La bomba de tiempo ambiental y social por la fiebre del oro ilegal en Tolima
Fiebre del oro ilegal en Tolima: crisis ambiental y social

La fiebre del oro ilegal que está devastando el Tolima

En las riberas del río Saldaña, en la zona rural de Ataco al sur del Tolima, se ha instalado en los últimos diez meses un corredor de vehículos pesados que ha transformado radicalmente la dinámica de la región. Por la única vía pavimentada del sector ingresan decenas de máquinas amarillas provenientes de diversos puntos del país, marcando el inicio de una explotación aurífera ilegal a gran escala.

La transformación de un territorio

Con la maquinaria llegaron grupos de pobladores foráneos, principalmente del Bajo Cauca antioqueño, que iniciaron labores de extracción ilegal de oro a lo largo del cauce del río. Habitantes locales se vincularon a la actividad buscando ingresos, mientras el río Saldaña –del que dependen comunidades de al menos diez municipios– comenzó a registrar graves afectaciones por la intervención constante.

El panorama desde el aire es impactante: retroexcavadoras azules, rojas y amarillas se observan a lo largo de 15 kilómetros del afluente, junto a campamentos que pueden albergar hasta 200 personas. El mercurio utilizado para separar el oro de las piedras es vertido directamente en el río, creando cráteres que parecen espejos de agua pero que en realidad son pozos contaminados.

Una emergencia ambiental sin precedentes

"De esa agua se alimentan las vacas. Con esa agua se riegan las plantaciones. Algunas personas pescan", relató un poblador que pidió reserva de su identidad por razones de seguridad. La situación es particularmente alarmante considerando que Tolima era, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), el departamento con mayor porcentaje de zonas extractivas con permisos técnicos y ambientales (más del 92%) en 2022.

Sin embargo, la realidad actual dista mucho de ese escenario regulado. La Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima) registra solo cuatro concesiones debidamente legalizadas, pero desde el aire se observan decenas de puntos de extracción activos. Una emergencia para un departamento que en 2022 registraba apenas 28 hectáreas de minería de oro.

Las dificultades para el control

El general Carlos Ernesto Marmolejo, comandante de la Quinta División del Ejército, explicó que las autoridades han intentado frenar el ingreso de maquinaria, pero los conductores presentan documentación legal que indica destinos como "proyectos piscícolas" o "adecuaciones de terreno". Además, la ley exige que la maquinaria sea sorprendida en flagrancia durante actividades de minería ilegal para proceder a su incautación y destrucción.

"Cuando el Ejército llega, buena parte de los mineros ya se ha retirado. Y así ocurre día tras día", reconoció el oficial. En informes de Cortolima se advierte que en operativos recientes "no ha sido posible realizar el decomiso de la maquinaria debido a que personal de la zona ha generado amenazas de quemar elementos y atentar contra la integridad de las personas".

El ecosistema criminal detrás del oro

Para Diego Quintero, coordinador de crimen organizado de la UNODC, la minería ilegal no opera de forma aislada: "Genera un entorno de economías ilícitas. Donde hay minería ilícita aparecen el contrabando de maquinaria e insumos, la corrupción de funcionarios, trata de personas con fines de explotación sexual y laboral, incremento del consumo de alcohol y drogas, y cuando el control lo ejerce un actor armado paralelo al Estado, la violencia se convierte en regulador".

El interés del jefe disidente conocido como Néstor Gregorio Vera, alias Iván Mordisco –el enemigo número uno de Colombia con una recompensa de 5.000 millones de pesos– por esta zona minera ha sido confirmado por las autoridades. En la región opera Jhan Carlos Rodríguez Masmela, alias Chapolo, declarado objetivo de alto valor regional con una recompensa de 200 millones de pesos.

La transformación social de Ataco

Ataco se ha convertido, según testimonios locales, en "un pueblo sin Dios ni ley". La fiebre del oro modificó la dinámica económica: jóvenes abandonaron la agricultura y la ganadería para dedicarse a remover tierra tras el paso de la maquinaria pesada. El flujo de dinero en efectivo incrementó la apertura de negocios asociados a la actividad.

"La gente que es de la región trabaja como medio de subsistencia. Se van con su batea. Lo que sacan lo venden y con eso cubren sus necesidades. Pero llegó mucha gente de otros departamentos, la mayoría de Antioquia", relató un habitante. Según la Gobernación del Tolima, 3.500 personas llegaron a socavar la tierra en Ataco.

La presencia de grupos armados

"El pueblo está cundido de guerrilla", afirma uno de los ataquenses entrevistados. Los miembros de las disidencias no usan uniforme, sino que se visten como cualquier poblador, pero sus comportamientos los delatan: andan en grupo, frecuentan locales comerciales y patrullan el casco urbano en motos.

El sur del Tolima está bajo influencia del bloque central 'Isaías Pardo', de las disidencias lideradas por alias Iván Mordisco. Según el general Marmolejo, estas estructuras no participan directamente en la explotación ilícita del oro, pero sí sus redes de apoyo más cercanas.

"Lo que quiere hacer el bloque 'Isaías Pardo' es tratar de escalonarse en ese sector para poder retomar eso que hace unos 20 años era tan valioso para las Farc: el corredor de movilidad para el desarrollo de economías ilícitas", explicó el oficial.

La crisis social derivada

La Gobernación del Tolima identifica graves afectaciones sociales:

  • Vinculación de niños, niñas y adolescentes en labores de extracción
  • Incremento de enfermedades de transmisión sexual
  • Aumento de casos de fiebre amarilla (Ataco registró 27 casos y 10 muertes en enero)
  • Normalización del fenómeno minero ilegal
  • Confrontaciones entre comunidades y autoridades

"El oro es como una maldición", concluye uno de los pobladores consultados. Todas las dinámicas sociales cambiaron tras la llegada de la maquinaria. El mercado campesino subió de precio, las economías lícitas perdieron fuerza, y Ataco se volcó al negocio de la minería y actividades conexas.

Las disidencias de Iván Mordisco toman su tajada del pastel aurífero, mientras el río Saldaña –cementerio de inocentes durante el conflicto armado– es escarbado a alta potencia de orilla en orilla, en un furor aurífero nunca visto que amenaza con detonar una bomba de tiempo ambiental y social en el corazón del Tolima.