El transporte de carga en Colombia: del diésel a camiones eléctricos
Transporte de carga en Colombia: de diésel a eléctricos

La dinámica del transporte de carga en Colombia está experimentando un cambio estructural significativo. La transformación de las flotas comerciales ha dejado de ser una opción para convertirse en un imperativo económico y regulatorio. Este fenómeno responde a la combinación del alza en los precios de los combustibles fósiles, los incentivos gubernamentales para el transporte limpio y la creciente presión corporativa por reducir la huella de carbono.

Incentivos y normativas vigentes

En el ámbito normativo, Colombia ha establecido un ecosistema que promueve la adopción de vehículos de cero emisiones, conocidos como flotas BEV. Entre los beneficios económicos para las empresas que opten por esta transición se incluyen la reducción del impuesto vehicular a un máximo del 1%, así como descuentos en la revisión técnico-mecánica y en el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito. Estas medidas buscan disminuir el costo total de operación de las compañías logísticas.

Además de los incentivos financieros, existen prerrogativas operativas que impactan la eficiencia de la cadena de suministro. Los vehículos eléctricos cuentan con exención de restricciones de circulación, como el Pico y Placa, y acceso garantizado a parqueaderos preferenciales. Este marco se complementa con el impulso a la infraestructura de carga mediante alianzas público-privadas y metas de electrificación para flotas públicas.

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Tecnología y competitividad

En este escenario de transición energética, la tecnología es clave para mantener la competitividad. Entre las opciones disponibles en el mercado nacional para logística intensiva destaca el modelo JMC CPR EV. Este camión integra una batería de iones de litio ferrofosfato de 81,14 kWh, desarrollada con tecnología CATL. Noel Ardila, Gerente General de JMC en Astara para Colombia, afirma que la transición hacia flotas sostenibles es una realidad que se facilita con vehículos robustos para operaciones intensas.

El vehículo desarrolla una potencia máxima de 120 kW (161 hp) y un torque de 102 kgm, diseñados para responder en las diversas topografías colombianas. Su capacidad operativa incluye una carga en chasis de 4.150 kg y un peso bruto vehicular de 7.420 kg, posicionándolo como una herramienta para la logística de última milla.

Seguridad y monitoreo

La seguridad y la monitorización tecnológica son estándares en estas unidades. El modelo incorpora frenos de disco en las cuatro ruedas con sistemas ABS y EBD. En la cabina, el conductor dispone de una computadora a bordo de 3,5 pulgadas que permite el seguimiento en tiempo real de voltaje y autonomía de la batería.

Viabilidad financiera y garantías

La viabilidad financiera de estos activos se sustenta en su ciclo de vida y políticas de respaldo. La batería está proyectada para alcanzar 6.000 ciclos de carga y descarga completa. Se han establecido dos niveles de cobertura: una garantía general de 3 años o 100.000 kilómetros, y una específica para el motor eléctrico y la batería de 5 años o 200.000 kilómetros. Este esquema asegura la operatividad a largo plazo en un mercado que exige reducción en costos de mantenimiento y consumo energético.

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