La semana pasada, durante la asamblea extraordinaria de Prosantander, se presentó la estrategia Visión Santander 2050, un ejercicio de prospectiva que pretende definir una hoja de ruta de largo plazo para una región que históricamente ha carecido de un proyecto unificado y de continuidad en procesos técnicos, jurídicos y financieros sostenibles. Sin embargo, el verdadero desafío no reside en la elaboración de nuevos diagnósticos, sino en convertirlos en decisiones concretas con una implementación disciplinada.
Prioridades en Bucaramanga
En Bucaramanga, las necesidades más urgentes son evidentes en áreas como seguridad, servicios públicos, cultura ciudadana, vivienda y ordenamiento territorial. No obstante, es en la movilidad donde se concentra un cuello de botella estructural. La recuperación del Sistema de Autobús de Tránsito Rápido (BRT) y la ampliación de la vía que conecta el norte de la ciudad son intervenciones que no admiten demora. Sin ellas, cualquier visión de futuro carece de viabilidad.
Equidad urbana a través de la movilidad
Aunque el Plan de Movilidad contempla más de treinta proyectos, la ampliación de este corredor vial no solo responde a criterios de eficiencia logística. Representa, ante todo, una intervención de equidad urbana. La vía que atraviesa el norte de Bucaramanga opera hoy como una barrera invisible que segmenta la ciudad, restringe la integración territorial y perpetúa condiciones de informalidad y precariedad.
La vía que articula el centro con las comunas 1 y 2 moviliza cerca de 40.000 vehículos diarios, incluyendo tráfico pesado. Diseñada hace más de cuatro décadas, hoy se encuentra desbordada frente a una demanda creciente. Los aproximadamente 60.000 habitantes del norte enfrentan congestión permanente, tiempos de desplazamiento excesivos y limitaciones en el acceso a servicios esenciales. A esto se suman una alta siniestralidad y episodios recurrentes de colapso vial. El resultado es más que un problema de movilidad: es un aislamiento funcional que profundiza las brechas sociales y limita las oportunidades.
Oportunidades económicas y desarrollo urbano
Desde una perspectiva económica, la intervención también habilita oportunidades para otros sectores más allá del transporte. La consolidación de procesos de mejoramiento integral de barrios, la activación de más de ciento cincuenta hectáreas de expansión urbana con potencial de desarrollo y la articulación con iniciativas de renovación urbana, como el proyecto San Rafael, permiten una transformación integral de la ciudad. No se trata simplemente de ampliar una vía, sino de integrar la infraestructura, el desarrollo urbano y la cohesión social.
El reto es pasar de la retórica a la ejecución. La Visión Santander 2050 será relevante si se materializa en intervenciones urbanas que corrijan deudas históricas y configuren nuevas dinámicas de crecimiento. Conectar el norte con el resto de Bucaramanga no es una necesidad técnica; tampoco puede estar condicionada a un trámite burocrático de financiación. Es una decisión estratégica que definirá la competitividad y la equidad de la región en las próximas décadas.



