Chevron adquiere propiedad en Texas tras disputa legal por contaminación de 'pozos zombies'
La corporación petrolera estadounidense Chevron Corp. ha adquirido el rancho Antina en el oeste de Texas, propiedad de Ashley Watt, quien había estado librando una batalla legal contra el gigante energético por derrames negligentes de agua tóxica y petróleo crudo en sus 22.000 acres de tierra.
Detalles de la transacción y antecedentes legales
La venta fue registrada oficialmente el 3 de febrero ante la Secretaría del Condado de Crane, según documentos públicos. El comprador aparece como Crane Property Holdings, entidad que comparte la misma dirección que las oficinas principales de Chevron en San Ramón, California. Como es habitual según la legislación texana, no se reveló el monto de la transacción.
Chevron y Watt llegaron a un acuerdo confidencial en diciembre de 2025, apenas un mes antes de que el caso fuera programado para juicio. Tanto un portavoz de la petrolera como Daniel Charest, abogado de la propietaria, confirmaron que la disputa se resolvió mediante un acuerdo mutuamente aceptado, aunque se negaron a comentar sobre los términos específicos.
Origen de la contaminación y descubrimiento
La controversia legal se remonta a 2021, cuando Watt y su abogada Sarah Stogner descubrieron filtraciones de petróleo provenientes de un antiguo pozo que supuestamente había sido sellado con cemento décadas atrás. Tras investigaciones, rastrearon la propiedad del pozo hasta Gulf Oil, empresa predecesora de Chevron, y posteriormente identificaron múltiples pozos con fugas en la propiedad.
La contaminación obligó a Watt a retirar todo su ganado del rancho y puso en grave riesgo el suministro de agua del lugar. Esta situación no fue aislada, ya que varias propiedades alrededor de la Cuenca Pérmica, el campo petrolero más grande de Estados Unidos, comenzaron a experimentar problemas similares.
El fenómeno de los 'pozos zombies'
Stogner acuñó el término "pozos zombies" para describir estos fenómenos, algunos de los cuales llegaron a expulsar géiseres de agua tóxica hasta 100 pies en el aire durante semanas. El tema ganó notoriedad en redes sociales y atrajo atención pública significativa.
Expertos determinaron que la causa principal era la inyección excesiva de aguas residuales del fracking bajo el suelo, lo que generaba presión subterránea que posteriormente hacía erupción a través de viejas carcasas de pozos y llegaba a la superficie.
Respuesta de Chevron y controversia continua
Chevron reconectó varios pozos en el rancho Antina e intentó remediar otros, pero Watt y Stogner acusaron a la compañía de tomar atajos y no abordar el problema fundamental de la presión del agua subterránea. La petrolera negó estas afirmaciones, argumentando que no había evidencia de una explosión en todo el campo y acusando a Watt de restringir el acceso a sus trabajadores.
El portavoz de Chevron añadió que la compañía continuará cumpliendo con sus obligaciones bajo la ley de Texas y trabajará con reguladores para remediar cualquier pozo según sea necesario.
Contexto industrial más amplio
Actualmente existe consenso sobre que las compañías petroleras en la Cuenca Pérmica están inyectando demasiada agua subterránea en ciertas áreas. La industria está explorando métodos alternativos de eliminación tras reconocer el problema.
Una investigación de Bloomberg News reveló el año pasado que el regulador estatal autorizó a operadores a cambiar su eliminación de aguas residuales de áreas geológicas profundas -donde causaban terremotos- a zonas más superficiales, a pesar de conocer el riesgo para pozos antiguos.
Alcance de la venta
La transacción de venta del rancho de Watt a Chevron incluye todos los derechos sobre el agua de la propiedad, según registros públicos. La documentación especifica que cubre "cualquier otra agua de todas y cada una de las profundidades y embalses, así como todas las profundidades y horizontes debajo de la superficie de la tierra".
Este caso representa un ejemplo significativo de los desafíos ambientales y legales que enfrenta la industria petrolera en regiones con infraestructura envejecida, particularmente en el contexto de las operaciones de fracking y la gestión de aguas residuales.