Café Pasaje: nueve décadas de memoria bogotana
Entre el aroma del café recién preparado y el sonido característico de las cucharas de peltre, el Café Pasaje se mantiene como el último sobreviviente de una época dorada de establecimientos en el centro de Bogotá. Fundado en 1936, este emblemático lugar celebra 90 años de historia siendo testigo privilegiado de la transformación social, política y cultural de la capital colombiana.
Un cliente de seis décadas
Don Arcesio Vélez Garzón, economista pensionado de 78 años, representa la memoria viviente del Pasaje. Desde hace 60 años, este hombre originario de Líbano, Tolima, ha mantenido una rutina imperturbable: degustar su tinto en pocillo de loza, con azúcar al gusto y ese chasquido final de satisfacción que solo los verdaderos conocedores comprenden.
"Cuando llegué a Bogotá para estudiar en la Universidad Nacional, extrañaba el café de mi tierra. En el Pasaje recuperé ese sabor que me acompañaba desde la infancia", recuerda Vélez, quien llegó al establecimiento por primera vez en 1966, cuando apenas tenía 18 años.
Origen y transformación
El nombre del café proviene de un antiguo camino peatonal que conectaba la avenida Jiménez con la calle 14, separando los dos módulos gemelos del edificio Santa Fe. Según la investigación de Alfredo Barón Leal para el libro 'El impúdico brebaje: los cafés de Bogotá. 1866-2015', el Pasaje formaba parte de un callejón recóndito que con el tiempo se transformaría en la actual plazoleta del Rosario.
Álvaro Vásquez, hijo del fundador Jorge Vásquez Vélez y actual propietario junto a su hermano José David, mantiene viva la tradición familiar. "El Pasaje ha visto desaparecer a sus competidores: el Rhin, el Granada, el Sorrento y el Tequendama. Solo nosotros y el Café La Plazuela sobrevivimos", explica con nostalgia.
Testigo de la historia nacional
El Café Pasaje ha sido escenario de momentos cruciales para Colombia:
- El 28 de febrero de 1941 se firmó aquí el acta fundacional del Club Deportivo Independiente Santa Fe
- El 9 de abril de 1948, la mesera Bertha Morales salió corriendo con un vaso de agua para socorrer al agonizante Jorge Eliécer Gaitán
- En los años 60, el presidente Carlos Lleras Restrepo visitaba el lugar sin escoltas para conversar con los parroquianos
Don Arcesio recuerda con especial cariño aquellos días: "Añoro el rugir de las grecas a vapor, los voceadores pregonando noticias, el tecleo de máquinas de escribir y hasta el olor a betún de los lustrabotas".
Plumas ilustres y noches de bohemia
Las mesas del Pasaje han acogido a lo más granado de la intelectualidad bogotana:
- Literatos como Otto Morales Benítez y Germán Arciniegas
- Periodistas de la talla de Alfonso Palacio Rudas
- Poetas como Eduardo Carranza y León de Greiff
- La pionera cronista Emilia Pardo Umaña
El establecimiento también fue punto de encuentro para artistas populares como el torero Pepe Cáceres, cantantes como Rómulo Caicedo, y hasta luchadores profesionales como Bill Martínez, conocido como 'El Tigre Colombiano'.
Desafíos actuales
Álvaro Vásquez reconoce que, tras la pandemia, la realidad ha cambiado drásticamente: "La inseguridad rampante y el abandono del sector han afectado nuestra clientela nocturna. Además, mensualmente debemos enfrentar un arriendo superior a los diez millones de pesos que pagamos a la Universidad del Rosario".
A pesar de los desafíos, el Café Pasaje mantiene sus tradiciones. Don Arcesio sigue levantando con discreción el dedo índice para llamar a las meseras, respetando las normas de urbanidad que aprendió hace décadas. Cada sorbo de su tinto representa un ritual que conecta el pasado con el presente, manteniendo viva una tradición que ya forma parte del patrimonio cultural bogotano.
Mientras el reloj hexagonal del establecimiento continúa marcando el paso del tiempo, el Café Pasaje persiste como refugio de historias, encuentros y memorias que han moldeado la identidad de Bogotá durante nueve décadas ininterrumpidas.



