Los precios del petróleo continuaron su tendencia a la baja este miércoles, alcanzando niveles no vistos desde el inicio de la guerra en Medio Oriente, impulsados por la reanudación progresiva del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. El barril de Brent del mar del Norte, referencia internacional, para entrega en agosto perdió un 4,33% y cerró en US$73,74, marcando la primera vez que cae por debajo de los US$75 desde el estallido del conflicto. Esta caída refleja el alivio que el mercado energético comienza a descontar ante la normalización parcial del paso marítimo.
Caída del WTI y contexto del mercado
La referencia estadounidense, el West Texas Intermediate (WTI), también para entrega en agosto, cedió un 3,92% y terminó en US$70,34 por barril. Esta caída prolonga el retroceso del crudo después de semanas marcadas por temores de interrupciones en el suministro, primas de riesgo elevadas y presión sobre los precios internacionales de la energía. El movimiento responde al aumento del tránsito por Ormuz, que durante la guerra estuvo bajo fuertes restricciones y se convirtió en uno de los principales focos de tensión para los mercados.
“La actual caída es provocada por un marcado aumento en el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz”, dijo en una nota David Morrison, analista de Trade Nation.
Ormuz vuelve al centro del mercado energético
El estrecho de Ormuz es una vía estratégica para la salida de hidrocarburos desde el Golfo. Por cualquier señal de bloqueo, restricción o riesgo militar en la zona suele trasladarse de inmediato al precio del petróleo. Durante el conflicto, el temor a una interrupción prolongada del tránsito marítimo elevó las cotizaciones y añadió presión inflacionaria sobre varias economías. Ahora, el mercado comienza a moverse en la dirección contraria. La reapertura progresiva del paso reduce el temor a una escasez inmediata y permite que parte de la prima de riesgo incorporada en los precios empiece a desmontarse. Ese ajuste se reflejó en la caída simultánea del Brent y del WTI.
El miércoles, hacia las 15H30 GMT, la plataforma de seguimiento marítimo Kpler reportó 17 cruces de buques de transporte de materias primas por el estrecho, frente a 25 registrados el día anterior. Aunque la cifra muestra variaciones en el flujo diario, confirma que el tránsito marítimo se está reactivando de forma gradual. El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, mencionó una cifra más alta: en una publicación en X, aseguró que 72 barcos habían cruzado el estrecho en las últimas 24 horas. La diferencia entre los registros muestra que el mercado sigue atento a cada dato operativo sobre el tráfico en la zona, en una etapa en la que la normalización todavía no se considera completa.
Riesgos persistentes y costos de seguridad
Analistas de Oxford Economics advirtieron que “el tráfico a través del estrecho continúa siendo más caro y peligroso que antes de la guerra por la potencial presencia de minas, lo que impulsa al alza las primas de seguridad”. Ese punto introduce un matiz importante: aunque los precios del petróleo bajan por la mayor circulación de buques, las condiciones de navegación no han vuelto plenamente a la normalidad. Los costos de seguridad, seguros marítimos, protocolos de protección y riesgos operativos siguen pesando sobre las empresas que transitan por la zona. La posible presencia de minas mantiene un nivel de alerta superior al de antes del conflicto. Para navieras, aseguradoras y compradores de crudo, esa situación puede traducirse en mayores costos logísticos, incluso si el paso marítimo permanece abierto.
La caída del Brent a US$73,74 y del WTI a US$70,34 refleja una expectativa de mayor disponibilidad de petróleo, pero no necesariamente una desaparición del riesgo geopolítico. El mercado se mueve entre dos fuerzas: por un lado, la reapertura gradual de Ormuz; por otro, la persistencia de amenazas que pueden encarecer o interrumpir nuevamente el tránsito. Para las economías consumidoras de energía, el retroceso del crudo puede ofrecer alivio frente a presiones inflacionarias recientes. Menores precios del petróleo tienden a reducir costos de combustibles, transporte y producción, aunque ese efecto depende de cuánto se mantenga la tendencia y de cómo evolucione la situación en el estrecho. Para los países productores, en cambio, la caída puede significar menores ingresos si se consolida.
Perspectivas del mercado energético
El mercado energético entra así en una fase de ajuste después de semanas en las que la guerra elevó los precios y puso a Ormuz en el centro de la agenda global. Por ahora, el dato clave es que el petróleo volvió a niveles previos al inicio de la guerra. La reapertura progresiva del estrecho alivió el temor de desabastecimiento, pero los riesgos operativos siguen presentes. La normalización de Ormuz avanza, aunque todavía bajo vigilancia de los mercados, las navieras y los gobiernos que dependen de esa ruta para el suministro energético.



