Los errores persistentes en las predicciones fiscales
Los marcos fiscales de mediano plazo continúan equivocándose de manera sistemática en sus proyecciones. A pesar de los fallos recurrentes, las instituciones económicas insisten en aplicar la misma metodología, generando desconfianza en la planificación pública.
Proyecciones que no se cumplen
Las fallas en las estimaciones son evidentes y protuberantes. Por ejemplo, en el marco fiscal del año pasado se pronosticó que el dólar estaría hoy en $4.408, pero su valor actual ronda los $3.707. De igual forma, se proyectó un precio del barril de petróleo de US$62,3, mientras que hoy se ubica alrededor de los US$100.
Algunos argumentan a favor de estos marcos que la situación actual es excepcional, con una combinación única de factores como las políticas de Trump, las acciones de Putin, el conflicto en Gaza con Netanyahu y Zelensky, y decisiones locales como las de Petro. Sin embargo, esta apreciación olvida que los errores de estimación no son nuevos, sino reiterados a lo largo del tiempo.
La incertidumbre del futuro
La razón fundamental de estos fallos es muy sencilla: el futuro es incierto. A pesar de esta imposibilidad de predecir con exactitud, los economistas siguen realizando ejercicios de adivinación, lo que tiene dos consecuencias nefastas para la política pública.
Primera consecuencia: la pretensión del conocimiento
La primera es la insistencia en aplicar métodos de estimación calcados de las ciencias físicas, lo que se conoce como la "pretensión del conocimiento" en las ciencias sociales. Esta mirada fue rechazada de manera enfática por el economista Friedrich Hayek, quien advirtió que las ciencias sociales no pueden caer en esa trampa. Llevada al extremo, esta pretensión termina en la ingenuidad de intentar prefigurar el futuro, un modo de proceder que, según Hayek, es el germen del totalitarismo.
En lugar de continuar soñando con predicciones basadas en la probabilidad de "caso", la prospectiva debería estar anclada en la probabilidad de "clase". No se puede pretender adivinar el precio exacto del dólar o del petróleo, ya que esta probabilidad de caso no es el camino adecuado para hacer planeación. La alternativa es la probabilidad de clase, que implica una mirada diferente.
Un buen ejemplo ilustrativo: la probabilidad de caso sería tratar de planear sobre la afirmación "el joven Pablo se accidentará mañana en su moto". En cambio, la probabilidad de clase sería "los jóvenes se accidentan y por ello hay que obligarlos a tener el Soat". Este último es el camino adecuado para planear, ya que se basa en tendencias generales en lugar de eventos específicos.
Segunda consecuencia: la influencia en políticas públicas
El segundo elemento problemático es la exagerada importancia que se le otorga a un ejercicio metodológico tan débil en las decisiones de política pública. Sobre principios tan frágiles no se pueden fundar decisiones trascendentales de gasto e inversión. El marco y la regla fiscal se han convertido en ejercicios inútiles de adivinación en un mundo inherentemente incierto.
En lugar de reglas rígidas, es necesario rescatar la discreción en el mejor sentido keynesiano. No se puede continuar asociando la discreción con la irresponsabilidad fiscal. El buen manejo de las finanzas públicas no debería depender de ejercicios de brujería económica, ni se pueden fijar reglas a partir de predicciones imposibles.
La ilusión de conocer el futuro
Los seres humanos tenemos la ilusión de conocer el futuro. A lo largo de la historia, siempre han existido sacerdotes del oráculo que pretendían predecir lo venidero. En la sociedad actual, esta función mágica se le ha atribuido a los economistas, quienes la aceptan sin cuestionarla suficientemente.
Quizás hechos tan dolorosos y complejos como los conflictos en Gaza, Ucrania e Irán tengan la contundencia suficiente para llevarnos a afirmar con humildad: "no sabemos". Reconocer esta limitación podría ser el primer paso hacia metodologías más realistas y efectivas en la planificación económica.
Hacia un cambio de enfoque
El método en ciencias sociales tiene que cambiar urgentemente. Es necesario abandonar la tarea de brujos y dejar atrás los procedimientos de la mecánica clásica que no se adaptan a la realidad social. Como nunca se sabe cuál será el precio exacto del petróleo, se deben crear condiciones favorables para avanzar en la transición energética. Y, en vez de esforzarse por imaginar la tasa de cambio en los años próximos, el criterio de política debe ser estimular las exportaciones de manera sostenible.
La planificación fiscal necesita basarse en probabilidades de clase que consideren escenarios amplios, en lugar de predicciones específicas que inevitablemente fallan. Solo así se podrán tomar decisiones más acertadas en un mundo cada vez más impredecible.
