a recurrir a importaciones más costosas, lo que ha devuelto competitividad al GLP, que además ofrece seguridad en el suministro. Como resultado, la demanda industrial y comercial creció cerca del 16% el año pasado, y en febrero de este año el aumento fue del 18% frente al mismo mes de 2025.
¿Preparados para El Niño?
Martínez es claro: la oferta e infraestructura actual de GLP no son suficientes para atender una emergencia de generación eléctrica térmica durante El Niño. Una sola planta de generación podría consumir hasta un tercio del mercado total de GLP en Colombia. Por ahora, esa demanda deberá cubrirse con diésel, carbón u otras fuentes. El sector está dispuesto a invertir, pero necesita señales claras de política pública.
Subsidios y retrasos
El año pasado, los retrasos en el pago de subsidios por parte del Ministerio de Hacienda afectaron a los estratos 1 y 2 en seis departamentos. Algunas empresas consideraron suspender el servicio. Hoy los retrasos se han reducido a dos o tres meses en cilindros, pero la situación sigue siendo delicada.
¿Plan B en la transición energética?
Martínez critica la falta de un plan alternativo. El Gobierno ha impulsado una transición acelerada sin que los proyectos de renovables entren al ritmo necesario. Prohibir el fracking obliga a importar gas más caro, y el país asume costos elevados pese a su baja participación en emisiones globales. El GLP, como combustible limpio, debería tener un rol prioritario.
Importaciones desde Venezuela
No hay claridad sobre el esquema de importaciones de GLP desde Venezuela. Se desconoce quién importó, en qué cantidades, a qué precios y bajo qué condiciones regulatorias. Tampoco se sabe si se cumplen las restricciones de la OFAC. Martínez ve con buenos ojos estas importaciones, siempre que sean transparentes y ordenadas.
Peticiones al próximo Gobierno
El sector pide una política clara de transición que reconozca al GLP, incentivos para ampliar capacidad de importación y mejorar infraestructura, ampliar la cobertura de subsidios, y señales claras sobre la demanda futura. Se requiere orden, claridad y confianza para garantizar el abastecimiento energético del país.



