Banco de la República endurece política monetaria con alza de tasas histórica
La decisión del Banco de la República de elevar la tasa de intervención en 100 puntos básicos, hasta alcanzar el 10,25%, generó sorpresa en los mercados financieros colombianos. Aunque las expectativas apuntaban a incrementos más moderados de 50 o 75 puntos, el debate actual se centra en la necesidad de esta medida para corregir los desequilibrios económicos existentes, más que en su potencial efecto recesivo.
Corrección de excesos, no freno al crecimiento
Para Camilo Pérez, director de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá, interpretar el aumento de tasas como un freno a la economía constituye un error conceptual. "El Banco de la República no es un agente económico maligno que quiere que el crecimiento se colapse", explicó Pérez. "Su función es suavizar el ciclo económico y evitar episodios de volatilidad extrema que terminan siendo más costosos".
Según el analista, la lógica detrás de este enfoque monetario es preferir trayectorias de crecimiento más estables frente a ciclos abruptos. "Es mejor crecer de manera sostenida alrededor de un rango razonable que alternar años de expansión acelerada con caídas profundas", agregó Pérez, quien considera que el aumento de tasas aparece como una herramienta para moderar excesos, no como un castigo al dinamismo económico.
Consumo desbordado e inflación persistente
Alejandro Reyes, economista principal de BBVA Research para Colombia, recuerda que el BanRep utiliza la tasa de interés para llevar la inflación hacia su meta del 3% y mantener el crecimiento en torno a su potencial. El problema, según Reyes, es que el crecimiento reciente se ha apoyado excesivamente en el consumo.
"Se ha acelerado a partir especialmente del consumo, lo que genera una desviación no sostenible de su senda de largo plazo", advirtió el economista. A esto se suma que Colombia acumula cinco años de incumplimiento de la meta inflacionaria, con estimaciones que sugieren que este periodo podría extenderse.
El deterioro reciente de las expectativas de inflación constituye un factor adicional que, en la lógica de la política monetaria, obliga a actuar con mayor contundencia para evitar que el problema se enquiste. Reyes anticipa que el impacto sobre el PIB será gradual, con un crecimiento cercano al 2,8% este año, aunque con un ligero sesgo bajista.
Múltiples factores inflacionarios
Henry Amorocho, profesor de la Universidad del Rosario, reconoce que la tasa de intervención es un instrumento constitucional para proteger el poder adquisitivo de la moneda, pero recuerda que la inflación reciente responde a múltiples factores:
- Fuerte aumento del gasto público
- Impacto climático sobre los alimentos
- Auge de las exportaciones cafeteras
- Récord en remesas recibidas
- Salario mínimo que subió por encima de la inflación y la productividad
En su análisis, el alza de tasas actúa como un correctivo frente a un exceso de demanda alimentado por diversas fuentes. Amorocho estima que la economía podría cerrar con un crecimiento entre 2,8% y 2,9%, impulsada todavía por el consumo, pero con una inversión que seguiría rezagada un buen tiempo.
Riesgos para la inversión productiva
Mientras el consumo mantiene el pulso de la economía, la inversión productiva aparece como el eslabón más vulnerable al endurecimiento monetario. Amorocho advierte que "un aumento excesivo de tasas podría convertirse en un freno significativo para el crecimiento, sobre todo en los primeros meses, al desincentivar nuevos proyectos productivos".
Mauricio Serna, socio de banca de inversión de Russell Bedford, interpreta la decisión del Emisor como un giro disciplinario necesario. "Subir tasas es poner resistencia al motor de crecimiento, pero también puede ser la diferencia entre desaceleración controlada y una inflación persistente que termine siendo más dañina", acotó.
Serna destaca que el problema no es una economía débil por falta de demanda, sino un entorno de presiones inflacionarias que amerita un freno preventivo. En su escenario base, la tasa de política podría ubicarse entre 10,8% y 11,8% hacia finales de 2026, con un crecimiento del PIB en un rango de 2,3% a 3,1%.
Impacto diferenciado y gradual
Sofía Rodríguez, docente de Finanzas de la Universidad de San Buenaventura, sostiene que la inflación cerró 2025 en 5,1%, muy por encima del rango meta del Emisor, con una inflación núcleo cercana al 5%. Para ella, el alza de tasas responde a la urgencia de evitar que las expectativas de precios se sigan ajustando al alza.
Rodríguez advierte que las tasas más altas encarecen el crédito de consumo y empresarial, afectando sectores sensibles como vivienda y comercio, y moderando la demanda interna. Aun así, coincide en que se trata de un "mal necesario para preservar la estabilidad de precios". En sus proyecciones, el crecimiento del PIB en 2026 se ubicaría entre 2,5% y 2,8%, reflejando un ritmo menor, pero todavía positivo.
Consenso analítico: moderación con estabilidad
El consenso entre los analistas es que el impacto del ajuste monetario no será inmediato ni uniforme. Los efectos de la tasa se transmiten con rezagos, por lo que no se espera una contracción del crecimiento en el corto plazo. El avance económico se mantendría durante el primer semestre, aunque la incertidumbre electoral podría introducir cierta contención.
A medida que avance el año, y que la política monetaria se filtre a las decisiones de hogares y empresas, el crecimiento podría moderarse. Pero incluso en ese escenario, el riesgo mayor no es el enfriamiento en sí, sino permitir que la inflación se descontrole, ya que esto no solo reduce el poder adquisitivo, sino que profundiza las desigualdades, afectando el bienestar general.
El reto no es simplemente crecer más rápido, sino crecer mejor. Las tasas al alza ponen a prueba la capacidad del país de fortalecer la inversión productiva, mejorar la productividad y coordinar la política monetaria con una política fiscal más prudente. De esa coordinación dependerá que 2026 sea un año de "enfriamiento inteligente" y no el inicio de una corrección más dolorosa.