Una historia personal que refleja el vínculo humano-animal
En febrero de 1978, tras unas vacaciones en Barranquilla, un niño regresaba a Bucaramanga con su hermano en un avión de TAC —Transportes Aéreos del Cesar—. Su abuelo Sixto los había embarcado, y sus padres les habían anunciado por teléfono un misterioso regalo de cumpleaños que aguardaba en casa. La intriga acompañó al pequeño desde el Aeropuerto Ernesto Cortissoz hasta el aterrizaje en Palonegro.
El encuentro que marcó una vida
Al llegar, la nana Lula los recibió junto a un cachorro Pinscher de color café, que movía la cola sin cesar. "Se llama Bobby", dijo el padre, revelando que era un regalo del tío Jorge, pues el perrito era hijo de Lady, la protectora canina de su hermano. Aquel encuentro fue amor a primera vista: Bobby lamía y saltaba alrededor del niño, estableciendo una conexión inmediata.
Con el tiempo, Bobby creció y mostró un carácter rebelde, similar al de su dueño. Se orinaba por toda la casa, mordía al hermano y a los amigos, y solo obedecía al padre y al niño, esquivando a la madre y a Lula cuando intentaban corregirlo con un periódico. Su apariencia de Dóberman miniatura escondía un corazón travieso que desesperaba a la familia.
Pérdida, rescate y un final trágico
Un día, la madre regaló a Bobby sin consentimiento, causando un distanciamiento familiar que llevó al niño a refugiarse en Barranquilla. Al regresar, descubrió el paradero del perro y lo rescató del Parque Romero, donde una familia lo había encontrado y reclamó la recompensa ofrecida con los ahorros de las onces escolares. De vuelta en casa, el niño no se separó de su amigo ni un minuto.
Pasaron años, y durante una estancia en Estados Unidos, la madre anunció la muerte de Bobby, atropellado por un carro. El dolor fue inmenso: el perro que siempre acudía a sus silbidos desde una cuadra de distancia, esperándolo en el garaje, había partido para siempre.
Nuevos compañeros y un juramento roto
En 2005, apareció Kyra, una labradora blanca rescatada de una pareja que la había descuidado, abandonada y desnutrida con solo dos meses y medio. Tras cuidarla, la regalaron al suegro, donde se convirtió en una noble guardiana de los hijos, erizándose como un oso polar ante cualquier amenaza. Su muerte por infarto llevó a la familia a jurar no tener más perros, pero ese juramento se rompió cuando la suegra trajo a Pulgas desde la finca.
Durante la pandemia, llegaron Nala y Canela, dos perritas maltratadas al borde de la muerte, que hoy son "inamovibles" como buenos jugadores de fútbol en el hogar. Esta sucesión de adopciones refleja un compromiso continuo con el bienestar animal.
La Radiotón: Un acto de amor comunitario
Este viernes 27 de marzo, la Alcaldía de Bucaramanga, liderada por Cristian Portilla, en colaboración con el Instituto Municipal de Cultura y Turismo y la emisora Luis Carlos Galán Sarmiento La Cultural, organiza una Radiotón en el Parque San Pío. El objetivo es recolectar cinco toneladas de alimento para perros y gatos en situación de calle, una iniciativa que surge del mismo amor por los "peluditos" que inspiró esta historia personal.
Para el autor, este evento puede ser una oportunidad para revivir la memoria de Bobby, ese amigo canino que extraña cada día. La convocatoria es abierta a todos los ciudadanos, invitándolos a sumarse a esta causa que combate el abandono y promueve la adopción responsable.



